 abrecartas A cargo de GUILLERMO CABRERA ALVAREZ No es que uno no tenga motivos para quejarse, pero también debemos ver el lado bueno de la vida. Si fuera a escribir todas mis quejas, no me alcanzarían varios tabloides, pero al mismo tiempo necesitaría todo el papel que hay en la Biblioteca Nacional José Martí, para hablar de las cosas que debo agradecer. Una sonrisa hace milagroso un día. Un vaso de agua con amor, no tiene recompensa. Cosas sencillas y cotidianas, bastan. Viajo por todos lados a eventos de la Iglesia. Tengo familiares en Florencia, amistades en Camagüey. He ido 14 veces al Cobre, no por promesas, porque no soy adicto a eso, aunque no critico el que lo hace de corazón. No soporto el que le pone condiciones a Dios:
"Si tú me das aquello, yo te doy esto". Hay tanto que agradecer; al que me ha dicho:
"tiene que bajarse aquí" o "el tren pasa a tal hora" o "la parada de esa ruta es al doblar". No creo en período especial para viajar. He trotado el mundo desde Baracoa hasta Las Martinas. No es cierto que este mundo esté perdido. ¡He visto tantas muestras de solidaridad!: jóvenes que ayudan a los ancianos a cruzar calles, hombres que ayudan a las mujeres a bajar de camiones. A mí los jóvenes me respetan, son cariñosos, y me dan el asiento. ¡Usted quiere más delicia que sentarse en el parque Céspedes, en Santiago, o caminar por Enramada! Aquí donde me ve
—y lo digo sin jactancia—, he conocido a personas importantes: Yadira García, Carilda Oliver, Idelfonso Acosta, su Eminencia Jaime Ortega. Tengo una carta del Papa Juan Pablo, con la bendición apostólica extensiva a mi familia. He conocido personalmente a artistas famosos: Rosita Fornés, Ester Borja, entre muchos, y solo me falta hablar con Fidel y con los Pastores por la Paz. No, el mundo no está perdido, pasa que los medios dan mucha cobertura a los desastres, las guerras, la caída del dólar, las mafias. Prefiero fijarme en lo bueno, empezando por mi familia, por mi cuadra. ¡Mire que hay solidaridad en este mundo! Gente que apuesta por el bien y el amor entre los seres humanos. Como en el caso de Elián, con los cinco patriotas cubanos encarcelados, con los palestinos, con la isla de Vieques, con los saharauí. Las hermosas tribunas son un hermoso tributo a la solidaridad y al amor. Esas escuelas internacionales de deportes, de ciencias médicas, cumplen con el mandato de Cristo:
"¡Amaos los unos a los otros!" He visitado casi todos los museos de las capitales provinciales y de algunos municipios. En 1972 fui por primera vez a Santiago y estuve una tarde con Doña Rosario García, la mamá de Frank. No
quiero morirme sin conocer a Fidel, y para eso le escribí y ya recibí respuesta. No he viajado fuera de Cuba porque hay muchas barreras aduaneras, pasaportes, cartas, visas. Visito a muchos amigos árabes aquí en Matanzas, y he tenido el Corán en mis manos. Todo lo que he logrado en la vida ha sido con esfuerzo, sin palanca. Son cosas que me dan prestigio ante mí mismo. Perdone las faltas y lo extenso y le pido disculpas por ocuparle el tiempo. Las faltas son principalmente de la máquina que es muy antigua, fabricada en 1923.
(Eridio Rosa, Cabezas, Matanzas)
Me doy el placer de publicar su carta y solo omito las opiniones suyas sobre
mí.
Tiene usted razón: los medios cargan mucha tristeza en sus páginas, en las imágenes, en las sonoridades. Los periodistas no inventamos el mundo, solo lo registramos. La prensa es el acta notarial del tiempo que se vive, el borrador de historias cotidianas. Y este tiempo nuestro de cada día está cargado de tristeza, de muerte.
De todos modos, usted y yo, y la inmensa mayoría de nuestro pueblo pertenecemos al bando de los optimistas. Un educador canadiense, Laurence J. Peter (1919-90), daba esta definición de pesimista:
"El pesimista es un hombre que mira para ambos lados antes de cruzar una calle de un solo tránsito" (a pessimist is a man who looks both ways when he's crossing's one-way street).
Siga así, de caballero andante.
Escríbanos:
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Periódico Granma
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