Freno a la desertificación

Raisa Pagés

Parece que el hombre ha olvidado la historia. Lo que hoy son desiertos, hace dos mil o tres mil años, eran exuberantes tierras.

MARIA NERY URQUIZA    

La tierra se escurre en estas zonas erosionadas de escasa vegetación.

La tala de los árboles, la destrucción de la capa vegetal, el pastoreo de animales y la erosión causada por el agua y el viento, convirtieron a fértiles terrenos en semidesiertos o desiertos.

Y estamos a tiempo, confirma Nery Urquiza, coordinadora del Programa nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía en Cuba, al cual se integran representantes de 26 instituciones y organismos de la administración central del Estado, centros científicos, docentes y organizaciones no gubernamentales, el programa está bajo la conducción del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

Alrededor de un 76 por ciento del territorio cubano está perjudicado por algunos de los procesos conducentes a la desertificación, los cuales están diseminados fundamentalmente en el extremo occidental y en la región oriental, aunque el centro del archipiélago no está exento.

El clima es causa y condicionante de los procesos de desertificación, pero no lo es todo. La actividad humana los cataliza y los agrava. La historia que condicionó este adverso panorama es bien conocida y pudiera titularse lo que la colonización arrebató.

Se calcula que más del 95 por ciento del territorio cubano estaba cubierto de bosques, cuando Colón desembarcó en 1492. Un censo de 1900 reveló que el 54 por ciento de esos recursos habían desaparecido.

Madera para naves españolas, primero, y para alimentar las calderas de los ingenios azucareros, después, acabaron en buena medida con el patrimonio forestal cubano, en más de cuatro siglos de sometimiento europeo y norteamericano.

La etapa seudorrepublicana le dio la última estocada. Las compañías norteamericanas y los latifundios de la burguesía nacional redujeron la superficie boscosa del archipiélago cubano a solo un 14 por ciento.

La Revolución cubana se propuso revertir la deforestación sufrida. Hoy la superficie arbórea cubre casi el 22 por ciento del territorio nacional.

En la década de los 80 se ejecutaron trabajos de rehabilitación y recuperación de suelos erosionados con tecnologías de avanzada, inversiones que fueron interrumpidas en los años 90, cuando la economía cubana se contrajo al iniciarse el período especial.

Los problemas más agudos se concentran en la región oriental y el extremo occidental. Tras la Cumbre de la Tierra en 1992, se creó, en 1994, la Convención Internacional de Lucha contra la Desertificación, después de negociaciones con gobiernos de 100 países. Tres años después entró en vigor, ratificada por 50 naciones.

Un millón de hectáreas están dañadas por la salinidad, fenómeno que prevalece en casi todas las zonas costeras del archipiélago, en las cuales se siembra arroz, caña y pastos, esencialmente.

Las acciones para detener el deterioro de los suelos abarcan cambios en las tecnologías de cultivar, el uso de aguas de mayor calidad, sin tenores salinos en el riego, el drenaje de los suelos y el cambio de las técnicas de irrigación, instalando equipos menos destructores de la capa vegetal por la fuerza del agua.

FOCOS ROJOS DE LA EROSION

Poco más de dos millones de hectáreas están bajo los efectos de la erosión. La zona oriental y el extremo occidental de la Isla siguen siendo los focos rojos, aunque en el centro existen zonas con ese fenómeno.

Tener el suelo cubierto es la clave para luchar contra la degradación física, química y biológica de la tierra. Más de 300 mil hectáreas han sido rehabilitadas, en los últimos cinco años, mediante la siembra a curva de nivel, en contorno, para evitar la erosión, señaló.

Las barreras vivas, siembra de plantas evitadoras del escurrimiento de los suelos, han beneficiado otras 77 mil hectáreas, mientras que las llamadas barreras muertas (con piedras) han frenado la erosión en 329 mil hectáreas.

En las zonas montañosas los agricultores combinan el cultivo de café y cacao con plantas rastreras, que capturen los arrastres de agua y tierra en las pendientes, método aplicado en unas 166 mil hectáreas. Los tranques de piedra se han extendido en otras 46 mil hectáreas.

Con beneficios de técnicas más avanzadas y de mayor costo, como son las llamadas terrazas planas y el drenaje parcelario, se han ejecutado 73 mil y 22 mil hectáreas, respectivamente, en el último lustro.

Enmendantes orgánicos para aumentar la fertilidad de la tierra se emplean, como son las 450 mil toneladas de humus de lombriz, aplicadas en los últimos 15 años.

Pero lo más importante es educar a los productores en cómo cuidar la tierra que los alimenta. Todavía son insuficientes las acciones, comparadas con el problema que se enfrenta. Existe voluntad política del Gobierno para mejorar estos problemas que no se resuelven en uno o dos años.

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