Sería una verdadera noticia

MARIO JORGE MUÑOZ

Los gobiernos estadounidenses y el banquillo de los acusados disfrutan, desde hace varios años, una relación bastante morbosa. Son inseparables. No pueden vivir el uno sin el otro. Cualquier pareja envidiaría tanto apego. Washington se las arregla, de una u otra forma, para ganarse el sitio de los culpables. De los enemigos de todo cuanto habita en esta gigantesca aldea.

No es noticia que la Casa Blanca recomendara a su Secretario de Estado que no viajara a Durban. Tampoco lo es que sus personeros rechacen cuanta acusación se haga contra su cómplice histórico —y también diabólico— Israel. Repito: la posición norteamericana no debe sorprender a nadie.

¿Acaso EE.UU. no ha rechazado la Convención de los Derechos de la Infancia, el Protocolo de Kyoto, no pretende también instalar un escudo antimisil y de paso darle un nuevo empujón a la carrera armamentista? Por qué asombrarse de su hostilidad ante la Cumbre contra el Racismo.

¿Qué se puede esperar de un Presidente que en su anterior puesto, al frente del gobierno del estado de Texas, estableció el récord estadounidense de sentencias a la pena de muerte en menor cantidad de tiempo? Ojo: en este índice, por supuesto, sobresalen los nombres de latinos y afronorteamericanos.

Noticia verdadera habría, por ejemplo, si Washington anunciara que pondría sus multimillonarias reservas a disposición de los cientos de millones de pobres de este mundo, los mismos —y no es casual, sino causal— que hoy exigen en Durban un mundo de paz, igualdad, libre de racismo e intolerancia.

Información de primera plana tendríamos si el Primer Mundo aceptara su culpa histórica en la mala vida que le ha regalado al Tercero y en acto de vergüenza y honradez, comenzara a trabajar en serio, a "repartir el pan nuestro de cada día" entre la mayoría desamparada del planeta.

No en forma de donaciones, ni de obras de caridad que solo se asemejan a las migajas lanzadas a la cara del pobre, sino como la única manera digna de pagar la inmensa deuda externa que tienen con ese 80 por ciento de la Humanidad que malvive en tiempos de tanto desarrollo y opulencia.

Solo así tendríamos verdaderas noticias. Lamentablemente, en un "mundo patas arriba" la lógica es el absurdo. Y el banquillo de los acusados, lejos de ser el sitio abominable, se ha convertido en el lugar preferido de la potencia hegemónica que pretende tener en sus manos los destinos del mundo.

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