 La primera noche y los últimos días
Si te fue útil, un año puede significar la vida entera, confiesa una doctora avileña que está próxima a concluir su trabajo en las montañas de la provincia de Guantánamo ORTELIO GONZALEZ MARTINEZ
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NOHEMA DIAZ MUÑOZ
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Cuando la doctora avileña Yelec Estrada Guerra llegó al consultorio de Arroyo Bueno, encumbrado en una de las lomas del municipio guantanamero de Yateras, no imaginó que casi un año después su corazón estuviera tan marcado por la nostalgia de tener que abandonar las montañas y su gente.
En los ojos aún tiene la imagen de aquella primera noche sin estrellas, y en la mente, su incondicionalidad a la Patria, a Fidel, y el recuerdo de esta experiencia única.
"Al llegar al consultorio, el 22 de septiembre del año 2000, a las 12:00 del día, y distante más de 60 kilómetros de la ciudad de Guantánamo, vi cómo la población no mostró ninguna alegría y muchos lloraban por la despedida de la doctora Lisset (avileña también).
"Me di cuenta del cariño que le profesaban allí y, a la vez, fue el primer medidor del esmero con que yo debía trabajar para ganarme la confianza de todos en la comunidad.
"Esa primera noche no dormí, no por miedo, si no porque temía que llegara algún paciente y yo no escuchara su llamado, pero me acostumbré rápido. Siempre tenía algo que hacer. Me estudiaba los casos del día, los tratamientos, y aclaraba las dudas. Allí el libro es el mejor profesor.
"A mi modo de ver, la formación integral del médico en la montaña es buena y, a la vez, obliga a prepararnos mejor. Uno deja de gatear y aprende muchas cosas con estas personas de buen corazón. Allí siempre tienes una puerta abierta."
Aunque sabía montar a caballo, aquí mejoró el arte de la equitación, pues muchas veces necesita de ese aliado para visitar a pacientes alejados, como los de La Cobrera, distante unos 10 kilómetros del consultorio, y lugar que cuando una va de terreno, tiene que pasarse todo el día.
Yelec forma parte de los 90 alumnos de excepcional rendimiento académico de diferentes provincias que desandan las lomas de Guantánamo. Este contingente concluirá su labor en septiembre próximo y ella resume en pocas palabras el significado de estos meses en las montañas:
"la gente valora y agradece".
"Fíjate si es así —asegura— que si tengo que quedarme un tiempo más no vacilaría en hacerlo. Cuando estoy de pase en mi provincia, la mente casi siempre está ocupada en algún niño, embarazada o en los pacientes que dejé con determinados problemas. Hasta que regreso no me siento bien.
"Me llamó la atención que por muy alejadas que vivan, ninguna embarazada pare fuera de los centros asistenciales y ello, junto a la atención perenne que mantenemos sobre ellas, da como resultado que la mortalidad infantil y materna en la montaña sean bajas y varios consultorios, como el mío, mantengan en cero ambos indicadores.
"Veo que en las montañas, la palabra médico de la familia adquiere una grandeza sin igual. Yo, por ejemplo, participo en la repartición de los materiales que se dan mediante el delegado, según las necesidades de cada familia y de las disponibilidades a la hora de entregarlos; me intereso porque no haya niños sin estudiar.
"La idea de Fidel de que prestemos servicio en zonas de difícil acceso es genial, pues nos forma como médicos y como personas. Además, uno ve en toda su magnitud la grandeza de la obra de la Revolución, su preocupación por todos y cada uno de los pobladores, en cualquier lugar. Desde aquí arriba uno reafirma por qué el Comandante en Jefe ve más allá del horizonte."
En las comunidades de Arroyo Bueno, Arenal, el Alto del Cilindro y La Cobrera, nadie osaría en discutirle el reinado de correcaminos a esta muchacha, amante de la naturaleza y, sobre todo, de esos riachuelos que bajan saltarines de las lomas.
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