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50 años

Guillén y su gran Elegía a Jesús Menéndez

LUIS SUARDIAZ

En julio de 1951, después de una larga ausencia motivada por el exilio político, Nicolás Guillén ofreció una lectura de poemas en el Lyceum de Camagüey. Esa noche leyó su emotiva Elegía camagüeyana recién publicada y su obra magna, la Elegía a Jesús Menéndez. Al entrevistarlo para nuestro órgano provincial Orientación revolucionaria, me dijo: Yo trabajo con mucho trabajo, reviso, modifico, no estoy conforme con lo que hago. Y justamente una pieza suya donde se advierte esta labor de artesanía literaria es el poema en homenaje a su amigo y gran líder de los trabajadores cubanos, asesinado en Manzanillo el 22 de enero de 1948.

Guillén fue captado en plena faena en julio de 1952, justamente un año después 
de su Elegía a Jesús Menéndez, 
por Bebo Guerrero.

Nicolás comenzó su faena en Brasil, donde conoció del crimen, pocos días después. En su mansión habanera y en sus viajes por Europa continuó tallando cada página, cada verso y al fin halló algo de sosiego para terminarla en la casa de su compañero de la revista Lis, y esposo de una de sus hermanas, el doctor Márquez, en el poblado de Minas, Camagüey, a principios de 1951.

Felito Ayón terminó de imprimir los doscientos ejemplares, ilustrados por el genio rebelde de Carlos Enríquez, y con sendas notas no firmadas de José Antonio Portuondo y Angel Augier, justamente el 14 de julio de 1951, hace ahora medio siglo. Recuerdo que hacia 1954 pude acceder a uno de los ejemplares que Rolando Escardó había salvado del fuego, pues su poseedor había intentado deshacerse de él ante la inminencia de un registro policíaco.

Pero aún en 1951, en la etapa de la endeble democracia auténtica, no circulaba con entera libertad, porque denunciaba el crimen de un capitán del régimen de Grau, Casillas Lumpuy, que continuó ascendiendo y asesinando con los golpistas del marzato y solo fue ajusticiado al triunfo de la Revolución, como había profetizado Nicolás: El capitán huye en un grito/pero tras él corre la muerte.

Publicada en numerosas ocasiones, traducida, grabada en la voz de su autor, y en los últimos años ejemplarmente declamada por Luis Carbonell, objeto de estudios —como el excelente de Mirta Aguirre, un año después de publicada— pues ser apreciada, en su bello formato original, en la edición facsimilar que la UNEAC publicó en 1948, al cumplirse medio siglo del asesinato de Jesús Menéndez.

Su cuerpo se compone de siete partes que se integran a partir de diferentes y audaces combinaciones métricas y de candente prosa poética.

El poeta siempre inconforme con su obra, contó más de una vez que no le parecía el octosílabo propio para el romance que presentaba al Capitán del Odio, y decidió llevarlo al romance de nueve sílabas. Autor del poemario La paloma de vuelo popular, aquí incluye un son de acerado dolor donde un soldado amigo de Menéndez se duele del crimen, y una paloma herida se pierde en el vuelo de la muerte. En el penúltimo fragmento ya se anuncia la victoria cercana del pueblo y entonces aparece: La paloma de vuelo popular/y el verde ramo en el aire sin dueño.

Un día de 1964 leí este alto letrero en un edificio: He aquí el azúcar ya sin lágrimas. No tenía firma, ni hacía falta. Había sido tomado de la Elegía a Jesús Menéndez y pertenecía al pueblo, dueño ya de su destino. Y esa es una de las muchas razones por las que Nicolás fue proclamado nuestro Poeta Nacional.

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