 Entrevista con Raúl Martín Diálogo sobre teatro y festival Andrés D. Abreu Teatro de la Luna llega a los días del Festival Internacional de Teatro de La Habana sin dejar de ser noticia como grupo asociado a premios y festivales.
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ALDO MEDEROS |
Apenas dos semanas antes de la inauguración de la décima edición de la cita habanera, la agrupación estrenó, en la Sala Covarrubias, el espectáculo formado por los unipersonales El álbum y El enano en la botella, ganador de varios premios en el Festival Internacional del Monólogo de Miami. Hoy, en esa propia sala del Teatro Nacional, sus actores, junto al resto del equipo de trabajo que dirige Raúl Martín se aprestan al montaje de Electra Garrigó, una de las puestas de la muestra cubana al encuentro escénico que se avecina.
Desde la luneta y sin previo ensayo, Raúl Martín abrió un espacio en su tiempo de hacer teatro para hablar de estas obras y de festivales.
La principal importancia de estos eventos
—considera Raúl— no está en la competencia ni en las premiaciones, sino en que abren un marco propicio para ver teatro. Es una congregación de esfuerzos de instituciones, grupos y personas por brindar lo mejor de la escena del mundo. Esto recibe una respuesta grande de público, incluso, mayor que la habitual en las temporadas, y hace de los festivales un gran encuentro humano con el arte.
Para el joven director la experiencia de Miami fue singular. Primero porque se asumieron dos textos que interesaban al grupo y que habían quedado pendientes por cuestiones de tiempo y por esta misma causa, llegaron al festival sin estrenarse.
Por lo general —comenta Raúl— los organizadores de los festivales realizan una selección de las mejores puestas de las compañías. Los grupos no trabajan para festivales. Aún estamos impresionados con lo obtenido con este trabajo y con la reacción del público. Uno piensa que los unipersonales no van a lograr la comunicación que logran las puestas de grupo.
Sin embargo, El álbum y El enano en la botella, han constituido para mí fenómenos de comunicación interesantes. Los públicos de Miami y La Habana, incluso el público de
Nueva York, todos con sus similitudes y diferencias, recibieron las obras como un diálogo diáfano y directo. El álbum basa su interrelación en el disfrute estético, por lo que plástica e histriónicamente entrega, mientras que El enano... suma la lectura de un texto y lo que toca a cada cual en sus mensajes. Ambos se complementan y creo que ello permitió que dos unipersonales llenaran la Sala Covarrubias del Teatro Nacional.
A esta sala concurrió con excelente temporada su versión de Electra Garrigó, una de las obras que contribuyó a este período actual de la escena nacional, considerado de auge.
Es innegable —opina el director— que existe un momento de alza en la salud teatral cubana. El hecho es visible en la variedad de opciones en cartelera los fines de semana y la abundancia de público que concurre a ellas. Desde más adentro del fenómeno, los que trabajamos para ello nos sentimos complacidos y respaldados con el modo de hacer y la labor del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Ministerio de Cultura. La maquinaria teatral está funcionando y esa verdad repercutió en una reanimación que ya recibe la respuesta del público.
"Electra llega al festival con una trayectoria de puestas y de público pero necesitada de la confrontación. Por eso considero importante su presencia en el Festival Internacional de Teatro de La Habana. Nos gustaría que también estuviese en el próximo Festival de Camagüey."
La puesta se presentará con algunos movimientos en el elenco debido al abandono temporal de la escena de Grettel Trujillo, quien asume en su vida el importante rol de la maternidad. Gilda Bello se estrenará como Electra Garrigó y Teherán Aguilar, un joven actor recién graduado del ISA, asumirá el personaje del pedagogo, su primer trabajo dentro de esta compañía profesional.
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