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 BNC, danza entre memorias TONI PIÑERA Muchas memorias quedaron atrapadas en el pasado cuando se descorrieron las cortinas de la sala García Lorca, del GTH, el viernes 14 de septiembre. Era una de las funciones de la temporada del BNC que acercó a la escena a: Festival de las flores en Genzano (Grand pas), Canto vital, Rítmicas, Rara avis y el Ballo della regina. Alegrías y nostalgias
"bailaron" en muchos espectadores.
Cuando una parte del BNC cosecha triunfos en España
—está a punto de concluir la gira—, la otra, la más joven, se enfrentó a un gran reto: la reposición de títulos exitosos y conocidos de la agrupación, donde dejaron sus huellas importantes figuras del firmamento cubano de la danza. Unos con más suerte que otros demostraron que una compañía se nutre con pasado y presente, con memorias y realidades. Fue, sin duda, una jornada alentadora donde todos entregaron un grano de arena al ballet nuestro.
La máquina del tiempo existe en cada uno de nosotros (la mente y dentro de ella, la imaginación se ocuparon de hacer retroceder el tiempo). Era pues, posible, con solo escuchar la música ver aparecer ante nosotros, sobre las tablas, a Loipa, Josefina, Aurora, Amparo, Rosario, Lázaro Carreño, Esquivel, Salgado, Williams y, por supuesto, a la gran e indiscutible maestra, Alicia... Sin embargo, el tiempo había pasado y las obras seguían motivando, con nuevos rostros que continúan el camino. No valen, pues, las comparaciones, cada momento tiene sus nombres. Aunque hay algo en que debe insistirse y subrayarse: ARTE. Aún puede ser temprano para pedirlo a los noveles bailarines, pero es menester que cada uno medite, reflexione y aprenda que sin esas cuatro letras incorporadas en sus adentros no podrán nunca llegar a serlo.
Eso falta en los últimos tiempos donde la técnica se empina por sobre todo. Esta es vital, pero hay que cultivar el estilo, oír y observar a los consagrados
—para eso están los videos—, estudiar, sentir la danza, dejarse llevar por la música y dialogar con ella. NO buscar el aplauso fácil, sino ganarlo después de una ardua faena.
LA FUNCION Lorna Feijóo puso broche de oro a la función del viernes, cuando nos volvió a sorprender con el Ballo della regina, coreografía de Balanchine. Esta pieza fue estrenada el pasado año durante el Festival de Ballet de La Habana, y montada en el BNC por la bailarina norteamericana Merril Ashley, para quien el maestro la creó especialmente en 1978. Un ballet en forma de divertimento, virtuoso, muy duro, en el que se exige el máximo de los bailarines. Lorna demostró nuevamente su clase y estar preparada para enfrentar cualquier código, como el estilo de Balanchine, que son los extremos.
Los muy juveniles Angel Blanco, Harold Quintero, Javier Torres y José Guindo dieron todo, aunaron ganas de hacer y destreza para entregar la hermosa y difícil coreografía Canto vital, de Azari Plisetski. Lógicamente, de ahora en lo adelante deberá ser trabajada consecuentemente para devolverle matices de estilo, detalles y fuerte proyección que tuviera una vez. Algo semejante a lo que ocurrió en Rara avis, imaginativa coreografía del maestro Alberto Méndez, que sin alcanzar el brillo característico fue interpretada con inteligencia por Karelia Sánchez, Tania Suárez y Mercedes Piedra. La hermosa Verónica Corveas se destacó, como lo ha hecho
siempre, en Rítmicas, de Iván Tenorio, en la que tuvo como compañero al debutante Romel Frómeta. Ambos tienen excelentes dotes físicas y un biotipo ideal, y con profesionalismo sortearon las dificultades del pas de deux: el contraste entre la técnica clásica y los elementos del baile popular cubano. Ellos dieron la cubanía mediante el lenguaje académico. El Grand pas de El Festival de las flores en Genzano, tuvo en la pequeña-gran bailarina Anissa Curbelo a una excelente intérprete
—como de costumbre ocurre en cuanto acomete—, quien estuvo bien secundada por Maikel Acosta. El cuerpo de baile merece un elogio particular por la labor realizada en toda la función. Fue también un gran protagonista.
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