 Amplían atención al adulto mayor
Pastor Batista Valdés
LAS TUNAS.—La atención al adulto mayor en esta provincia es uno de esos fenómenos que, sin hacer mucho ruido, se ha venido ampliando y consolidando en los últimos años.
Porque no se trata únicamente ya de la existencia de los hogares de ancianos (nueve entre los ocho municipios tuneros) donde casi medio millar de abuelos reciben esmerada atención por parte de médicos, enfermeras, trabajadores sociales, terapeutas y otros especialistas, y en los que celebran cumpleaños colectivos, realizan ejercicios físicos, ven televisión, van a excursiones y viven, en sentido general, mucho más placentera y sanamente sus días de vejez.
Pero como afirma el doctor Manuel Quintana —jefe del departamento de asistencia social y adulto mayor en la dirección provincial de salud— otras alternativas permiten también que después de haberle dado más de 60 vueltas al calendario la persona no se sienta física ni espiritualmente sola o abandonada.
El funcionamiento del servicio de geriatría en los hospitales Ernesto Che Guevara, de la cabecera provincial, y Guillermo Domínguez (de Puerto Padre), constituyen quizás uno de los peldaños superiores de todo un sistema que se empina desde la base, donde recientemente se constituyeron 15 equipos multidisciplinarios de atención geriontológica llamados a interactuar con los cientos y miles de médicos, enfermeras y demás trabajadores de la salud que laboran en la red primaria.
Todo ello explica que más de 23 000 ancianos de esta provincia sigan activamente vinculados a círculos de abuelos, unos 13 000 a grupos de orientación y recreación de la comunidad, que no sea una incógnita la cifra
—2 337— de adultos mayores que viven solos y ya se esté atendiendo de algún modo a más del 95 por ciento de los 1 999 que presentan algún tipo de necesidad.
Esto, desde luego, encierra trabajo y recursos, no siempre disponibles, pero ello no ha imposibilitado atender e incluso desarrollar un programa tan sensible como el de atención al adulto mayor.
De hecho en algunas cubiertas, sistemas hidráulicos, colchones o persianas de esas instalaciones persiste la huella de la más difícil década que en el orden material ha enfrentado la Revolución cubana.
Pero a quienes entonces les faltó un familiar en casa, nunca les faltó en
"su otro hogar" el plato de comida previo a la siesta del mediodía o al sueño nocturno.
Tal vez por eso una de las cosas que más impresiona a los visitantes extranjeros es no hallar por doquier, como en otras partes del mundo, a ancianos higiénicamente descuidados, pidiendo limosnas o durmiendo en los nada cálidos rincones o en las afueras de edificios públicos.
Y eso, para nosotros tiene su más natural explicación... Para el que nos visita tiene, inexplicablemente, algo de
"encanto".
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