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Mientras más se eleve el intelecto, más cerca estará la victoria

OSCAR SANCHEZ

"Para ver paisajes bonitos hay que subir lomas altas", así definió André Kolychkine Thompson el magisterio en el deporte, y cuando se refería a la formación integral de un atleta... "sin ella no se puede concebir a un campeón en el mundo actual, no respondería a esta era. Un hombre sin cultura es un jardín sin flores".

No cito por azar a este finés de nacimiento y ruso porque lo inscribieron en San Petersburgo, aunque alcanzó una estatura gigante de cubanía desde que introdujo el judo en Cuba en 1951 hasta su muerte en 1998. El inicio del curso escolar lo convoca.

Y es que el sistema de enseñanza deportiva no solo distingue al quehacer atlético cubano, sino que marca la diferencia entre el deporte que promovemos y el que, manchado por la exagerada comercialización y el profesionalismo, ha engendrado la migración y robo de talentos, el uso de sustancias doping y la cada vez más abismal división entre deportistas ricos y pobres.

Vale entonces meditar sobre la prédica de Kolychkine, quien desde su puesto de profesor-entrenador de judo en la Escuela de Medicina Victoria de Girón, calificó al proceso docente-educativo de piedra angular de los resultados competitivos.

"El atleta debe estar bien preparado para dar respuestas rápidas y eso solo lo alcanza con un alto nivel de análisis e interpretación de la circunstancia que lo rodea, tiene que aprender a observar para informarse. Solo así puede crear".

Bastaría esa otra cita si queremos ilustrar cómo el brillo de las medallas también se pule en las aulas, o que el profesor de Matemáticas, Física, Historia o Literatura, con su responsabilidad cumplida, le toca un sitio en el podio de premiaciones.

Vuelvo a recordar al finés-ruso... "mientras más desarrollado esté el intelecto, más cerca estará la victoria", para evocar la frase del Comandante en Jefe "...es más importante cultivar los músculos del alma", lo cual ha de lograrse en una química que roce la perfección entre el aula y el gimnasio.

Y en esa fusión hay un gran responsable: el entrenador. Si no es capaz de despertar el ansia de saber, la necesidad de comprender cualquier fenómeno natural, histórico o político, ya sea nacional o internacional, su principal papel, el de educador, sería flagelado. Y lo que es aún peor, la medalla ganada —si se gana— perdería rápidamente el brillo.

El deporte cubano se sustenta en los mismos principios que han hecho de nuestra sociedad una de las más justas del mundo. Es por eso que cuando se compite en unos Juegos Olímpicos o en un Campeonato Mundial se están defendiendo esos ideales, pero no sería suficiente la fuerza física si la defensa carece de una cultura universal sólida.

Es más, la estrategia cubana en pos de multiplicar los resultados no sería posible si los que hoy llegan por primera vez a las EIDE (Escuela de Iniciación Deportiva Escolar) o a la Universidad del Deporte, no reciben el mismo rigor en las aulas que en el gimnasio.

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