Suspendidos los Grammy

También Los Angeles a la expectativa

Rolando Pérez Betancourt
Enviado especial de Granma

LOS ANGELES, California.—Lo que debía ser en esta ciudad un día de fiesta se ensombreció sorpresivamente con una noticia imaginable solo en el cine y que está siendo transmitida en vivo por las cadenas de televisión del país con un cintillo en pantalla estremecedor: "Estados Unidos bajo ataque".

Los televidentes de Los Angeles que hoy en la mañana conectaron sus aparatos interesados en buscar noticias relacionadas con la entrega de los Grammy, debieron restregarse los ojos varias veces al encontrarse con esas imágenes mostrando el desmoronamiento de las torres gemelas de Nueva York tras el impacto de dos aviones.

Como es lógico, la ceremonia de los Grammy que debía ser transmitida a 120 países fue suspendida.

Autoridades del país que constantemente son entrevistadas por las televisoras insisten en la alerta de máxima seguridad establecida y en las posibilidades de que un nuevo ataque pueda producirse no se sabe dónde.

Mientras se escribían estas líneas se dio a conocer la conclusión de una noticia que mantenía en vilo a la ciudad: uno de los aviones secuestrados que se dirigía a Los Angeles, no se sabe con qué objetivo, se estrelló en un lugar desconocido.

Si a esto se le une que dos aviones más de los involucrados en los hechos, debían también venir a Los Angeles procedentes de Boston, se podrá tener una idea de cuántas familias de aquí se encuentra directamente vinculadas a los pasajeros que fallecieron en esas aeronaves.

El hotel donde se aloja la delegación cubana está muy próximo al aeropuerto y es usual cuando se está al aire libre apreciar en lo alto la circulación constante de los vuelos. Hoy día 11, sin embargo, ni una sola nave ha sido vista como parte de una medida que se toma por primera vez en la historia de este país: cerrar todos los aeropuertos de la nación.

Hay otro hecho que evidencia el recogimiento de esta ciudad, famosa por sus grandes carreteras y el gran número de carros que por ellas circulan: basta asomarse a la ventana del hotel o dar un corto paseo por los alrededores para percatarse que este no es Los Angeles de siempre y que muchísimas personas permanecen en sus casas atentas a las noticias.

Las emisiones de televisión, al tiempo que tratan de desentrañar las muchas incógnitas que aún encierran los acontecimientos, adelantan lo que según periodistas y entrevistados deben ser próximas y extremas medidas relacionadas con el tránsito en los aeropuertos y la inmigración.
Algunos aseguran que el ataque de muerte masiva contra símbolos del país puede considerarse psicológicamente como una guerra de Viet Nam y otros sacan a relucir la consternación que hace ahora exactamente 60 años causó a la nación el ataque a Pearl Harbor.

A las impresionantes imágenes de personas tirándose al vacío desde las Torres, prefiriendo morir en el salto antes de ser abrasadas por las llamas, se suman las declaraciones de no pocos asegurando sentirse inseguros viviendo en los Estados Unidos.

Se ha criticado igualmente las medidas de seguridad en los aeropuertos, según algunos con más apariencia de control que efectividad, debido a un personal poco calificado, con salarios mínimos y trabajando con equipos anticuados.

Sobran críticas y reproches en las televisoras, en este momento de grandes preguntas y consternación.

Y por supuesto, no pocos se cuestionan preocupados hasta dónde podrá llegar la reacción del gobierno.

Terminando de escribir informan que se han tomado medidas en los almacenamientos nucleares y que aún hay peligro. Siento en la atmósfera el mismo clima de terror que magistralmente se han recreado en algunas películas.

Pero esto no es una película ni el final se sabrá en hora y media.

Los Estados Unidos y el mundo se mantienen en tensión, a la expectativa en este planeta impredecible, complicado, lleno de sorpresas a causa de factores videntes para unos e invisibles para otros.

Muchas sorpresas para el siglo XXI que recién comienza, la menor de ellas, la de este periodista que vino a Los Angeles a escribir del Grammy, de música, cine y cultura y ahora teclea palabras demasiado relacionadas con la vida y con la muerte.

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