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 Mariana, multiplicada en su Patria libre
ADYS CUPULL y FROILAN GONZALEZ "Año del Sor de mil ochocientos quince en diez y nueve de Agosto. Yo José Antonio Díaz llovet CR por SM del Sgrio de la Santa Iga. Metropolitana de la ciudad de Santiago de Cuba en la auxiliar de Santo Tomás Apóstol buatisé (sic) puse óleo crisma y por nombre Mariana a una niña que nació el doce de julio, hija legítima de José Grajales y Teresa Cuello; fueron sus padrinos José Romualdo de los Reyes y Francisca Pozo, todos pardos libres quienes quedaron advertidos de (1) parentesco espiritual contrahido (sic)."
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Son algunos de los datos de la partida de bautismo de nuestra Mariana, encontrada por los historiadores Joel Mourlot Mercaderes y Olga Portuondo, que junto a otros valiosos documentos aclaran la fecha de su nacimiento y las de sus hermanos Marcos de la Caridad, Marcelino, Cecilia Josefa y Juan Donato, así como el origen de su padre José Grajales Matos, de ascendencia dominicana, y de su madre Teresa Cuello Zayas, hija de los cubanos Jacinto y Francisca Javiera.
En este 12 de julio se cumplen ciento ochenta y seis años de su nacimiento.
En una carta que Antonio Maceo le envía a Martí desde Costa Rica, le dice:
"...La conoció usted de cerca, cuando apenas podía oírsele hablar de las cosas de Cuba Libre, como ella decía de la Revolución, con la ternura de su alma y el encanto maternal que produce lo que se amasó con tanta sangre generosa y nos obliga al cumplimiento de nuestros deberes políticos. A ella pues, debo la consagración de este momento,...".
A ella y a las cubanas que cronológicamente en nuestra historia han sido herederas de ese encanto maternal que obliga al cumplimiento de los deberes patrióticos, debemos también las generaciones de hoy la consagración de este momento. Mariana está multiplicada, acciones y hechos así lo prueban; simbolicemos hoy, en las madres de René González Sehwerert, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez, Gerardo Hernández Nordelo y Fernando González Llort, patriotas cubanos prisioneros en las entrañas del monstruo, la vigencia de sus ideas y el ejemplo de sus hijos.
Mariana vivió en El Cristo, en las cercanías de Santiago de Cuba y muy próximo al río Guaninicún. Allí pasó la infancia, adolescencia y parte de su juventud, en contacto directo con la naturaleza y la manigua, que aprendió a amar.
Hija de pardos libres, recibió una formación basada en los preceptos morales de sus padres, de quienes escuchó narraciones de sublevaciones de esclavos y de la lucha de los pueblos por la independencia de las colonias españolas en América. Conoció de cerca las angustias de los negros esclavos, la vida de los cimarrones rastreados por perros y la crueldad de la venta y tráfico de mujeres, hombres y niños, de las torturas y discriminación racial, hechos que marcaron sus sentimientos más profundos.
Sus padres le enseñaron la limpieza del alma y del pensamiento que significa ser bondadosos, justos, honestos; le inculcaron costumbres que daban distinción a los pardos libres, como el vestir sencillo, pero con discreta elegancia y pulcritud, que ella supo transmitir a sus hijos y estos a los suyos.
Forjó junto a Marcos Maceo una numerosa familia, con principios antirraciales, de honradez, patriotismo, valor, laboriosidad, pulcritud, rectitud, solidaridad, respeto, esfuerzo personal, firmeza, amor a la naturaleza, a la libertad y a una férrea unidad familiar, delicadeza en las mujeres y caballerosidad en los hombres.
Su legado quedó tan enraizado, que hoy, en la cuarta y quinta generaciones de sus descendientes se observan esos modos; así es Francisca Ulloa Romero,
"Panchita", nieta de Dominga Maceo Grajales, quien recordó a Mariana como una mujer valiente, muy brava.
"Era una mujer extremadamente pulcra", afirmó.
José Antonio Maceo Fonts, otro de sus biznietos, nieto del General José, es hechura de la raíz del alma de Mariana. Medallas, sellos, distinciones muestran que junto a su pueblo ha ganado batallas.
Explica que su madre, la maestra santiaguera Amparo Fonts le hablaba de Mariana con devoción y respeto. Aún después de muerta, era un factor regidor de valores morales patrióticos de la familia cubana
"Maceo". Se emociona y se abstrae para verla andar con su primeros cuatro hijos y después con los nueve y dice:
"Lo que pasa es que Mariana es la madre de los Maceo y por ser madre de los Maceo, así se le conoce... Mariana merecía grados militares también..., sus hijos brillaron tanto que ella pasó a ser la madre de esos valientes."
Relató cómo Mariana hizo que los hijos juraran para luchar por la independencia de la Patria o morir por ella y de la heroicidad de Julio, Miguel, Rafael, José, y señaló que es difícil decidir cuál fue entre todos el más valiente. La detalló en sus labores como enfermera en el campo de batalla, cuando atendía a los heridos del Ejército Mambí o a los españoles que caían prisioneros o eran abandonados por su tropa.
A Mariana se le rinde homenaje en toda Cuba. Una escultura se levanta en la Plaza de la Revolución de Guantánamo que tiene su nombre; en Santiago de Cuba, su casa es museo y se siente bien acogido el visitante; en el cementerio Santa Ifigenia está el panteón con sus restos junto a los de sus hijas Dominga y Baldomera; en Santa Clara, un monumento tallado en piedra preside un Plan de Producción Agrícola. Y en la Ciudad de La Habana, es fragua en una escultura de bronce situada en la calle 23, entre C y D en el Vedado.
En Holguín la Facultad de Ciencias Médicas lleva su honroso nombre, allí la compañera Lázara Urbino Matamoros, fundadora de ese recinto universitario explicó que en los años setenta, en una visita de nuestro Comandante en Jefe, se encontraban presentes casi todos los alumnos de Ciencias Médicas, en su mayoría muchachas y Fidel dijo:
"Si hay tantas muchachas aquí, ¿por qué no le ponen el nombre de Mariana Grajales a la Facultad? Tiempo después se le erigió un monumento a Mariana en el mismo lugar del encuentro con Fidel". Allí está Mariana tal como la describió su biznieto José Antonio.
Agil, optimista, creadora y alentadora en los tiempos más difíciles de la Patria, untando con la miel de su cariño la obra de la Revolución para hacerla invencible, Mariana vive en millones de cubanas cuyos hijos son los Maceo multiplicados.
El día 23 de junio todo nuestro pueblo conmovido vio el rostro de Mariana Grajales, sereno, dulce y firme, era Irma Sehwerert, la madre de René González, que en nombre de todas las madres, con la ternura de su alma y el encanto maternal que produce lo que se amasó con tanta sangre generosa, habló de los principios de nuestra Cuba Libre, de la Revolución y de nuestros deberes patrióticos a los que todos los buenos cubanos vivimos consagrados en este momento histórico.
(1) "Mariana, raíz del alma cubana."
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