Políticos norteamericanos aprenden "espanglish"

FELIX LOPEZ

Estados Unidos es posiblemente el único país del hemisferio que tiene cinco estaciones cada año: invierno, verano, primavera, otoño y elecciones. Esta última es la más duradera e impredecible. Y es más nociva que el frío, las lluvias o los huracanes que cada año acechan el sur del país, casi siempre entrando por la Florida.

En ese estado se recoge también el peor récord de una "estación" de elecciones en la historia norteamericana. Al punto que todavía no han podido superar todas las secuelas que dejó a su paso la anterior campaña, un proceso tan cirquero como fraudulento. Una de ellas, la de la influencia hispana, ha puesto a pensar a más de un republicano o demócrata con pretensiones.

En evidente operación de marketing, los políticos intentan aprender español. En la sede del Congreso estadounidense, los legisladores han empezado a tomar casetes y libros de texto para practicar la lengua de Cervantes y usarla en conversaciones con los votantes, dar discursos o entrevistas a canales de televisión, radiodifusoras o periódicos en español.

"Es una forma muy rápida y fácil para un candidato que quiera simpatizarles", explica Lisa Navarrete, del Consejo Nacional de la Raza, un influyente grupo de activistas en favor de los hispanos: "Sin embargo, los candidatos necesitan darle sustento a ese acercamiento con posiciones sólidas respecto a temas como el salario mínimo, la educación y el cuidado de la salud, a fin de asegurar si efectivamente van a recibir los votos que buscan".

En resumen, el mayor éxito será del que logre inventar más promesas en español. Según las estadísticas, la población hispana de Estados Unidos se incrementó en casi un 60 por ciento durante la última década y ahora compone más del 13 por ciento de la población en 122 de los 435 distritos electorales del país.

Demócratas y republicanos están al tanto del potencial que tienen los hispanos para cambiar el mapa político. Motivo suficiente para cortejarlos agresivamente con miras a las elecciones legislativas del 2002 y la contienda presidencial del 2004. Ya veremos el show del disparate, cuando comiencen a aterrizar en Miami los candidatos que prometan "akavar con Kuva".

Por el momento, los funcionarios públicos se sienten indiferentes a la nueva moda con que los políticos pretenden llegar a los hispanos. De manera general, contratan a empleados que hablen el idioma o mandan a traducir los comunicados de sus oficinas.

Un hispano común, entrevistado recientemente por una televisora, resumía así la opinión de sus correligionarios: "La cuestión, realmente, no es si hablan español o no, lo que hace falta es que tengan alguna verdad que decirnos".

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