Sobre el cáncer cérvico-uterino

Solo razones para vivir

José A. de la Osa
delaosa@ip.etecsa.cu

Un encuentro regional para analizar los programas de cáncer cérvico-uterino en Centroamérica y el Caribe, abrió sus puertas ayer en el Palacio de las Convenciones, con los auspicios del Programa de Enfermedades no Trasmisibles de la OPS y el de Cuba.

El doctor Manuel Santín, director nacional de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, destacó en el discurso inaugural que este encuentro ampliará las perspectivas de desarrollo en la lucha contra el cáncer y estrechará lazos de colaboración en la región.

Durante el año 2000 se estima que se produjeron en el mundo cerca de medio millón de nuevos casos de cáncer de cuello del útero, de los cuales alrededor de un 80% ocurrieron en países menos desarrollados. Datos de la OPS revelan que en América Latina mueren cada semana 500 mujeres por esta causa.

El doctor Evelio Cabezas, jefe del Programa Nacional de Control de Cáncer Cérvico-Uterino, dijo que Cuba es hoy el país de América Latina que presenta la más baja tasa de mortalidad por esta enfermedad.

Sin embargo, la insatisfacción de las autoridades de salud y de nuestros especialistas radica en que no existen razones para que una sola mujer en nuestro país pueda morir por esta causa.

El cáncer de cuello uterino es prevenible y curable si se diagnostica precozmente, y para ello se desarrolla un Programa de Prevención el cual, como todos los servicios sanitarios que se brindan en Cuba, se ofrece gratuitamente a toda la población.

No hay razón por ello para que el pasado año las no siempre frías estadísticas hayan registrado en nuestro medio el fallecimiento por esta causa de 388 mujeres.

En tema tan esencial es imprescindible poner en primer plano la autorresponsabilidad de la mujer y de su familia, con una cultura sanitaria ganada en el cuidado de nuestra propia salud. Por tanto, siguiendo criterios médicos, lo ideal es que la propia mujer indique el momento de realizarse la prueba citológica conociendo que debe hacerse la primera a partir de los 25 años y después repetirla sistemáticamente cada tres años.

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