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Cómplices de los trinos del monte Ramiro
Segura García
Desde el puente sobre el río Sevilla, la vista choca
contra una frondosa arboleda. Su fomento en la vera de la carretera parece
que tiene la intención de servir como elemento de desconexión mental
para quienes llegan después de un largo trayecto a la capital del sureño
municipio de Amancio. Al pasar frente al bosquecillo, las ojeadas reciben los
impactos del verdor y el cuidado del plantío. Crece la atracción cuando se deja la cinta de asfalto
y, a poca distancia, se penetra debajo de los árboles que cobijan el
entorno. A plenitud se puede desandar entre el fresco ambiente campestre y
el contagioso canto de los pájaros. Las sorpresas se suceden unas tras
otras. Y al instante, aparecen las posibilidades de dejar perdido entre
las matas al agotamiento del viaje. La familiaridad de los moradores agiliza la entrada en
contacto con lo afable que se vive entre los encantos de la naturaleza. Simples enumeraciones de los principales elementos de
interés, engrandecen las expectativas del foráneo. Advierten con
facilidad las razones del asentamiento de Mario y Noemí en la finca
forestal integral La Caoba. El amor y el trabajo los llevan de la mano en este
emporio de riquezas. Los conducen hacia la obtención de incalculables
beneficios para ellos y el Estado, sin reparar en el derroche de
esfuerzos. A veces unen los días y las noches por las exigencias
de la labor y la vigilancia. Hasta en dichos casos, los anima el deseo de
que la flora y la fauna no sufran los daños de los malhechores. La naturalidad y el apasionamiento se adueñan de Mario
Camacho cuando habla sobre el progreso del matrimonio. En señal de apego a su medio pone una mano sobre el
tronco de una robusta planta, lo cual parece que le da más seguridad a
sus palabras: "Oiga, hay que trabajar duro de verdad para atender 20
hectáreas de caoba hondureña, 11 animales del convenio caprino y 32 del
vacuno. "Además de eso, debe cuidarse la yunta de bueyes,
el caballo, los cerdos y las aves. Y que decir del embalse de agua que nos
dará muchas tilapias. "Todo no queda ahí, porque estamos sembrando una
hectárea de guayaba enana, se construyó un biogás para cocinar más
cómodo y tenemos una pequeña área para el cultivo de viandas y
hortalizas para el autoconsumo. "Hay que correr para atenderlo todo. El tiempo casi
no alcanza para tanto. Gracias a tres perros, que son mis vigilantes, para
voltear el área. "Estamos mejores que en los tiempos cuando solo
ganaba por ordeñar y cuidar las vacas para garantizar la leche de los
trabajadores del vivero forestal, que está allí." Con rapidez alza la mano derecha y apunta hacia el
cercano lugar, que actualmente avivera miles de posturas de diez
variedades, incluyendo eucalipto, según el director de la Empresa
Forestal en la localidad. Próxima a su esposo, Noemí Ruz sigue atentamente los
detalles de la cordial conversación. Cuando halla la oportunidad, agrega:
" Aquí estamos bien. Ya tenemos una casa nueva, electricidad y
televisión. Cuando funcione el biogás, mejoraré en la cocina. "Estamos decididos a luchar juntos para avanzar.
Esto es muy bonito y bueno. Vemos los frutos". A la manera de cada uno, las vivencias revelan
innumerables secretos. El bienestar y la dedicación de ellos encabezan
las narraciones, sin restarle importancia al estricto cumplimiento de lo
conveniado con el Estado. No falta el agradecimiento a los que les han
ayudado, fundamentalmente los directivos y los trabajadores de la
Forestal, al igual que la decisiva colaboración del empleado, el cual
gana por las normas que hace en las diferentes tareas. Quizás la modestia y la sencillez de la pareja,
integrada por personas de alrededor de 40 años de edad, dejaron escapar
algunos detalles interesantes para quienes descubren en este giro una
nueva opción para su vida. De manera sorpresiva, aterriza la no deseada despedida.
El cariño del recibimiento compite con el profesado en el momento del
adiós de la mejor de las 12 fincas de la Empresa Forestal en el
territorio. "Hasta luego. Vuelvan por aquí para que sigan viendo esto", atinan a decir; mientras, los apretones de manos dan el cierre en las proximidades de la vivienda. Queda sellado el agradable y estimulante contacto bajo la copiosa floresta, que patrocina los embrujos para la complicidad de Noemí y Mario con los trinos del monte. Periódico 26. http://www.periodico26.cu/
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