Los accidentes no son tan accidentales

José A. de la Osa
delaosa@ip.etecsa.cu

MARIO FERRER    

Las principales causas de muerte por accidentes en los menores de 20 años en nuestro país se relacionan con el tránsito, ahogamiento y sumersión, corriente eléctrica (electrocución), broncoaspiración y caídas, indicó ayer a Granma el Doctor en Ciencias Médicas Francisco Valdés-Lazo, especialista del Departamento Nacional Materno-Infantil del Ministerio de Salud Pública.

El total de defunciones como consecuencia de accidentes en general, y en todas las edades, sumaron el pasado año casi 
5 000, lo que representa 14 defunciones diarias. Ello representó: 1 de un menor de un año cada 11 días, 1 de un niño en preescolar cada 6, 1 escolar cada 2 días, 1 de un adolescente cada 36 horas, 4 fallecidos diarios de 15 a 49 años, 2 de 50 a 64 años y 7 muertes diarias de 65 años y más.

Esta verdadera epidemia heredada del siglo precedente toca a todas las puertas, porque los accidentes son responsables de más del 10 por ciento de todas las muertes que ocurren mundialmente, y datos de organismos internacionales reportan que cada 50 segundos se produce una muerte y cada dos segundos un traumatismo.

No es casual por ello que el 2% de la población del planeta padezca de algún tipo de discapacidad debido a accidentes en ambos sexos y en todos los grupos de edad.

Ante estas realidades que azotan también a nuestro país, el llamado a la autorresponsabilidad es un deber ineludible y, si de niños se trata, es necesario poner énfasis en la "otra cara" de los accidentes no suficientemente divulgada por los medios de comunicación: los accidentes en el hogar, donde los grupos más afectados son los niños pequeños y los ancianos. Ambos tienen en común la pobre coordinación de los movimientos y la incapacidad de evitar o escapar del peligro.

Un maestro de la pediatría cubana, el profesor José Jordán Rodríguez, quien es miembro del Grupo de Expertos en Prevención de Accidentes de la OMS, no se cansa de insistir en que lo peor que tienen los accidentes es el nombre, porque sugiere que se trata de algo casual, fortuito, debido a la suerte (o mejor: a la mala suerte), al azar.

Y lo interesante resulta que cuando se estudian profundamente las causas de los accidentes, siempre se descubre que en un alto porcentaje pudieron ser evitados.

Los sistemas y programas de seguridad no son ajenos a la dirección del tránsito ni al quehacer de las autoridades sanitarias y otras esferas, con la participación activa de la comunidad.

Si revisamos ahora las estadísticas de las últimas décadas en los menores de un año, observamos que por accidentes en 1970 fallecieron 159 niños; en 1980, 84; 1999, 40 y el pasado año 33. Y en los menores de 15 años, en 1970, 618; 1980, 639; 1999, 326 y en el 2000, 295.

Sin embargo, debemos subrayar que la mortalidad por caídas accidentales muestra una tendencia ascendente en las personas de la Tercera Edad, con un incremento marcado en el sexo femenino en los dos últimos años, que ocuparon la primera causa de muerte por todas las edades.

Atendiendo a estas realidades, y ante la presencia de los meses vacacionales, la inteligencia indica que debemos redoblar las medidas de prevención aguzando cada uno de nuestros sentidos.

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