 Judo respalda temprano su aspiración olímpica Oscar Sánchez Para el judo cubano el 2001 se presentó desde sus inicios como un riguroso examen. El circuito europeo clase A, el Campeonato Mundial en Munich, Alemania, y las Universiadas de Beijing, tres cimas muy exigentes, aparecían en el calendario competitivo.
Pero el rigor iba más allá del acostumbrado alto nivel de esas cotas. Había que ir por esas cumbres con nuevos escaladores, quienes, además, querían también conquistarlas.
Casi un 80 por ciento de renovación sufrió la plantilla femenina, considerada por muchos como el mejor equipo de la última década del pasado siglo, mientras el cambio en el sector masculino rozó el 70 por ciento.
Cinco muchachitas se estrenaron en la justa mundialista alemana y las cinco sacaron de ese debut una presea, las cuales se sumaron a las conquistadas por Legna Verdecia, campeona olímpica, y Daima Beltrán, dos veces titular en certámenes del orbe. Ese solo saldo ya validaba la más alta calificación, pues la escuadra de mujeres mantuvo su sitio en la elite.
Habría que agregar que dos de esas jóvenes, Yurisleidis Lupetey (57 kilogramos) y Yurisel Laborde (78), llegaron hasta la final, con saldo de campeona para la primera y plata al cuello de la santiaguera. El resto terminó en bronce.
Mas no quedó ahí, los triunfos continuaron en la versión china de los Juegos Mundiales Universitarios, donde Lupetey repitió su actuación dorada junto a su compañera Danieska Carrión (48), en tanto Anaisis Hernández (63) llegó a la final ascendiendo al segundo escaño y Leyén Zulueta (70) finalizó con premio de tercera.
Del lado varonil, tres de los siete judocas aparecían por primera vez en una cita del orbe y dos fueron a su segunda prueba. Para Yordanis Arencibia el hecho de repetir su labor bronceada le permitió continuar siendo uno de los hombres más respetados del mundo en los 66 kilogramos. Y aunque Manolo Poulot, que llegó a Alemania a defender su corona, no alcanzó la premiación, tampoco dejó dudas de que se mantiene en su condición de grande en los 60. Una lesión en medio de la lid lo alejó de la lucha por las medallas.
Creo que el resultado en Beijing pudo ser mejor, mas la presea dorada de Yosvani Despaigne pone al colectivo masculino ante una perspectiva halagüeña, porque a este moreno cienfueguero de los 90 kilogramos solo le faltaba encaramarse en el podio para demostrar sus reales potencialidades. Antes de este debut áureo en una lid de envergadura, él había vencido en reiteradas ocasiones a lo más selecto del orbe en su división... pero le restaba hacerlo, como lo hizo en China, en una competición de envergadura. Despaigne se suma ahora a Poulot y Arencibia formando un trío, al que tiene que acabar de integrarse Gabriel Arteaga (81), capaz de mucho más. Y si la fogosidad de Héctor Lombá (73) le da entrada a un pensamiento táctico que sea capaz de conducir su carácter, entonces el matancero podría convertirse en una amenaza mundial para ese peso.
Lo cierto es que, justo en el primer año del cuatrienio, estos jóvenes han tomado muy en serio la estrategia del movimiento deportivo cubano en aras de multiplicar los resultados en los grandes escenarios. Ya dieron el primer paso, aprobar el duro examen del 2001, para respaldar la aspiración olímpica de Atenas-2004.
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