BEIJING, 1 de septiembre (PL). —
Fabulosa, extraordinaria, fueron algunos de los calificativos pronunciados
hoy aquí sobre la multitudinaria fiesta de luz y color que marcó el fin
de los XXI Juegos Deportivos Universitarios iniciados hace 11 días en
esta capital.
Muchos de los que presenciaron desde las
butacas del Estadio de los Trabajadores de Beijing la ceremonia de
clausura de esta cita comentaron al concluir la ceremonia que será
capaces de hacer aquí dentro de siete años, en ocasión de los Juegos
Olímpicos del 2008, previstos para celebrarse también en esta ciudad.
Sin los alardes tecnológicos empleados en
otras urbes que han organizado juegos multideportivos de esta magnitud, la
ceremonia de cierre de estas Universiadas fue de una gran belleza y
destacó las profundas y ricas raíces culturales del pueblo chino.
Estampas de gran colorido sobre algunas de
las 56 etnias que componen este pueblo, además de hermosas coreografías
sobre trozos de la historia de este país milenario, formaron parte de un
espectáculo que resaltó en su conjunto la paz, el entendimiento y la
amistad entre los jóvenes de todo el mundo.
Todo ello acompañado del siempre
impresionante despliegue de los fuegos artificiales y otros artificios de
la pirotécnica, en lo que los chinos, que inventaron la pólvora, son
verdaderos maestros.
Si formidable fue la ceremonia de
inauguración, el pasado 22 de agosto, la clausura fue un digno colofón a
esta cita deportiva, y en ella se mezclaron el pasado y el presente en un
espectáculo de gran intensidad que llamó a mirar el futuro con
optimismo.
No podía ser de otra manera el final de
unos juegos considerados ya los de mayor envergadura de la historia de las
Universiadas.
De acuerdo con datos del Comité
Organizador, participaron en esta cita ocho mil 900 personas de 169
países, entre deportistas, funcionarios y periodistas.
China, como país anfitrión, asistió con
muchos de sus deportistas de elite, y ganó ampliamente los juegos con un
total de 54 medallas de oro, 25 de plata y 24 de bronce, seguida por
Estados Unidos, Rusia y Japón.
El país latinoamericano mejor situado fue
Cuba, en séptimo lugar, con 12 preseas, de ellas seis de oro, cuatro de
plata y dos de bronce, seguido de Brasil, en el puesto 14, con dos de oro,
tres de plata y dos de bronce, y México, en el lugar 20, con una de oro y
tres de plata.
Tras ser apagada la llama del pebetero y
arriada la bandera de la Federación Internacional de Deportes
Universitarios (FISU), la enseña de esta organización fue entregada a
representantes de la ciudad de Daegu, en Sudcorea, sede de la próxima
cita de estos juegos, del 21 al 31 de agosto del 2003.