La organización de
Naciones Unidas
es la coalición universal que necesitamos
para la lucha contra el terrorismo
Nuestro país habla con
toda la autoridad moral de no haber realizado jamás un acto terrorista
Discurso del Representante
Permanente de la República de Cuba, embajador Bruno Rodríguez, en la
Asamblea General, en el tema: "Medidas para eliminar el terrorismo
internacional". Nueva York, 1ro. de octubre
del 2001.
Señor Presidente:
En un discurso hace solo dos
días, ante cien mil compatriotas, el Presidente Fidel Castro declaró:
"La conmoción unánime
que en todos los pueblos del mundo causó el demencial ataque terrorista
del 11 de septiembre contra el pueblo norteamericano, creó las
condiciones excepcionales para erradicar el terrorismo sin desatar una
inútil y tal vez interminable guerra".
"El terror fue siempre
instrumento de los peores enemigos de la humanidad para aplastar y
reprimir la lucha de los pueblos por su liberación. No puede ser nunca
instrumento de una causa verdaderamente noble y justa."
Más adelante añade:
"Muchos parecen no
haberse dado cuenta todavía de que el 20 de septiembre fue decretado ante
el Congreso de Estados Unidos el fin de la independencia de los demás
estados sin excepción alguna y el cese de las funciones de la
Organización de las Naciones Unidas".
"Cuba fue el primer país
que habló de la necesidad de una lucha internacional contra el
terrorismo. Lo hizo a pocas horas de la tragedia sufrida por el pueblo
norteamericano el 11 de septiembre, expresando textualmente: "Ninguno
de los actuales problemas del mundo se puede resolver por la fuerza. [...]
La comunidad internacional debe crear una conciencia mundial contra el
terrorismo. [...] Solo la política inteligente de buscar la fuerza del
consenso y la opinión pública internacional puede arrancar de raíz el
problema. [...] Este hecho tan insólito pudiera servir para crear la
lucha internacional contra el terrorismo. [...] El mundo no tiene
salvación si no sigue una línea de paz y de cooperación
internacional".
"No albergo la menor duda
de que los países del Tercer Mundo —me atrevería a decir que casi sin
excepción—, independientemente de las diferencias políticas o
religiosas, estarían dispuestos a unirse con el resto del mundo en la
lucha contra el terrorismo como alternativa a la guerra".
"Para esos pueblos,
salvar la paz con dignidad, con independencia y sin guerra es piedra
angular de la lucha que unidos debemos librar por un mundo verdaderamente
justo de pueblos libres."
Señor Presidente:
En vez de la guerra, es
necesario organizar la cooperación internacional para lanzar acciones
globales efectivas, con arreglo al Derecho Internacional, la Carta de las
Naciones Unidas y las Convenciones Internacionales pertinentes, basadas en
la fuerza extraordinaria del consenso y la voluntad soberana y unida de
todos los Estados.
Cuba ha señalado:
"Bastaría devolverle a la Organización de Naciones Unidas las
prerrogativas arrebatadas y que sea la Asamblea General, el órgano más
universal y re-presentativo de esa institución, el centro de esa lucha
por la paz, para erradicar el terrorismo con apoyo total y unánime de la
opinión mundial. No importa cuán limitadas facultades ostente por el
arbitrario derecho al veto de los miembros permanentes del Consejo de
Seguridad, la mayoría de ellos miembros también de la OTAN. [¼ ] La
fórmula de reintegrar a las Naciones Unidas sus funciones de paz es
indispensable."
La Organización de Naciones
Unidas es precisamente la coalición universal que necesitamos para la
lucha contra el terrorismo. Ninguna coalición amorfa e impredecible, la
OTAN y ninguna organización militar, ningún grupo de Estados, por
poderosos que estos sean, podría sustituir a las Naciones Unidas en una
acción global y legítima contra el terrorismo. Las Naciones Unidas no
deberían ceder sus funciones ni prerrogativas ante la imposición de
ningún país ni prestarse a servir, con una renuncia complaciente,
intereses hegemónicos.
Corresponde a las Naciones
Unidas, y solo a ellas, enfrentar con profundidad, serenidad, resolución
y energía, los graves problemas del mundo globalizado, entre los que se
encuentra, con toda urgencia, el terrorismo.
Las Naciones Unidas cuentan
con la participación universal de los Estados, tienen autoridad
histórica y moral, disponen de principios y normas aceptados por todos,
tienen facultades para crear y codificar normas, pueden actuar en todas
las esferas, y sus numerosos y diversos órganos tienen amplias
posibilidades.
Respaldamos al Secretario
General de las Naciones Unidas en su afirmación de que "esta
Organización es el foro natural en qué construir una coalición
universal. Solo ella puede darle legitimidad global a la lucha a largo
plazo contra el terrorismo."
Llegado el caso, las Naciones
Unidas tienen incluso la prerrogativa del uso de la fuerza en defensa del
principio de seguridad colectiva, pero esta excepcional prerrogativa debe
ser usada con extrema prudencia y responsabilidad.
DEBEMOS APLICAR LOS
INSTRUMENTOS INTERNACIONALES SIN DOBLES RASEROS
NI SELECTIVIDADES POLITICAS
Señor Presidente:
Las Naciones Unidas han hecho
numerosos esfuerzos en el enfrentamiento del terrorismo, como lo
demuestran las Convenciones vigentes, otros instrumentos recientemente
adoptados y las numerosas resoluciones de la Asamblea General y otros
órganos.
Para avanzar debiéramos,
sorteando hegemonismos y ambiciones nacionales, abordar con total
honestidad todas las formas y manifestaciones de terrorismo, en todos los
lugares del mundo, y no puede excluirse bajo ningún concepto el
terrorismo de Estado.
Debemos hacer prevalecer la
mayoritaria voluntad política de los Estados de aplicar plenamente los
Instrumentos Internacionales, sin dobles raseros, sin selectividades
políticas, sin diferenciar los que viven en sociedades opulentas, sin que
a los Estados y a sus fuerzas armadas, especialmente de los países más
poderosos, se les considere con derecho a actuar fuera de la ley y del
Derecho Internacional.
Señor Presidente:
Compartimos los llamados a la
prudencia y a la moderación que llegan de todas las regiones. No se puede
responder a los ataques terroristas del 11 de septiembre con acciones de
venganza y de guerra, que traerían como consecuencia una espiral de
violencia y de actos bárbaros todavía inimaginables hoy. La solución no
radica en promulgar Leyes o Decretos que autoricen las ejecuciones
extrajudiciales, que los Estados asesinen ciudadanos extranjeros, actúen
de forma encubierta en otros países violando leyes y fronteras o que usen
la fuerza dentro de otros Estados. Ello alejaría al mundo del propósito
de erradicar el terrorismo y sería el fin de los mecanismos de seguridad
colectiva. Sería el imperio de la fuerza y el comienzo del fin del tan
proclamado Estado de Derecho.
Los actos terroristas
generalmente son realizados por grupos extremistas, e incluso personas
individuales. Frente a un hecho de esta naturaleza, por grave que fuese,
el derecho a la legítima defensa no debe ser invocado por un Estado
poderoso para desatar unilateralmente una guerra que puede adquirir
carácter global e impredecible, en la que moriría un incalculable
número de personas inocentes. Debe ser ejercido como el derecho de todos
a la defensa común de todos. Los países del Sur serían a la larga las
potenciales víctimas de acciones de fuerza, si aceptamos hoy la guerra
con el pretexto de la lucha contra el terrorismo.
Cuba respalda las numerosas
iniciativas en curso o en debate que podrían contribuir a la acción de
las Naciones Unidas, entre ellas las presentadas por el Movimiento de
Países No Alineados, como la convocatoria de una Conferencia de Alto
Nivel sobre el Terrorismo Internacional, la creación de un Centro de
Cooperación Internacional y la negociación de una Convención General
sobre el Terrorismo Internacional. Estamos también dispuestos a examinar
constructivamente otras iniciativas que puedan contribuir a la lucha
contra el terrorismo y que cuenten con esa legitimidad que evocaba el
Secretario General.
EL CONSEJO DE
SEGURIDAD HA SIDO EMPUJADO A DAR RESPALDO LEGAL
A DECISIONES HEGEMONICAS Y ARBITRARIAS DE LA POTENCIA DOMINANTE
Señor Presidente:
Si bien el Consejo de
Seguridad ha realizado en el pasado determinados esfuerzos y aprobado
diversas resoluciones, el terrorismo ha sido un área en que ha
prevalecido la prudencia. En los pocos casos en que ha tratado actos
específicos de terrorismo, lo ha hecho por interés directo de algunos de
sus Miembros Permanentes.
Sin embargo, Cuba pidió al
Consejo de Seguridad que actuara acerca de la voladura en pleno vuelo del
avión de pasajeros CU 455, en el que, en 1976, murieron 73 personas, pero
el proyecto de Resolución S/23990, propuesto por Cuba, ni siquiera fue
considerado.
He vuelto a revisar ahora
aquel proyecto, comparándolo con la resolución que el Consejo de
Seguridad adoptó la noche del pasado viernes, y encuentro que aunque el
nuestro era mucho más moderado, proponía algunos de los conceptos y
medidas contenidos en esta.
El proyecto cubano, en su
preámbulo, consideraba indispensable la represión de los actos de
terrorismo internacional para mantener la paz y seguridad internacionales;
enfatizaba en la necesidad de actuar eficazmente contra el terrorismo,
planteaba el deber de los Estados de abstenerse de organizar, instigar,
ayudar, participar y consentir en su territorio actos terroristas. Nuestro
texto tomaba nota de que un Miembro Permanente del Consejo de Seguridad
había declarado poseer evidencias de los hechos. Tenía en cuenta
también que el organizador principal del acto terrorista, Orlando Bosh,
residía en el territorio de ese mismo Estado, donde por cierto todavía
reside hoy, y que el otro autor principal, Luis Posada Carriles, con
posterioridad al atroz crimen, desempeñó un doble empleo en el gobierno
de ese Estado. El proyecto de resolución cubano proponía también la
participación del Consejo en la lucha contra el terrorismo internacional
invocando el Capítulo VII de la Carta.
La resolución no pedía el
uso de la fuerza ni sanciones, sino simplemente que el Consejo condenara
la voladura en vuelo del avión de pasajeros, indicara la obligación de
esclarecer el crimen y castigar a los culpables. Pedía al Estado
concernido entregar información y evidencias relacionadas con la
ubicación pasada o presente de los terroristas en su territorio, que
tomara medidas eficaces para evitar que el mismo fuese usado para
preparar, organizar o llevar a cabo actos terroristas contra Cuba y que el
Consejo continuara ocupándose del asunto.
Después de Cuba, solo habló
5 minutos el Miembro Permanente implicado para declarar "... no puedo
menos que preguntarme por qué estamos aquí...Al reunirnos hoy...estamos
perdiendo nuestro más valioso bien: el tiempo". Y se terminó la
reunión.
En contraste, el Consejo de
Seguridad acaba de adoptar, después de rápidas y poco transparentes
negociaciones, una Resolución que ordena a los Estados modificaciones
legislativas urgentes, exige informes inmediatos y crea una especie de
Estado Mayor Antiterrorista.
El Consejo dispone combatir en
muy diversos ámbitos, que van desde la economía y las finanzas hasta el
tráfico de drogas, el control de fronteras, el lavado de dinero, la
falsificación de documentos, el tráfico de explosivos, armas nucleares,
químicas, biológicas y otras. Se abordan también temas relacionados con
el crimen transnacional, las armas de destrucción en masa, las
tecnologías de comunicaciones y el intercambio de información de
inteligencia, contra individuos y entidades que practican el terrorismo.
Para cumplir esa resolución,
es preciso definir previamente quiénes son esas personas y qué actos se
considerarán terroristas. Es posible imaginar de dónde vendrán esas
interpretaciones.
El Consejo de Seguridad ha
sido empujado a dar respaldo legal a decisiones hegemónicas y arbitrarias
de la potencia dominante, violatorias de la Carta y del Derecho
Internacional, que invaden la soberanía de todos los Estados. Para ello,
una vez más, usurpa las funciones de la Asamblea General, único órgano
cuya composición universal y método democrático podría dar legitimidad
a decisiones de tanto alcance. El Consejo utiliza el método insólito de
hacer obligatorias para todos los Estados, algunas de las normas recogidas
en las Convenciones contra el terrorismo las que corresponde a los propios
Estados decidir si desean ser signatarios o no.
El Consejo de Seguridad,
rehén del derecho de veto, solo podría ejercer una dictadura selectiva,
caprichosa, arbitraria e ineficaz en vez del liderazgo moral que demanda
el enfrentamiento integral al terrorismo en un mundo globalizado.
No puede eliminarse el
terrorismo si se condenan algunos actos terroristas mientras se silencian
o justifican otros. Es, por ejemplo, un imperativo ético que cese el uso
del veto para impedir la acción internacional a fin de proteger al pueblo
palestino de los incontables actos de terrorismo de Estado que está
sufriendo.
Cuba opina que cualquier
acción de fuerza contra el terrorismo requerirá de una autorización
expresa y previa del Consejo de Seguridad, tal como establece la Carta, y
considera que ninguna de las dos Resoluciones adoptadas por este a raíz
de los ataques del 11 de septiembre podría invocarse para lanzar acciones
militares o de fuerza unilaterales.
Nuestro país, como siempre ha
hecho, a pesar de algunos métodos y decisiones arbitrarias del Consejo de
Seguridad, cooperará de buena fe con este, de acuerdo con la Carta, y
hará cumplir sus propias leyes, que de forma soberana nuestro pueblo se
ha dado, ajustadas al Derecho Internacional, y que combaten con fuerza y
energía todo acto de terrorismo, cométalo quien lo cometa, así como
otros graves delitos de carácter internacional que se vienen cometiendo
en el mundo.
Podemos declararlo así con
toda la fuerza moral que nos da el hecho de que nuestras finanzas son
transparentes y nuestros bancos no atesoran ni lavan dinero mal habido; de
que nuestras instituciones no venden ilegalmente información o
tecnologías, ni toleran el tráfico de armas ni sustancias peligrosas; ni
nuestras fronteras amparan el crimen transnacional.
Las medidas concretas que se
plantean en la resolución aprobada por el Consejo de Seguridad, y que
Cuba comparte, han de aplicarse en primer lugar a los grandes bancos en
los que, como todo el mundo sabe, es donde se lava el dinero.
Debo declarar categóricamente
que Cuba no participará en ninguna acción de carácter militar.
EL TERRORISMO CONTRA CUBA
DEBE CESAR
Señor Presidente:
Hoy traigo aquí la memoria de
3 478 cbanos que murieron como consecuencia de agresiones y actos
terroristas, y el reclamo de justicia de 2 099 cubanos incapacitados a
causa de ellos.
Entre otros, la memoria de
Félix García, diplomático de la Misión de Cuba ante Naciones Unidas,
asesinado aquí en Nueva York, precisamente un 11 de septiembre en 1980.
Su asesino fue detenido en noviembre pasado en Panamá, en medio de una
Cumbre Iberoamericana, junto a Posada Carriles cuando, con el objetivo de
asesinar al Presidente Fidel Castro, intentaba volar el Paraninfo de una
Universidad donde se encontraban reunidos miles de estudiantes. Posada
Carriles y su grupo no han sido extraditados ni sancionados. Hay razones
para temer su fuga antes de ser sancionados o su total impunidad.
Sólo en los años noventa se
produjeron 68 actos terroristas contra Cuba, de ellos 33 en los últimos
cinco años. Nuestro país habla con toda la autoridad moral de no haber
realizado jamás un acto terrorista, ni siquiera el intento de eliminar
físicamente en acto de legítima defensa a los autores directos o
intelectuales de abominables crímenes contra nuestro pueblo que
financiaron y llevaron a cabo la Fundación Nacional Cubano-Americana y
otros grupos de la mafia terrorista de Miami. Sin embargo, con absoluta
impunidad se han organizado desde el exterior, en la etapa más reciente,
atentados con bombas, intentos de asesinatos de los líderes cubanos y
ataques contra objetivos vitales de nuestra economía.
Solamente la consideración y
el respeto de nuestro pueblo por las víctimas del ataque del 11 de
septiembre, y la gravedad de la actual situación que nos reúne en
búsqueda de soluciones constructivas, me animan a contribuir al espíritu
de este debate con nuestro silencio acerca de los orígenes del terrorismo
contra Cuba, al no hacer mención expresa de las causas, los cómplices,
los verdaderos responsables, los flujos financieros, las cortes venales
que absuelven y los territorios donde radican las organizaciones
terroristas que actúan contra Cuba.
Comparto la esperanza de que
la tragedia del 11 de septiembre lleve a la reflexión y a modificar las
políticas, como desea el pueblo norteamericano, que alientan y en el
fondo amparan el terrorismo contra mi pueblo. El terrorismo contra Cuba
debe cesar.
Debo declarar que, ante la
impunidad, Cuba está en todo el derecho de defenderse contra el
terrorismo. Los cinco jóvenes cubanos que sufren encarcelamiento injusto
y tratos degradantes en la Florida no se arrepienten de haber salvado con
su heroísmo vidas de ciudadanos cubanos y norteamericanos.
Como señaló el Presidente
Fidel Castro, "Cuba, con la moral que le otorga haber sido el país
que más ataques terroristas ha recibido durante más tiempo, cuyo pueblo
no tiembla ante nada, ni hay amenaza o poder en el mundo capaz de
intimidarlo, proclama que está contra el terrorismo y está contra la
guerra. Aunque las posibilidades son ya remotas, reitera la necesidad de
evitar una guerra de imprevisibles consecuencias, cuyos autores han
confesado que no tenían siquiera idea de cómo se desenvolverán los
acontecimientos. Reitera igualmente su disposición a cooperar con todos
los demás países en la erradicación total del terrorismo".
"Pase lo que pase, no se
permitirá jamás que nuestro territorio sea utilizado para acciones
terroristas contra el pueblo de Estados Unidos. Y todo cuanto esté a
nuestro alcance lo haremos para evitar acciones de ese tipo contra él.
Hoy le expresamos nuestra solidaridad con nuestra exhortación a la calma
y a la paz".
Finalmente, el Presidente de
nuestro país, expresando el sentimiento unánime de nuestro pueblo,
afirmó:
"¡Nuestra independencia,
nuestros principios y nuestras conquistas sociales los defenderemos con
honor hasta la última gota de sangre, si somos agredidos!"
Muchas gracias.
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