 Desde Haití Médicos de La Esperanza Juan Farrell Villa
Foto: Eugenio Duquesne
Enviados especiales CABO HAITIANO.—De montaña en montaña en un viaje de dos horas se llega a Pílate. A una altura de más de 900 metros sobre el nivel del mar está este sitio apartado y de difícil acceso del Departamento del Norte en Haití.
Contrario a lo esperado, la comuna exhibe desde su entrada calles adoquinadas, construcciones de mampostería y agradable clima. Angelito Gutiérrez, el jefe de la brigada médica cubana número siete, no oculta la sorpresa por los cambios experimentados en el ornato público.
Mientras, en los labios de nuestros acompañantes Zadis Navarro y Carlos de la Torre, dos jóvenes galenos santiagueros asoman pícaras sonrisas y la convicción de que ahí también están los resultados de su trabajo de educación ambiental y para la salud, además de la labor de coordinación con los líderes de las organizaciones comunales de la zona.
El recibimiento resulta cordial. Las enfermeras Isabel Mills, Elvia Salgado y Marlenis Pérez, técnica de laboratorio, exteriorizan alegría. Noticias de Cuba y cartas de los seres más queridos les iluminan sus rostros y un brillo intenso adornan los ojos.
Para la pinareña Isabel la retaguardia hogareña está garantizada. Repite con orgullo las palabras del amado esposo, al momento de la partida:
"¡Adelante que aquí me quedo yo...! Por favor publiquen su nombre: Ricardo Tamayo Alarcón, porque él también está cumpliendo una misión en Cuba. Se quedó al frente de la casa con los cuatro hijos; lava, plancha y es obrero de la planta de Oro, de Minas de Matahambre.
Otra buena nueva encontrada. Un pulcro y organizado hospital que hace honor a su nombre de La Esperanza y me recuerda el sistema de salud cubano, en particular las instituciones rurales construidas por la Revolución.
Allí el único personal médico son los cooperantes de la Mayor de las Antillas que, junto a varias enfermeras y técnicos haitianos, atienden una población de unas 65 000 personas en especialidades de medicina interna, obstetricia y pediatría.
Se trabaja duro las 24 horas para asegurar la atención hospitalaria, de consultas y de terreno en la actividad de dispensarización que va en incremento como la mejor solución a los problemas existentes en esta comuna.
En Pílate el reconocimiento a los médicos de La Esperanza es tácito. Sor Lucie, bondadosa monja y responsable del hospital, encomia el quehacer profesional y humano de los cubanos, a quienes admira y aprecia con el deseo público de que
"se queden más tiempo porque aquí los necesitamos."
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