"Los que van para el entierro"

Reynold Rassí

ALBERTO BORREGO     

Poco a poco recibieron las llamadas que les avisaban que el 12 de agosto debían de estar a las 8 de la noche en el punto de recogida de pasajeros de los "amarillos", en la carretera de Santa Clara a Sagua la Grande, en Villa Clara.

Allí iría a buscarlos un camión cuyos tripulantes dirían como contraseña la frase "los que van para el entierro", y luego los llevarían al lugar donde serían recogidos por los lancheros, próximo a Caibarién.

Un total de 25 personas: 19 hombres, 5 mujeres y un niño de 9 años, fueron así a parar a las 11 de la noche de ese día a la zona conocida como el Canal de los Barcos, en las costas de Caibarién-Yaguajay, en los límites entre Villa Clara y Sancti Spíritus. Sobre las 3 de la madrugada del 13 de agosto llegó la ansiada lancha proveniente de Miami y ya a bordo de ella partieron al amanecer hacia la "tierra prometida".

Navegaron bien hasta que ya fuera de las aguas cubanas la lancha tuvo desperfecto en un motor y, para sorpresa de todos, se había quedado también sin combustible. Allí quedaron a la deriva expuestos a su suerte, hasta que a las 11 de la noche una nave del Servicio de Guardacostas norteamericano los recogió luego de ser avisada por un avión de reconocimiento de que habían visto una embarcación en apuros.

Catorce de los pasajeros son de Villa Clara, cinco de Cienfuegos, cuatro de La Habana, uno de Matanzas y otro de Pinar del Río.

De los 24 adultos, 7 hombres tienen antecedentes delictivos, nueve han hecho intento de salida ilegal del país y tres de ellos devueltos anteriormente.

Wilfredo Quintero Gálvez, de 34 años, residente en Ranchuelo, Villa Clara, chofer de alquiler particular, quien marchaba ahora con un hijo de su primer matrimonio, Jacier Quintero Castellón, de 9 años, y su actual esposa, Mayra López García, explicó a Granma:

"Cuando el camión llegó a la costa de Caibarién, allí se bajó un hombre con una media que le cubría el rostro, el cual nos llevó al lugar de partida. Salimos al amanecer y pensamos que íbamos a hacer un buen viaje, rápido y seguro. Al llegar a Estados Unidos nuestros familiares les pagarían el dinero pedido. Nunca pensé que fueran tan irresponsables de no tener la suficiente gasolina para el regreso, poniendo nuestras vidas en peligro. Me llevé a mi hijo, sin el permiso de su madre, porque consideré que todo iba a salir bien. Luego de muchas horas a la deriva y ya tarde en la noche, llegó el Guardacostas norteamericano y cuando nos trasladaron a él, separaron a los lancheros y no los vimos más. Nunca me había visto envuelto en una aventura como esta".

Con el grupo devuelto este fin de semana, han sido entregadas este año 465 personas por el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos y 17 por la base naval de Guantánamo, para un total de 482 devoluciones por las autoridades norteamericanas

La contraseña para esta salida ilegal, "los que van para el entierro", estuvo a punto de convertirse en realidad si la lancha hubiera zozobrado y sus pasajeros caídos al mar en el Estrecho de la Florida, infestado de tiburones, en busca de las supuestas ventajas de la asesina Ley de Ajuste Cubano y que promueve el criminal negocio del tráfico ilegal de personas.

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