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Festival de Teatro de La Habana

Talleres y otras funciones

Andrés D. Abreu

La importancia del taller como método de formación alternativa del actor es un hecho dentro del programa de actividades del 
X Festival Internacional de Teatro de La Habana.

Juego de Salón por Teatro La Carbonera (Argentina).

Casa de las Américas acoge a uno de estos importantes encuentros de experiencias en la Galería Haydée Santamaría. Allí, Antonio Célico, director de El Baldío Teatro, imparte junto a los miembros de su compañía el taller Un mundo de fricciones, un acto de herejía. Este es un trabajo que el grupo comparte en sus visitas a otros escenarios y desde hace dos años está orientado hacia la acción del actor sobre sí mismo, tomando al cuerpo como su principal instrumento y a la construcción escénica desde una mirada muy propia.

Casa de las Américas también es sede de nuevas presentaciones de El Baldío Teatro con la puesta Fría como azulejo de cocina.

Por su parte, el Gran Teatro de La Habana recibió las experiencias que sobre la expresión, desde el impulso y el equilibrio del cuerpo, trajo desde Alemania la compañía Antagón. Esta agrupación comienza hoy en La Piragua, a las 8:30 p.m., las esperadas presentaciones de su espectáculo Equinox Terminal.

Por último, Juego de Salón, de Teatro La Carbonera, la obra que en sus dos primeras presentaciones en el Teatro Nacional (sala Covarrubias) impresionó favorablemente al público, fue reprogramada por el Comité Organizador para una función hoy viernes a las 5:00 p.m. en la sala Avellaneda.

Juego de Salón, apenas comienza, todo es expresión y movimiento sobre el escenario. Después de unos minutos de una casi imperceptible acción corporal, los cuerpos-objetos, que conforman sus personajes, son arrastrados por la dinámica de una vida citadina y el espectador junto a ellos es llevado al emocionante juego de un experimento coreográfico. Poco a poco se va rompiendo el elemento retador de la dramaturgia donde se presentan a estos ciudadanos marcados por la objetividad que cargan, y de la cual no pueden desprenderse. La obra adquiere la velocidad en los conflictos y el observador descubre situaciones cotidianas recreadas sobre juegos infantiles. Los adultos quieren jugar pero el peso de la incomprensión, el amor, el rechazo, los vicios y el desamparo trastocan el juego a situaciones más agudas que abundan en lo absurdo.

Así van jugando con todo, con la seriedad y la risa, con la estructura narrativa y el diálogo, con la luz y la sombra en los espacios, con la escasez extrema de la frase y sobre todo con el cuerpo-objeto, elegantemente comunicativo en cada mínimo desplazamiento. La Carbonera juega cerca de la Danza-Teatro porque se acerca al baile con una estructura de movimientos precisos al compás del tiempo "a veces sonoro, a veces sordo. Su investigación sin límites los llevó a un coreo muy propio, a una poética exquisita de la composición teatral que bien se ha ganado esta otra función.

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