 Crónica de un retiro anunciado Pedro de la Hoz Con una anticipada puntualidad que puede parecer delirante, Plácido Domingo, uno de los tenores que en esta época ha hecho del canto lírico uno de los espectáculos mediáticos y multitudinarios por excelencia, ha puesto meta a su carrera: por última vez subirá a un escenario en el 2005, lo hará en la ciudad norteamericana de Los Angeles y se arriesgará a despedirse nada menos que con una ópera de estreno de Luciano Berio.
Plácido Domingo, un
"tenorazo".
Lo más curioso de todo es que la noticia no se ha sabido precisamente por boca del tenor, sino del compositor italiano, quien desde ahora, también con suficiente antelación, se ha puesto a pensar en el cumplimiento del encargo. Al menos ya tiene una idea: será una ópera que dé fe de la consagración de un artista a la escena.
Luciano Berio, uno de los grandes compositores contemporáneos.
Domingo tendrá para entonces 64 años de edad y quizás saque cuentas de lo que significa tanto tiempo de uso de un instrumento privilegiado pero frágil como es la voz. De todas maneras retirarse del canto no equivaldrá, en su caso, hacerlo de la escena, puesto que ha ido acumulando una valiosa y aplaudida experiencia al frente de teatros líricos
—desde hace cinco años rige los destinos de la Opera de Washington y acaba de asumir meses atrás la de Los Angeles— y como director orquestal.
Para quien ha cantado 118 papeles en su vida, entre óperas y zarzuelas, no deja de ser inquietante que haya apostado por despedirse con una obra de Berio. Y es que el italiano representa la vanguardia experimental en ese campo.
A Berio (1925) se le reconoce como uno de los exponentes de la llamada
"vía italiana" del serialismo, a partir de la evolución del pensamiento musical de Luigi Dallapiccola y Bruno Maderna.
Su afán de experimentación —ahí está su paso en los 70 al frente del Departamento Electroacústico del IRCAM, de París, y la fundación en 1987 del Centro Tempo Reale, de Florencia— y su apertura estética, que nos recuerdan el espíritu creativo de su compatriota Luigi Nono y de nuestro Leo Brouwer, lo han llevado a interesarse tanto por las manifestaciones folclóricas como por el rock.
Según sus palabras, "actuar musicalmente significa hacer complementarios o armonizar los términos de una oposición o un grupo de oposiciones, haciéndolos concretos".
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