Los talibanes y Osama Bin Laden

Arnaldo Musa

Tras derrotar uno tras otro a los diversos grupos fundamentalistas armados que detentaban diversas regiones del país, y finalmente expulsar de Kabul al presidente Rabbani y su gobierno, el movimiento Talibán se consolidó en el control del territorio y estableció sus propias autoridades.

Los talibanes habían entrado en Afganistán procedentes de territorio paquistaní en la década de los 80, donde se organizaron y entrenaron cuidadosamente durante varios años en unas llamadas "Escuelas de Teología".

Los talibanes han transformado a Afganistán en un emirato islámico, en el estado musulmán más estricto en el mundo contemporáneo, y ahora enfrentan que su estamento político-religioso puede ser destruido, con la pérdida de miles de vidas inocentes, si se concreta el ataque estadounidense.

REUTERS  

Osama Bin Laden, saudita sindicado como presunto responsable de los ataques del 11 de septiembre último en Nueva York y Washington.

El mundo en general tiende a considerar a los talibanes y a Osama Bin Laden como parte de un mismo movimiento. Eso no es exactamente así.

Fuentes occidentales de prensa insisten en que Bin Laden tomó relevancia con la ayuda del propio Estados Unidos y su CIA, porque Afganistán era un campo de batalla contra la entonces Unión Soviética. Luego, con la retirada soviética y la deposición y posterior asesinato del presidente afgano Najibullah, la nación se transformó en un lugar vacío de poder desde donde el saudita continuó su lucha contra otros estados, a quienes calificó como enemigos del Islam, principalmente Estados Unidos.

Por el contrario, los talibanes no son necesariamente antioccidentales ni antiestadounidenses, sino que, principalmente, se oponen a las influencias que ponen en peligro sus conceptos fundamentalistas.

Por lo pronto, decenas de miles de afganos continúan abandonando a su país, pese a que varias fronteras se les han cerrado, y otros se refugian en las zonas rurales, por lo que algunos analistas consideran que no sería muy honroso atacar a una de las naciones más pobres del mundo, donde un millón de personas deambulan constantemente para no morir de hambre.

Años de intensa sequía y más de 20 de guerra ha tenido que soportar el pueblo de Afganistán, uno de los más pobres del planeta, ahora en peligro de ser sometido a una agresión por la nación más poderosa del mundo.

En este sentido ya son muchos los que indican prudencia y serenidad a quienes han asumido la responsabilidad de desatar el genocidio contra el pueblo afgano. Solo así podría comenzar a desbrozarse el camino para el combate contra el terrorismo, y ganarían la paz y el mundo.

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