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 Cuatro décadas y más haciendo la Revolución del barrio Félix López  Cuba era ese volcán de cambios y sueños que suelen provocar las revoluciones. Y a su alrededor, o dentro de ella, estaban los que no podían soportar a los obreros en el poder, a los rebeldes de la Sierra Maestra junto al pueblo, a Fidel al frente de aquellos amaneceres telúricos que invitaban a nacionalizar todo lo que había sido robado de la Patria, incluidas la libertad y la esperanza.
De las entrañas de esa Revolución, luchando por su supervivencia, nacieron 41 años atrás los CDR: tres letras con una historia propia, conocidas en muchas latitudes, símbolo de la primera y mayor colectividad que han conocido los cubanos. Sin ellos resultaría imposible describir cuatro décadas de unidad, descifrar las
clave de nuestro poder movilizativo; y hasta encontrar la raíz de nuestra resistencia.
En 1960 la nación estaba en guerra. Contra el imperialismo y sus lacayos de adentro. A la derrota moral, militar y política que les infligió el pueblo, respondieron con las sucias armas del terrorismo, la subversión y la mentira. Cortarlos de raíz era la única alternativa. Pero se trataba de un enemigo solapado, traicionero y escurridizo.
El 28 de septiembre de ese año, desde el antiguo Palacio Presidencial, el Comandante en Jefe Fidel Castro anunció cuál sería la estrategia:
"Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva (...), le implantaremos un comité de vigilancia revolucionaria en cada manzana, para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe, y para que vean que cuando la masa del pueblo se organiza, no hay imperialista, ni vendido a los imperialistas que pueda moverse".
Así comenzó la primera gran batalla de los cederistas cubanos. Un año después, en el acto por el primer aniversario, Fidel informaba que ya habían 107 mil comités en toda la Isla, de ellos 30 mil en la capital. Cuba se había convertido en una trinchera. Tres años más, y el 28 de septiembre de 1964 llenó la Plaza Cívica (hoy Plaza de la Revolución), demostrando que ese día se había convertido en la fecha de celebración de todo el pueblo.
Desde entonces han sido incontables las tareas y las luchas. Los CDR pusieron sus manos en la transformación social y material del país, desbordaron los trabajos voluntarios en la agricultura, la construcción de viviendas y de escuelas, entregaron la sangre del pueblo en masivas donaciones. Después, agregaron a su existencia nuevas responsabilidades, desde organizar las elecciones hasta la recogida de materias primas.
Y cuando ya parecía que habían cumplido todas las misiones posibles, los CDR se convirtieron en espacio de debate sobre nuestros problemas sociales y de supervivencia. Allí, en los llamados barrios debates y audiencias públicas, los vecinos discuten hoy sobre temas no menos urgentes e importantes: las ilegalidades en la vivienda, la indisciplina social y cómo encontrar soluciones a los problemas cotidianos del barrio.
Para sorpresa de los enemigos de la Revolución, cuatro décadas después de las premonitorias palabras de Fidel, los cederistas cubanos siguen demostrando que en Cuba no podrán dar un solo paso aquellos que intenten atentar contra el pueblo. Y su unidad ha quedado más que probada en las batallas recientes, desde la liberación de Elián hasta la lucha de ideas que se libra cada día por hacer realidad el compromiso de Baraguá.
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