pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

Tras la llegada de Los Angeles

El sol y la sombra

ROLANDO PEREZ BETANCOURT

Ya esta en suelo cubano la delegación que partió hace una semana hacia Los Angeles para participar en la entrega del Grammy Latino y que el mismo día de la ceremonia se encontró, al igual que el resto del mundo, con que el globo terráqueo seguía siendo un juguete demasiado costoso en manos de los hombres.

Entre las repercusiones de los atentados terroristas para la industria fílmica norteamericana se halla la suspensión del estreno de Daños colaterales, cuya trama se basa precisamente en el terrorismo.

Fue una semana intensa que no arrojó resultados concretos en cuanto a quiénes fueron los ganadores del Grammy, pero sí maduró factores de conciencia en la raza humana, relacionados con el barril de pólvora, y mecha encendida, sobre el que se encuentra sentada.

Según Michael Greene, presidente de la Academia de los Grammy, todavía no está definido si se celebrará una ceremonia en el futuro con todas las luces concebidas para el frustrado acto del día 11, o en su lugar se realice una sobria entrega de los galardones, ya sin el espectáculo.

La suspensión de los Grammy y de otras programaciones en los Estados Unidos ha reportado fuertes pérdidas económicas y lo que se haga en el tiempo por venir estará condicionado al momento de tensión que vive la comunidad internacional, tras el ataque terrorista a importantes objetivos en territorio norteamericano y que cobró miles de víctimas.

Como todavía los aeropuertos en los Estados Unidos no han regularizado sus vuelos, la delegación cubana tuvo que trasladarse por carretera hacia Tijuana, México, y de ahí en vuelo hasta La Habana. El día anterior se había realizado una donación de sangre en el Hospital Infantil de Los Angeles, que este periodista recogió en un envío extraviado en los a veces traicioneros caminos de la electrónica.

Se hablaba allí del agradecimiento de las autoridades del hospital en este momento de dolor que vive el pueblo norteamericano. Un agradecimiento que se evidenció en el trato cariñoso que todos recibimos por parte de las enfermeras durante los preámbulos clínicos de la donación, y en los estrechones de manos a la despedida, rubricando ellos un "gracias por su generosidad" que a todos nos hizo sentir muy bien.

¿Qué menos podía hacer un grupo de cubanos en los Estados Unidos por aquellos hombres, mujeres y niños heridos en lo físico, y que aquí y allá aparecían llorando a sus seres queridos, o con velas encendidas, demasiado tiempo encendidas, como tributo a la esperanza de que sus desaparecidos fueran encontrados vivos, cada uno de esos dolientes reflejando un dolor indescriptible?

A nuestra salida de Los Angeles, los periódicos habían comenzado a publicar historias estremecedoras acerca de familias involucradas en la catástrofe. Historias y fotos, en especial las de los niños, frente a las cuales el más fuerte no puede reprender la emoción, y que a los cubanos, necesariamente, les hace voltear el recuerdo hacia aquel día terrible de 1976, en que un avión nuestro, llevando una carga joven, preciosa, fue volado en pleno vuelo por manos terroristas.

Si alguien conoce lo que es el terrorismo por llevar marcas en su piel durante muchos años, ese es el pueblo en que crecimos. De ahí que desde las tierras del Norte resultara fácil imaginar el sentimiento de condolencia que debía prevalecer entre nuestro pueblo hacia las víctimas norteamericanas.

También en la despedida, se sucedían por la televisión y la radio entrevistas y encuestas acerca de cuál debía ser la reacción del gobierno contra el golpe perpetrado en Nueva York y Washington. Aunque prevalecían las voces sensatas de la población, llamando a la reflexión y a la inteligencia antes de tomar las respuestas pertinentes, no faltaban los alaridos irracionales, de venganza, reclamando cohetazos a los cuatro vientos.

Unos tambores de guerra aupados por cierta prensa bajo el razonamiento reduccionista de que "en el mundo se está a favor, o en contra de los Estados Unidos".

Mezquitas que tienen que ser vigiladas por la policía, musulmanes norteamericanos amenazados, árabes en Nueva York y en otras ciudades que deben permanecer recogidos, llamadas telefónicas anunciando falsas bombas, edificios enteros desalojados, los trabajadores del Empire State con un miedo absoluto de ir al trabajo porque saben que derrumbadas las Torres Gemelas retoman el símbolo de la gran verticalidad urbana...

En medio de ese clima de confusiones, los religiosos que participaron en la misa celebrada en la Catedral Nacional de Washington llamaron a "evitar las venganzas ciegas".

Pero a la salida de los Estados Unidos, hace unas horas, el termómetro hacía pensar en el inicio de una guerra, de la que solo se pudiera prever eso, el inicio.

Amigos de Cuba, norteamericanos muy buenos e informados acerca de la realidad del mundo, y que durante estos días expresaron su afecto brindando una ayuda efectiva, coinciden en un pensamiento que en tierras del Norte parece haber ganado condición de categoría: "A partir de ahora este país nunca más volverá a ser el mismo".

Fue precisamente las manos en alto de esos amigos, despidiéndonos a la salida del hotel, nuestra última gran emoción en Los Angeles, al tiempo que a lo lejos se escuchaba el ulular de varias sirenas.

Subirtop.gif (129 bytes)