 San Vicente Los poquitos que hacen el cero
en el beneficio del tabaco Ronal Suárez Ramos SAN VICENTE, Pinar del Río.— El día en que aquel cosechero llegó a la escogida y encontró a Ela
"plantada en siete y medio", debe haber pasado un mal rato. Las manecillas del reloj se acercaban a las doce meridiano y la administradora no lo pensó dos veces:
—A esta hora no puedo recibirte el tabaco; llévatelo y ven a las cuatro, cuando la tarde haya refrescado, le dijo tajantemente.
—Pero cómo voy a irme sin pesar la cosecha, replicó el hombre que ya se disponía a bajar los bultos. Finalmente aceptó la propuesta de resguardarse con la carreta cargada en una nave que estaba vacía y esperar a la hora indicada.
El 70 por ciento de los 380 trabajadores son mujeres, entre las que abundan las jóvenes.
La anécdota no es única; forma parte de los poquitos que según Ela Montano, administradora de la escogida V-10-2 de San Vicente, municipio de Pinar del Río, le han valido para mantener durante los dos últimos años cero merma en el beneficio del tabaco.
El centro, con un colectivo integrado por nada menos que 380 trabajadores, procesará este año 7 900 quintales, de los que
3 609 proceden de áreas de tapado. Terminar entregando esas mismas cifras es el reto que tienen ante sí para seguir con tal condición.
¿Cómo lograrlo? Ela piensa que todo comienza con el acopio. Si se manipulan las hojas con alta temperatura ambiental, sufren daños mecánicos, se rompen, pierden calidad y peso; por eso es imprescindible observar el horario establecido de no excederse de las 10 de la mañana en esas labores.
"Es también importante comprobar la humedad que trae el tabaco. Si la blandura es excesiva, el productor debe orearlo antes del pesaje, de lo contrario estamos comprando agua y después se originará la merma", afirma esta mujer que comenzó su vida laboral en un banco de la escogida Casa Blanca, en San Luis, y lleva cerca de 20 años administrando centros de beneficio tabacalero.
"Después —continúa— hay que velar porque no haya desvío. Si cada trabajador se lleva diariamente una hoja, parece insignificante, pero multiplíquela por 380 y por siete u ocho meses y verá que el faltante sería grande.
"En nuestro caso, además de la labor de concientización que se ha hecho con los trabajadores, hemos tomado medidas de control, como establecer una sola puerta de entrada y salida, y a la hora de almuerzo siempre se mantienen en el interior del local algunos miembros del Consejo de Dirección".
La condición de lectora, le da a Orlinda Martínez, secretaria general de la sección sindical, la posibilidad de influir directamente en el colectivo para que todos contribuyan a preservar la cero merma.
"Si al trasladar el tabaco las hojas que se caen se dejan en el suelo y son pisadas por la gente que trafica por el salón, lógicamente serán inservibles. Si no se aprovecha toda la picadura, también faltará al final. De todo ello les hablamos constantemente a los trabajadores y velamos porque se cumpla lo establecido, tanto los 13 miembros del ejecutivo como los 21 activistas que tenemos en todos los departamentos", expresa.
De la calidad del beneficio de las hojas, puede depender en buena medida la eficiencia de una cosecha. En la V-10-2, por ejemplo, se seleccionan 14 clases de capas, cada una con su valor de acuerdo con la vitola a que será destinada. Cuando alguna hoja de superior calidad va a parar a una pila de menor precio, se está perdiendo, y ello hay que determinarlo
"a golpe de vista", en una labor que exige mucha concentración.
Para subsanar cualquier error, existen los revisadores y especialistas, además de los Comités de Calidad creados hace algunos años, pero lo principal es que el buen trabajo comience por la escogedora.
Ela considera satisfactorio el 98 por ciento de calidad obtenido durante la pasada campaña, muy superior al 95 por ciento que se admite como aceptable y espera nuevamente terminar el beneficio, a finales de noviembre, sin una libra de menos. Más meritorio aún en un centro de tal magnitud, donde se aprecia orden y disciplina.
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