"Artesanos" de la cirugía

Orfilio Peláez

Hace apenas veinte años, el diagnóstico de un tumor originado en algunas de las estructuras cráneofaciales era una suerte de sentencia de muerte para quienes lo padecían, sobre todo si se trataban de neoplasias malignas, cuyas posibilidades terapéuticas eran entonces realmente nulas.

   JORGE VALIENTE

Para el doctor Miguel Azcue,
las imágenes logradas por la Tomografía Axial Computadorizada son clave en el diseño de la técnica quirúrgica.

Tales carcinomas de las fosas nasales y los senosparanasales, del hueso temporal, los de órbita y los del conducto auditivo, por mencionar algunos de los tipos principales, suelen invadir en su indetenible progresión la base del cráneo, zona prácticamente inaccesible al bisturí antes de la década de los 80 del recién finalizado siglo.

Así, una eminencia como el doctor Heyes Martin, considerado el padre de la moderna cirugía oncológica de cabeza y cuello, llegó a plantear que "la completa remoción de los senos frontales, etmoidales y esfenoidales es prácticamente imposible, dado que esos procedimientos incluirían abordar porciones de la base del cráneo".

Solo el avance vertiginoso alcanzado en las últimas dos décadas por las ciencias médicas en franca alianza con la electrónica y la informática, permitió el desarrollo de nuevos métodos imagenológicos, en especial la Tomografía Axial Computadorizada y la Resonancia Magnética Nuclear, que abrieron nuevos horizontes para el tratamiento quirúrgico de los llamados tumores craneofaciales.

RESCATE EN EL QUIROFANO

Según cuenta el doctor Miguel Azcue Bilbao, jefe del Servicio de Cabeza y Cuello del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), la introducción en Cuba de ambas técnicas de avanzada devino en una herramienta clave para el diagnóstico certero de tales carcinomas y en la caracterización del tipo de lesión, que incluye la ubicación precisa del tumor, áreas dañadas y si se ha extendido a estructuras vasculares, óseas o tejidos blandos.

A partir del estudio detallado de las imágenes, precisa Azcue, comenzamos a diseñar un conjunto de técnicas quirúrgicas y procedimientos específicos para garantizar en un principio la eliminación total del cáncer y luego abordar la reconstrucción estética y funcional de los tejidos afectados.

Tras el lógico proceso de capacitación teórica del equipo de cirujanos, en 1989 Cuba se situó entre los primeros países del mundo en incorporar tales adelantos al tratamiento de las tumoraciones mencionadas.

Desde entonces han sido operados en el INOR más de cien pacientes con neoplasias de ese tipo en estadios muy avanzados, la mayoría de carácter maligno, con una sobrevida de casi el 65 por ciento transcurridos los primeros cinco años y mejor calidad de vida (antes fallecían el ciento por ciento).

El profesor Azcue, quien también es miembro de la Sociedad Norteamericana de Cirujanos de Cabeza y Cuello, indicó que si bien los tumores craneofaciales no tienen la alta incidencia de otros cánceres, son en cambio extremadamente agresivos y perjudican en grado sumo el desempeño social y laboral de las personas al provocar una amplia gama de síntomas (deformidades faciales, sangramientos, dolores, edemas del ojo, etc).

Además, todos infiltran la base del cráneo y por lo general se detectan en fases tardías, pues la sintomatología aparece cuando la lesión está ya madura.

Dada la gran diversidad de carcinomas que se originan en esta parte del cuerpo humano, cada caso es operado con una técnica específica en correspondencia con la ubicación y extensión del tumor.

Un aporte cubano a la cirugía craneofacial es el uso de la hidroxiapatita de fabricación nacional en la reconstrucción de la base del cráneo, con resultados altamente satisfactorios validados por la práctica médica.

Este biomaterial es producido por el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC) a partir de corales marinos de nuestra plataforma insular y garantiza una alta compatibilidad con el tejido óseo al reducir a la mínima expresión la posibilidad de rechazo en los implantes.

La cruzada por rescatar de la muerte a más pacientes es fruto del trabajo conjunto entre el INOR, el Instituto de Neurología y Neurocirugía, y el hospital Manuel Fajardo, en tanto la aplicación de esta tecnología de avanzada en el campo de la terapia de los tumores de cabeza y cuello, contará con un nuevo aliado cuando dentro de pocos meses comience a funcionar en el Oncológico un acelerador lineal tridimensional para radioterapia.

Los tiempos en que el diagnóstico de un tumor craneofacial iba seguido de una palmadita de resignación en el hombro del paciente quedaron definitivamente atrás. El camino a la esperanza pasa por los adelantos de las ciencias y la creatividad de estos verdaderos "artesanos" de la cirugía.

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