Orfilio sigue siendo la luz

En todo cuanto ocupa a diario a los Centros de Retinosis Pigmentaria está la huella viva del eminente científico cubano

Texto y foto: PASTOR BATISTA VALDES

LAS TUNAS.—"La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida", sentenció una vez Martí.

Y no por cortesía del azar me viene a la memoria esa frase, que parece haber sido hecha a la medida de los centros de retinosis pigmentaria en el país.

Espiritual y profesionalmente 
sus enseñanzas están presentes 
en la atención a cada paciente.

"Porque en realidad es como si Orfilio Peláez estuviera todo el tiempo aquí, entre nosotros, enseñando, recalcando, corrigiendo detalles, entregándonos del modo más sencillo, maravilloso y desinteresado toda aquella vasta experiencia que jamás retuvo para sí solo."

La doctora Rosa María Pérez Guerrero directora del Centro de Retinosis Pigmentaria 2 de Diciembre lo expresa con el mismo acento de quien ha perdido a uno de sus seres más queridos, aun cuando sus palabras transpiran una buena dosis de optimismo.

"En primer lugar —afirma— cuando Orfilio muere en enero, a pesar de sus 77 años está envuelto en proyectos. Tú sabes que él era incansable en ese sentido. De hecho, nacionalmente nos dejó todo el trabajo organizado, con el plan del quinquenio aprobado ya incluso.

"Y puedo decirte más: llegó a concebir el programa para el pesquisaje de la retinosis pigmentaria en Venezuela, había hecho también algunos contactos de trabajo con Portugal, específicamente en Cuba quería ampliar el espectro de investigación de la retinosis en otras enfermedades...

"Y todo eso tiene su impacto aquí —agrega Adriana Abréu Leyva, otra discípula tunera del eminente científico cubano—. No hay tarea o estudio en que no estén presentes sus enseñanzas. Hace apenas unos días hicimos una jornada científica. La dedicamos a él. Allí estuvo todo el tiempo su foto...

"Hubo trabajos muy buenos —comenta Rosa María— con el rigor que él pedía. Tal es el caso de la retinosis pigmentaria asociada en esta provincia, el uso del ozono, costos y beneficios; la calidad de vida en el paciente con esa enfermedad, las prescripciones de lentes, y otros temas que pensamos llevar al taller de las provincias orientales, previsto para septiembre en Manzanillo."

Pero la presencia real de Orfilio va más allá. Según los 26 trabajadores de la instalación tunera, "está en el seguimiento, atención y tratamiento a 164 familias con alrededor de 350 personas perjudicadas por la retinosis en este territorio, en los once nuevos casos detectados en lo que va de año, en la gratitud de los 232 pacientes operados aquí, en la permanente docencia que genera el Centro en provecho de los alumnos de Oftalmología...

En los años más duros del período especial no nos faltó su ayuda con sutura, medicamentos, ropa de salón. Su apoyo fue vital además en el éxito de los tres talleres nacionales y dos territoriales que hemos organizado en Las Tunas en estos 10 años que cumplirá nuestro centro, en diciembre, señala Rosa María.

"Pero si una razón hace que Orfilio siga vivo entre nosotros es su sencillez. Había que oírlo hablar con los vecinos de los distintos barrios. Se interesaba por todo. A mí a veces me ponía en aprietos: lo mismo me preguntaba por la zafra, que por el entrenamiento del equipo de pelota."

Sin embargo, entre todas las anécdotas y recuerdos que ilustran la modestia del científico —descubridor de la técnica quirúrgica para intervenir la retinosis pigmentaria (considerada hasta entonces en el mundo como incurable e irremediablemente conducente a la ceguera)— hay un pasaje que estremece a pacientes y trabajadores del referido centro tunero:

"Yo descubrí un modo de operar esa enfermedad —le decía una vez a un grupo de pacientes, en presencia de Rosa María— pero si mañana surge otra técnica o una terapéutica mejor que la mía, entonces seré el primero en empezar a aplicarla y a generalizarla."

Han transcurrido los años. Lo que en 1990 constituía una excepción (solo un centro de retinosis en la capital del país) ha pasado a cotidiana "regla" mediante una red que incluye ya a todas las provincias, fruto de la perseverancia de Orfilio y de la voluntad del país.

Miles de cubanos, miles de personas de otras nacionalidades, miles de pupilas en el mundo, ven hoy y seguirán viendo al nieto, la flor, la luz... porque una vez hubo un hombre llamado Orfilio Peláez, al que la humanidad recordará con el cabello y corazón tan blancos como el trazo de su bisturí, guiado por el más sereno de los pulsos, bajo otra luz: la del quirófano.

pixelb.gif (34 bytes)

Subirtop.gif (129 bytes)