 ciencia y tecnología
Satélites, computadoras.... y olfato ORFILIO PELAEZ Perplejo por el inesperado giro en la trayectoria del huracán, el meteorólogo mira al cielo como buscando respuesta a la "trampa" que les tendió la atmósfera a los sistemas computadorizados empleados para seguirle la pista al más peligroso engendro del dios Eolo.
La anterior escena puede ocurrir en cualquier centro de pronósticos del trópico y ello no demerita en lo absoluto la compleja labor de los detectives de los ciclones.
Porque cuando se trata de lidiar con estas tempestades nacidas en las calientes aguas de los océanos, hay determinadas situaciones que todavía escapan al escudriño de los más modernos medios tecnológicos.
AJEDREZ EN LA ATMOSFERA Mucho ha avanzado el hombre en el estudio y seguimiento de tales fenómenos desde aquellos lejanos tiempos cuando se disparaban flechas hacia las nubes para "destruir o alejar" a la tormenta.
Hoy un verdadero ejército de satélites meteorológicos, radares, sondas, barcos, estaciones de superficie y computadoras de última generación, apoyados por los conocimientos físicos, dinámicos y matemáticos, rastrean cada día la pareja océano-atmósfera, para detectar y predecir con tiempo dónde pudiera surgir un ciclón.
Si bien los modelos de pronósticos diseñados sobre la base de todos esos datos muestran en los últimos años un progresivo aumento en su efectividad, hasta ahora ninguno es capaz de vaticinar con absoluta precisión los lugares exactos por donde cruzará un huracán o tormenta tropical.
Incluso, para la Región IV que comprende el Atlántico, el Golfo de México y el mar Caribe, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) plantea que el margen de error admisible en un pronóstico de 24 horas es de 187 kilómetros. Es decir, el organismo tropical puede penetrar en tierra a esa distancia del punto previsto inicialmente.
Como comenta el doctor José Rubiera, jefe del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, "en la atmósfera ocurren cambios repentinos en las corrientes de aire y en la ubicación de centros de altas presiones, vaguadas y otros procesos, imposibles de describir con total exactitud por los programas computadorizados existentes".
Las ecuaciones, argumenta Rubiera, solo pueden darnos una idea aproximada de los procesos físicos que realmente tienen lugar en un momento determinado, pero todavía no pueden recopilar toda la información existente y por eso siempre habrá un cierto grado de incertidumbre, al menos durante unos años más.
Cuba utiliza diferentes modelos de pronósticos, entre los foráneos y los diseñados por especialistas del propio Instituto, para seguir la ruta de cualquier ciclón tropical que pueda representar una amenaza al país.
También se toman en cuenta los datos brindados por las imágenes del satélite, los siete radares meteorológicos que cubren todo el archipiélago, las estaciones de superficie, navíos y cuando el fenómeno se aproxima o entra al territorio nacional, resulta muy valiosa la ofrecida por los observadores voluntarios y aficionados a esta ciencia.
Pero según asegura Rubiera, por mucha tecnología disponible, nada sustituye el razonamiento lógico del hombre, esa suerte de "olfato ciclonero" y la experiencia que todo especialista debe tener, para evaluar en el momento de la verdad cuáles factores pudieran influir en un repentino cambio en la trayectoria e intensidad del fenómeno, más allá de lo sugerido por las computadoras.
Entramos en octubre, mes célebre por sus grandes huracanes de antaño y el de mayor peligro para Cuba dentro de la temporada ciclónica. Los ojos de Casablanca y toda la red de estaciones, estarán fijos en el mar Caribe occidental, el sitio donde estos gigantescos remolinos de viento prefieren nacer en esta época del año.
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