BOGOTÁ, 2 de octubre (PL).—El gobierno
y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC) acuden a partir de hoy a los últimos recursos en procura de
superar la actual crisis y salvar los avances del proceso de negociaciones
iniciado en enero de 1999.
El Alto Comisionado de Paz, Camilo Gómez,
viajó a la zona desmilitarizada en busca de citas cruciales con la
cúpula del movimiento guerrillero, a sólo cinco días de expirar la
vigencia del área especial sin tropas, y en medio de la tensión por los
últimos acontecimientos que pusieron en peligro los
diálogos.
Gómez prevé reunirse con el comandante y
portavoz de las FARC, Raúl Reyes, en busca de definiciones sobre un cese
del fuego y de hostilidades, además de procurar un encuentro inmediato
con el jefe máximo Manuel Marulanda.
La agenda del principal negociador del
presidente Andrés Pastrana contempla pedir explicaciones a la
organización insurgente sobre la decisión de impedir el ingreso a la
zona de la caravana del candidato presidencial Horacio Serpa el fin de
semana anterior.
Asimismo, el emisario de la Casa de Narino
pretende insistir en la culpa de las FARC por la muerte de la ex ministra
de cultura Consuelo Araujo, sobre lo cual el grupo rebelde acusó al ejército por lanzar una ofensiva contra el comando que la mantenía
retenida en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Las conversaciones de hoy y mañana serían
las últimas antes del pronunciamiento presidencial sobre la suerte de los
diálogos de paz el 7 de octubre próximo, con la prorroga o no del área
desmilitarizada de 42 mil kilómetros cuadrados en el sur del país.
Los intercambios del gobierno y las FARC
tienen como trasfondo la movilización de tropas hacia los límites del
territorio dedicado a las conversaciones y las declaraciones del jefe de
las fuerzas castrenses, Fernando Tapias, sobre la capacidad de recuperar el
control de esa región.
La extrema derecha política y armada exige
al mandatario Pastrana romper las negociaciones y propiciar la variante
militar, mientras sectores sociales y hasta aspirantes presidenciales
prefieren continuar el rumbo político, aunque con modificaciones al
proceso.