Creo
en la movilización y la lucha de los pueblos. Creo en las ideas justas.
Creo en la verdad. Creo en el hombre.
Así concluyó sus vibrantes palabras el Presidente cubano, Fidel
Castro, al hablar este sábado ante el plenario de la Conferencia Mundial
contra el Racismo que desarrolla sus sesiones en Durban, Sudáfrica.
Fidel dijo que el racismo, la discriminación y la xenofobia
constituyen un fenómeno social, cultural y político, no un instinto
natural de los seres humanos; son hijos directos de las guerras, las
conquistas militares, la esclavización y la explotación individual o
colectiva de los más débiles por los más poderosos a lo largo de la
historia de las sociedades humanas.
Más adelante manifestó que "nadie tiene derecho a sabotear esta
Conferencia que trata de aliviar, de alguna forma, los terribles
sufrimientos y la enorme injusticia que estos hechos han significado y
todavía significan para la inmensa mayoría de la humanidad. Ni mucho
menos alguien tiene derecho a poner condiciones, exigir que no se hable
siquiera de la responsabilidad histórica e indemnización justa, o sobre
la forma en que decidamos calificar el horrible genocidio que en estos
mismos instantes se comete contra el hermano pueblo palestino por parte de
líderes de la extrema derecha que, aliados a la superpotencia
hegemónica, actúan hoy en nombre de otro pueblo que a lo largo de casi
dos mil años fue víctima de las más grandes persecuciones e injusticias
cometidas en la historia.
Más adelante el mandatario cubano dijo que "cuando Cuba habla de
compensación, y apoya esta idea como ineludible deber moral con las
víctimas del racismo, contando con un importante precedente en las
indemnizaciones que están siendo recibidas por los descendientes del
propio pueblo hebreo, que en pleno corazón de Europa sufrió un odioso y
brutal holocausto racista, no pretende la imposible búsqueda de los
familiares directos o los países concretos de procedencia de las
víctimas por hechos ocurridos durante siglos. Lo real e irrebatible es
que decenas de millones de africanos fueron capturados, vendidos como
mercancía y enviados al otro lado del Atlántico para trabajar como
esclavos, y que 70 millones de aborígenes indios murieron en el
hemisferio occidental como consecuencia de la conquista y la colonización
europeas".
Luego Fidel se refirió a que la "inhumana explotación a que
fueron sometidos los pueblos de los tres continentes, incluida Asia,
afectó el destino y la vida de más de 4 500 millones de personas que
habitan en los pueblos del Tercer Mundo, cuyos índices de pobreza,
desempleo, analfabetismo, enfermedades, mortalidad infantil, perspectivas
de vida, y otras calamidades imposibles de enumerar en breves palabras,
sorprenden y horrorizan. Estas son las víctimas actuales de aquella
barbarie que duró siglos, y los inconfundibles acreedores a la
indemnización por los horrendos crímenes cometidos con sus antecesores y
sus pueblos".
Fidel se refirió seguidamente a que los países desarrollados y las
sociedades de consumo, responsables en la actualidad de la destrucción
acelerada y casi indetenible del medio ambiente, han sido los grandes
beneficiarios de la conquista y la colonización, de la esclavización, la
explotación despiadada y el exterminio de cientos de millones de hijos de
los pueblos que hoy constituyen el Tercer Mundo, del orden económico
impuesto a la humanidad tras dos monstruosas y destructivas guerras por el
reparto del mundo y sus mercados, de los privilegios concedidos a Estados
Unidos y sus aliados en Bretton Woods, del FMI y las instituciones
financieras internacionales creadas exclusivamente por ellos y para ellos.
LOS FONDOS PARA SALVAR AL MUNDO DE LA TRAGEDIA EXISTEN
En sus palabras este sábado ante la Conferencia Mundial contra el
racismo, el Presidente cubano enfatizó en que es hora de poner fin a la
dramática situación de las comunidades indígenas en el resto de nuestro
hemisferio. Su despertar, su propia lucha y el reconocimiento universal
del monstruoso crimen cometido contra ellas, lo hacen impostergable.
Los fondos necesarios para salvar al mundo de la tragedia existen,
aseguró Fidel, quien más adelante enumeró aspectos vitales para
encontrar esa solución.
Dijo el líder cubano:
Póngase fin verdaderamente a la carrera armamentista y al comercio de
armas, que solo engendrarán desolación y muerte.
Aplíquese al desarrollo una buena parte del millón de millones de
dólares que se dedica cada año a la publicidad comercial, forjadora de
ilusiones y hábitos de consumo imposibles de alcanzar, junto al veneno
que destruye las identidades y las culturas nacionales.
Cúmplase la entrega prometida del modesto 0,7 por ciento del Producto
Nacional Bruto como ayuda al desarrollo.
Póngase fin, cuanto antes, al genocidio del pueblo palestino que tiene
lugar ante los ojos atónitos del mundo. Protéjase el derecho elemental a
la vida de sus ciudadanos, de sus jóvenes y sus niños. Respétese su
derecho a la independencia y a la paz, y nada habrá que temer a los
documentos de Naciones Unidas.
Finalmente, Fidel explicó que "estamos ante una gran crisis
económica, social y política de carácter global. Hagamos conciencia de
estas realidades. Surgirán alternativas. La historia ha demostrado que
solo de las grandes crisis han salido las grandes soluciones. De las más
variadas formas el derecho de los pueblos a la vida y la justicia se
impondrá inevitablemente.