Sancti Spíritus, provincia central de la
Isla de Cuba, con costas bañadas por el Océano Atlántico y el Mar
Caribe, muestra al visitante sus añejas costumbres culturales.
Según el licenciado Juan Enrique
Rodríguez Valle, musicólogo e investigador, la Villa del Santo
Espíritu, fundada en 1514, mantiene su fisonomía arquitectónica
mostrada a través de sus calles empedradas, en sus monumentos de un
singular eclecticismo, y perdura el contorno natural resplandeciente en
sus playas, en las escabrosas y bellas montañas, en la fauna exótica y
pintoresca flora.
Y dentro de ese panorama demográfico y
natural, acotó, se ha creado y recreado la tradición musical convertida
en identidad nacional, la que deviene así en un indiscutible símbolo
caribeño.
La génesis de la cultura artística y
literaria espirituana tiene su inicio en el periodo incipiente de la
historia de la colonización con el trasplante de tradiciones religiosas y
folclóricas de Europa, Africa y otras etnias.
La presencia hispánica en Sancti Spíritus
—a 350 kilómetros de La Habana— procede fundamentalmente del área
peninsular de España: catalanes, gallegos, vascos, canarios, asturianos,
así como procedentes de Santander, Oviedo y otras regiones de la
península ibérica.
La herencia africana en Sancti Spíritus nos
ha llegado desde la lejana Nigeria, lucumíes, carabalíes, congos,
mandingas, canga y de otros territorios del confín del Africa Occidental.
Mezcla de sangre, mezcla de cultura,
mestizaje y realidad de un importante fenómeno de resistencia cultural.
Los cabildos de negros africanos tuvieron
su origen en la España del siglo XIV, mucho antes del descubrimiento de
América. No fueron un invento de los colonialistas, sino que su presencia
se adecuó a la realidad existente en la Isla. Ajustándose a la
legislación vigente y a las costumbres imperativas, tanto durante la
colonia como en la Republica, el negro los llamó cabildo, escogiendo esta
palabra que tenía gran significación en el gobierno colonial español.
En los cabildos estaban agrupados negros de
una misma nación, de una misma procedencia, y prestaban socorro, ayuda
mutua y protección. Además servían al negro para mantener el rito.
El cabildo constituye, una de las
instituciones de suma importancia en el contexto de la ciudad como
fenómeno socio-económico-cultural.
Y de estos trasplantes surgen en Sancti Spíritus
variadas costumbres de origen religioso y folclórico que se
conforman en un criollismo a través de la transculturación que se opera
constantemente.
Fiestas religiosas y folclóricas, algunas
de ellas con el transitar del tiempo, se convierten en acciones profanas y
populares y se derivan en Tradiciones de la Tierra del Yayabo: Las misas
de Aguinaldo y la de Navidad, Noche de San Silvestre, Epifania. Las
festividades de San Juan, San Pedro, Santiago Apóstol de España. Las
fiestas de Pobres y de asturianos o de Covadonga.
El repertorio tradicional acota el
investigador, dedicado a celebrar el adventicio divino ha dado pie a la
formación de verdaderas instituciones sociales (España). Prácticamente
cada pueblo organizaba una estruendosa algarabía con sonadores e
instrumentos acompañando las rondas de nochebuena y los villancicos.
Durante la guerra de 1868 se introdujo en
Sancti Spíritus el acordeón y con ellos se crearon las guarachas. Se
entiende por guaracha en la tierra espirituana, la tradicional Parranda:
guitarras, tiples, güiro, botijuela, reja, triangulo o machete, tambor
pequeño o timbal, la caja floja (tambora), clave, quijada de caballo, de
mulo o toro y el tambor de cuna al estilo de bongó con la adición del
acordeón.
Hubo guarachas que la integraban también
algún instrumento de viento.
La Parranda tuvo su inicio en los fandangos
donde interpretaba la redondilla, décimas y otros géneros puramente de
origen español, la guaracha nos va ofrecer la interpretación de géneros
criollos como danzas, sones, canciones y la tradicional rumba espirituana
en las fiestas populares del campo y la ciudad.
En julio de 1873 un cabildo de negro,
señaló el musicólogo, como era habitual en estas sociedades, celebró
su función anual con salve cantada y en la noche bailaron el tango
acompañados de tambores.
En 1884 hubo toques de acordeón y tambor,
instrumentos indispensables en la parranda de la época.
De raíces africanas el tango recorrió las
calles al son de tambores, hábilmente tocados que acompañaba a una guía
con voz vibrante, y el coro repetía: Caballeros, yo vengo de Villa Clara
cantando.
Los cabildos africanos celebraban las
fiestas dedicadas a San Juan y al término de la misma recorrían la
ciudad con gran contento acompañados de su música.
También en 1884 los señores del coro
catalán recorrían la ciudad en serenatas recreando con bonitas canciones
a los moradores de las residencias de sus amistades.
En 1894 Sancti Spíritus vivía el ambiente
preparativo de la incorporación de sus hijos a la gran gesta del 95. Los
hombres que habían participado en la lucha del 68 se aprestaban a
empuñar de nuevo el fusil y el machete inspirados por las prédicas
martianas.
Los más jóvenes unían sus voces y
acciones a las de los veteranos de la guerra de los Diez Años, para
ofrecer su sangre juvenil ante el altar de la Patria.
Pero este trabajar constante en pro de la
Independencia de Cuba no era impedimento para que en las noches de Pascuas
de Navidad, salieran a la calle alegres grupos que al son de la tumbandera
y las claves cantaban rumbas y congas, en algunas ocasiones con letras
que, veladamente, incitaban a la lucha armada y a la rebelión.
Uno de estos coros, el club o sociedad La
Yaya, era dirigido por Juan de la Cruz Echemendía y a los integrantes les
llamaban los yayeros. Este coro de rumba fue el que rompió fuego contra
los españoles, cantándoles en 1898 décimas alusivas al triunfo obtenido
y a las iniquidades realizadas durante el periodo de la guerra del 95.
Desde el punto de vista cubano se podría
ver la rumba como producto musical de exportación. En España, en cambio,
siempre ha sido visto como género o cante de ida y vuelta. Pertenecen al
mismo grupo la guajira, la colombiana, la milonga y la vidalita, formas
musicales procedentes de la región caribeña, de Argentina y Uruguay que
han sido incorporadas a la música flamenca.