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 La revolución traicionada Algunas precisiones sobre el 4 de julio de 1776 ROLANDO ALVAREZ ESTEVEZ Cuando el 4 de julio de 1776 se dio a conocer por el Congreso Continental de Filadelfia la Declaración de Independencia con el nombre de Estados Unidos de América, se iniciaba el principio del fin del colonialismo en las Trece Colonias: Virginia,
Massachusetts, Maryland, Rhode Island, New York, New Jersey, Connecticut, New Hamsphire, Delaware, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Pennsylvania y Georgia. Según Vladimir Ilich Lenin, fue una
"guerra revolucionaria... del pueblo norteamericano contra los bandidos ingleses que oprimían y mantenían la América en esclavitud colonial".
De los 56 delegados en aquel acto histórico solo dos firmaron el original de la Declaración: el presidente del Congreso Hohn Hancock, y el secretario Charles Thomson. En la copia estamparon sus nombres la totalidad de los presentes. No sería hasta el 18 de enero de 1877, en que por acuerdo del Congreso se aprobó enviar, a los diferentes estados, una copia auténtica de la Declaración con los nombres de todos los delegados.
Acerca de esos delegados
—entre los cuales no figuró George Washington—, 15 eran abogados, 26 jueces, nueve agricultores, 10 comerciantes, cuatro médicos, un maestro, un publicista, un soldado, un dirigente político, un inspector de aduana, y un fabricante de hierro. Hubo ausencia total de indios, negros, obreros, mujeres y pequeños agricultores que eran la población mayor de las Trece Colonias. Además, a la hora de valorar esto, no se debe perder de vista que numerosos dirigentes populares influyeron notablemente en la revolución norteamericana, tanto en su gestación, como en su desarrollo y triunfo, aunque en lo que respecta a organización y conciencia de clase, poco avanzaron.
Los antecedentes de la revolución norteamericana podemos hallarlos, principalmente, en la suma de contradicciones entre la metrópoli inglesa y los colonos, industriales y comerciantes de las Trece Colonias, las que se fueron convirtiendo en irreconciliables. No puede analizarse ello como una simple lucha de intereses económicos y sí contra un sistema social y político arcaico y retrógrado. Resultó imposible resistir la asfixia que representaba para ellos la imposición de numerosas leyes consideradas despóticas y represivas. La organización
"Hijos de la Libertad", integrada por jornaleros, artesanos, mecánicos, abogados y comerciantes se había ramificado por muchos territorios, realizando una activa agitación política e independentista. Se abría el camino de la lucha armada.
Fue en el territorio de Massachussets donde se escuchó el primer disparo de una guerra que se extendería por espacio de seis años. Los lugares iniciales de enfrentamiento fueron Lexington y Concorde, en la primavera de 1775, donde agricultores, artesanos y obreros, apenas sin experiencia militar, se enfrentaron a un ejército debidamente equipado conocido como los
"red coats" (casacas rojas) como eran llamados los soldados ingleses.
Sin embargo, esas batallas quedarían atrás como ejemplo de inexperiencia al decretarse, meses después, la movilización de todos los ciudadanos y de las milicias bajo el mando de George Washington
—un acaudalado hacendado de Virginia con experiencia militar—, como general en jefe, hecho que se produce en 1775, por acuerdo del Segundo Congreso Continental.
Con posterioridad, las filas del ejército comenzaron a nutrirse de voluntarios de varios países, con valor y experiencia militar. Así fueron, entre otros, el polaco Kosciusko, el francés La Fayette y el prusiano Steuben. Después de la derrota inglesa en Saratoga el 17 de octubre de 1777 se produciría la entrada de Francia en la guerra, reaccionando de la misma manera España, contra Inglaterra. Esto conllevó a que varios contingentes de milicianos, cubanos salidos de la Isla, y compuestos, fundamentalmente de pardos y morenos, combatieran junto a los independentistas.
En los vínculos con los revolucionarios norteamericanos sobresale el habanero Juan Miralles, integrante de una acaudalada familia esclavista, quien fue encomendado por el gobierno de Madrid para establecer relaciones con el Congreso de Filadelfia y George Washington, con el que se entrevistó, por primera vez, a fines de diciembre de 1778. A Miralles se le reconoce el trascendente hecho económico de abrir al comercio norteamericano los productos de la Isla de Cuba.
La contienda por la independencia de Estados Unidos culminó el 19 de octubre de 1781, al ser derrotadas las fuerzas de Lord Cornwallis, en la batalla de Yorktown.
Ahora bien, la Declaración de Independencia llevó en su esencia no pocas contradicciones, pero también de manera
preeminente fue el reflejo de los intereses de la clase burguesa que dirigió la revolución. Si bien dicha Declaración establecía que todos los hombres eran creados iguales,
"con derecho a la vida, a la libertad y la felicidad", no cabe duda que mostró una gran debilidad política y social al no abolir la esclavitud, y no condenar el inhumano desalojo de los indios de sus tierras.
En los momentos de la guerra, la población negra ascendía a unas 500 000 personas de un total de 3 500 000 ciudadanos.
Los que tenían la condición de libres, fundamentalmente obreros, en su inmensa mayoría se incorporaron al objetivo de la independencia. Por la cobardía de sus amos, particularmente terratenientes y granjeros, los esclavos no fueron declarados libres en el proceso revolucionario, lo cual evitó que miles de ellos se hubieran sumado a la lucha. Quizás la guerra se hubiera acortado en tiempo, y en sacrificios. Se estima que la única mujer que combatió en esa conflagración del lado de los revolucionarios fue una negra nombrada Deborah Gannett.
Para la abolición de la esclavitud se debió esperar casi un siglo, al desenlace de la Guerra de Secesión (1861-1865), entre el norte industrializado y el sur, donde no había dejado de predominar aquella. Fue entonces que se prohibió en todo el país, mediante una Enmienda a la Constitución.
La debilidad de los hombres reunidos el 4 de julio de 1776 sería resuelta por Abraham Lincoln. Al referirse a este y a la trascendencia de esa abolición, nuestro José Martí escribió:
"Y surge con un hacha en la mano, el leñador de ojos piadosos, entre el estruendo y el polvo que levantan al caer las cadenas de un millón de hombres emancipados".
Otro lado doloroso presente en el surgimiento de la nación norteamericana radica en cómo la burguesía y los hacendados esclavistas se aliaron para lograr el control agrario y practicar un criminal tratamiento a los indios. Estos, calculados en dos millones a la llegada de los europeos al territorio de lo que hoy es Estados Unidos, en la época de la Guerra de Independencia se estimaban en 700 000, y en el siglo XIX apenas alcanzaban unos 250 000.
Los indios, al igual que los negros, pasarían a ser unos parias, carentes de los más elementales derechos civiles. Ni los colonos ni el gobierno que surgió de la revolución agradecieron nunca los conocimientos iniciales obtenidos de los indios para poder sobrevivir, cuando comenzaron a llegar a Norteamérica, olvidando que entre las tácticas de combate utilizadas contra los ingleses estaban las aprendidas de los indios.
La expansión territorial que se había producido durante las Trece Colonias se incrementó sustancialmente a partir del Tratado de Paz de París, firmado el 3 de septiembre de 1783, en el que Inglaterra reconoció la independencia de Estados Unidos. Entonces su territorio creció el doble del que tenía antes. A partir de ahí, sus límites se extenderían hasta los Grandes Lagos al norte, el río Mississippi al oeste y la Florida al sur.
Lo que vendría en el transcurrir de los años sería imprevisible, y mucho tiene que ver con las palabras de Alexander Hamilton cuando en el acto de promulgación de la Constitución norteamericana, en 1787, reclamó la creación de
"un gran sistema americano, superior al dominio de toda fuerza e influencia trasatlántica". Fue el inicio de una política expansionista, avasalladora y prepotente.
Años después y para que la Constitución aprobada en 1787 fuera ratificada por todos los Estados, se le hicieron las primeras 10 enmiendas, conocidas por el Bill of Rights, que entraron en vigor el 15 de diciembre de 1791. La quinta enmienda, que echó por tierra la expresión
"la búsqueda de la felicidad" contenida en la Declaración de Independencia
—la que nunca hubiera sido posible por las exclusiones sociales que encerraba—, daría paso a la propiedad privada. A partir de entonces, la enmienda introducida diría:
"El derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad".
El anuncio al mundo de qué clase de nación había surgido en Estados Unidos
—capitalismo primero, imperialismo después—, fue claro y preciso, cuando George Washington seleccionó para su investidura como primer Presidente de esa nación al edificio del New York's Federal Hall, en Wall Street. Era el 30 de abril de 1789. La burguesía comerciante industrial del norte y los hacendados esclavistas del sur asumieron el poder en aquel momento. Ni las masas populares ni sus dirigentes fueron tomadas en cuenta a pesar de haber sido las mayores fuerzas de la revolución.
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