 Desde Los Angeles Martes 11 y la segunda inocencia Rolando Pérez Betancourt
Enviado especial de Granma LOS ANGELES, California.—Un día después de la catástrofe terrorista que sigue sin arrojar cifras oficiales en lo que se sabe serán miles de fallecidos, el pueblo estadounidense parece haber despertado con una gran interrogante: ¿Cómo es posible que seamos blanco de un hecho como este?
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Bomberos en operaciones de rescate de posibles sobrevivientes en las ruinas del World Trade Center, Nueva York. Parte de tal cuestionamiento fue respondido por un ex oficial del FBI que declaró ante las cámaras de televisión que
"en los Estados Unidos no se piensa en seguridad, aquí pensamos que el terrorismo está hecho para otros países y que nunca nos tocará a nosotros".
Injustificable, doloroso, el objetivo terrorista contra dos símbolos del poder económico y militar parece haber puesto a reflexionar acerca de los factores que intervienen para que un buen día un gran país y el mundo se encuentren girando sobre un soporte de barro.
Si cuando en los años sesenta, con la guerra de
Viet Nam, la explosión de los enfrentamientos raciales y el desencadenamiento de la droga se habló por parte de los sociólogos de una pérdida de la inocencia ciudadana, ahora ese mismo término vuelve a utilizarse, aunque con una connotación diferente.
Una "segunda inocencia ciudadana" esfumada de un pestañazo y que muchos han calificado como marca indeleble en la memoria de una población empeñada en buscar, de súbito, una rápida respuesta al fenómeno de terror en que se encuentra viviendo.
Aquí no solo se llora a los muertos y se trabaja denodadamente por retornar a la vida a los pocos supervivientes que puedan encontrarse bajo los escombros de las dos torres destruidas en Nueva York, sino que, en alguna medida, se tratan de abrir comprensiones a viejos temas de la historia y del convivir de la humanidad.
Lo anterior es algo que se puede apreciar en las diferentes televisoras que siguen transmitiendo bajo el rótulo de
"Estados Unidos bajo ataque" y por donde desfilan especialistas que abordan el tema de la agresión, sus causas y efectos desde los puntos de vista más controvertidos y en no pocas ocasiones con una simpleza desconcertante.
Si bien es cierto que esta catástrofe es conmovedora
—esos cadáveres navegando en barcaza por el río Hudson—uno quisiera que algunos resortes de entendimiento se abrieran en la cabeza de esos analistas empeñados en presentar el viejo argumento de
"el choque de civilizaciones" como causa única, fundamental, de una problemática más compleja y causante de que tras el golpetazo mortífero del martes 11, muchos ciudadanos hablen con escalofrío del próximo avión que tendrían que abordar.
De buenas a primera el aeroplano, hasta ahora un amigo inseparable de la edad moderna, se ha convertido en un arma aterradora. En las televisoras de Los Angeles, ciudad que sigue bajo el estado de Alerta Máxima, se recibieron llamadas de personas que sabiendo que el aeropuerto se encontraba cerrado vieron aviones en lo alto.
"Son cazas F-16 patrullando el espacio aéreo", tranquilizaron los conductores.
Este periodista confiesa que luego de presenciar más de cien veces las escenas de los aeroplanos incrustándose contra las Torres Gemelas, ha comenzado a sentir cierto respeto por un gigantesco anuncio de aviación situado frente a la ventana de su cuarto en el hotel.
No por gusto los psicólogos han comenzado a recomendarles a los padres que no deben permitir a sus hijos ver por televisión la reiteración de la catástrofe. Imágenes
—han dicho ellos— que atentan contra un concepto infantil relacionado con la fragilidad de la vida.
Excepto casos de los inescrupulosos de siempre que se aprovechan para el saqueo en medio de la confusión, resulta estimulante para la condición humana ver cómo cientos de miles de norteamericanos acuden a los bancos de sangre en todas partes del país para cumplir el pedido de la Cruz Roja de recaudar un millón de donaciones.
La televisión pasó imágenes de Fidel ofreciendo al pueblo estadounidense la ayuda cubana en estos momentos de dolor y luto y amigos conocidos durante este viaje se han acercado para expresar su gratitud.
Por la pequeña pantalla siguen apareciendo intervenciones del
Presidente de los Estados Unidos y de otras altas figuras del país, prometiendo que los culpables serán castigados y que la calma debe prevalecer.
Nadie duda que el martes 11, despertar entre las sábanas del diablo, acaba de entrar por el túnel negro de la Historia.
¿Pero quién puede prever la salida, las luces de justicia, el control e inteligencia que necesita tanta tragedia?
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