Sombrilla de la vida

ORFILIO PELAEZ

Cuando en la década del 70 del pasado siglo los doctores Mario Molina y Shedwod Rowland dieron en la revista Nature la primera clarinada sobre la posible destrucción de la capa de Ozono, el asunto apenas rebasó el interés de determinados círculos académicos.

ALDO MEDEROS   

En la estación de Casablanca se hacen entre 8 y 9 mediciones diarias sobre el contenido total de ozono en la estratósfera.

Ambos científicos alertaban por entonces que las moléculas de los clorofluorocarbonos (gases muy utilizados en aquellos tiempos en la industria de refrigeración y la de aerosoles), al quedar libres en la estratósfera y mediante procesos químicos, eran capaces de interactuar con las de ozono y eliminar buena parte de ellas.

Un hallazgo hecho por especialistas británicos en 1985 puso fin al anonimato público del tema al comprobarse que en una de las bases inglesas de observación ubicadas en el Polo Sur los valores de ozono eran notablemente bajos con respecto a los registros normales durante el invierno austral.

Tal descubrimiento marcó la aparición por primera vez del término Agujero de Ozono sobre la Antártida y a partir de aquel suceso, las predicciones relacionadas con el deterioro de la capa ocuparon un sitio respetable entre los abundantes quebraderos de cabeza de nuestro tiempo.

ESCUDO PROTECTOR

El ozono es un gas de color azul y constituye una forma inestable del oxígeno, compuesto por tres átomos en lugar de dos. Se le llama capa a la zona de la estratósfera (entre 15 y 40 kilómetros de altura), donde existen las mayores concentraciones y su espesor en condiciones normales es de unos tres milímetros.

La principal función del  también llamado escudo protector de la Tierra es reducir la intensidad de las radiaciones ultravioletas procedentes del Sol, que de llegar a la superficie con toda su magnitud, ocasionarían grandes peligros para la salud del hombre y la vida animal y vegetal.

Los valores de ozono estratosférico se miden en unidades Dobson y los expertos las consideran aceptables cuando están por encima de las 300 unidades.

En los últimos años los científicos han comprobado que el cloro y el bromo contenidos en sistemas de refrigeración, acondicionadores de aire, solventes, spray y extintores de incendios, son sustancias que agotan la capa y por tanto, se debe ir a su progresiva sustitución, como lo estipula el Protocolo de Montreal, firmado en 1987 y ratificado hoy por más de 160 países.

TRANQUILIDAD EN EL TROPICO

El doctor Juan Carlos Peláez, del Centro de Física de la Atmósfera del Instituto de Meteorología y miembro de la Comisión Internacional de Ozono, dijo a Granma que según las mediciones realizadas en los últimos años, sobre Cuba y el resto de la zona tropical, el espesor de la capa se mantiene dentro de los valores habituales.

Por el contrario, apuntó, con respecto a 1979 las pérdidas de ozono para las latitudes medias y altas de ambos hemisferios durante los meses de invierno y primavera, han sido del 6 por ciento por década, algo de veras alarmante pues se convierte en un problema global que exige soluciones mundiales.

En septiembre del 2000 el Agujero sobre la Antártida alcanzó la cifra récord de 25 millones de kilómetros cuadrados (equivale a casi toda la superficie de América del Norte), con valores mínimos de ozono de hasta 95 unidades Dobson, mientras ya en los primeros diez días de este mes cubría 19 millones y es posible que en la última decena se aproxime en extensión al del pasado año, señaló Peláez.

Un solo milímetro que se reduzca la capa, advirtió, incrementa de manera notable la radiación ultravioleta sobre la Tierra y con ello el riesgo de contraer cáncer de piel, sufrir cataratas, quemaduras y daños al sistema inmunológico de las personas, en tanto provocaría serios daños en especies de la flora y la fauna marina y terrestre, además de perjudicar la calidad del aire, efectos totalmente comprobados por la ciencia.

El especialista afirmó que la tendencia al agotamiento de la capa de Ozono puede ser revertida si se cumplen todas las acciones establecidas en el Protocolo de Montreal, incluso, pudiera recuperarse casi de manera total para el año 2050, de acuerdo con los estudios más recientes.

Una noticia puso fin al diálogo con el investigador. En los próximos meses los datos sobre el índice de radiación ultravioleta en horas del mediodía comenzarán a darse públicamente en nuestro país, como un aporte más de la meteorología al bienestar del hombre.

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