Lección de dignidad en las entrañas del monstruo

Félix López 

Los detalles han conmovido al pueblo. Bastarían las cartas leídas ayer en la segunda Mesa Redonda Informativa En las entrañas del monstruo, para entender por qué andamos hoy más admirados de la digna y valiente actitud de los cinco compatriotas detenidos injustamente en cárceles de Miami. Ellos, con su inigualable actitud, continúan engrandeciendo nuestra denuncia.

Luego de una minuciosa cronología —que denunció en la primera jornada la historia de las agresiones terroristas de la mafia contrarrevolucionaria contra Cuba—, un panel integrado por los periodistas Bárbara Betancour, de Radio Habana Cuba; Renato Recio, de Trabajadores, y Eduardo Dimas, de la Televisión, comenzaron a desandar el laberinto de mentiras, intrigas y malas intenciones que rodearon el amañado proceso judicial.

En presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro, el moderador Randy Alonso dio lectura a fragmentos de una conmovedora carta enviada por Ramón Labañino, uno de los cubanos detenidos, a su esposa. En ella le cuenta que desde las primeras horas del apresamiento, el 12 de septiembre de 1998, el FBI intentó convencerlos de que colaboraran y traicionaran, con ciertas promesas a cambio.

Esa carta llegó a manos de la esposa de Labañino 17 meses después de la total incomunicación que sufrió en aquellas cárceles de Miami. Tiempo en que un diluvio de propaganda malintencionada y fraudulenta comenzó a fraguar la última infamia de la mafia cubanoamericana de la Florida. Su libelo, El Nuevo Herald, no demoró en ponerse a la cabeza.

ABC PARA FABRICAR DEMONIOS

Con un interesante recorrido por la zaga que deja esta historia en las páginas del mencionado diario, la colega Bárbara Betancour denunció la manera en que fueron manipulando las noticias, siempre con el marcado objetivo de demostrar a la opinión pública norteamericana el "peligro" que representaban para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Después del operativo del FBI sus titulares fueron girando hasta los 360 grados para conseguir lo que se habían propuesto: la supuesta red de espías (identificados entonces como René González, Alejandro Alonso, Antonio Guerrero, Luis Medina, Rubén Campa, Manuel Viramontes, Lino Hernández y su esposa Linda, y Josep Santos y su esposa Amarilys Silverio) planeaban sabotajes en la Florida y buscaban obtener informes sobre instalaciones militares y grupos de exiliados.

Al presentarlos como terroristas se aseguraban de la existencia de un cargo que desacreditaría a la Revolución ante el mundo. Estaban, recordó Bárbara, felices con los arrestos, y comenzaban a limpiar su imagen, de no muy buena reputación en aquellos días de finales del 98.

Como complemento de la campaña, según demostró Renato Recio, terminaron por publicar el enjundioso informe de 18 páginas, presentado por el investigador del FBI a cargo del caso, y donde se les acusa de haber conspirado para comunicar, transmitir o entregar a un gobierno extranjero (Cuba) documentos escritos e información relacionada con la defensa nacional de los Estados Unidos.

En una parte de ese informe, agregó Recio, se dice que ese grupo cumplía las tareas que les asignaba el Gobierno de Cuba, entre las que se incluyen el intento de penetración en instalaciones militares, participación engañosa en organizaciones anticastristas, intentos de manipularlas... Con ese informe era suficiente para que la mafia gritara que no hacía falta ni juicio.

UN DERECHO INNEGOCIABLE

El 13 de noviembre de 1998, explicó Eduardo Dimas, se sumó un nuevo y peligroso elemento alrededor del proceso. Los cinco cubanos que se declararon inocentes de los cargos imputados eran responsabilizados de la muerte de los pilotos de la organización terrorista Hermanos al Rescate. El vínculo con estos hechos abría el camino para una condena en la que la mafia espera descargar todo su odio y prepotencia.

Poco menos de un mes antes, el 20 de octubre del 98, según se pudo comprobar en fragmentos de una entrevista ante la cadena de televisión CNN retransmitida en la Mesa, el Comandante en Jefe Fidel Castro había defendido el derecho cubano a conocer información sobre los grupos terroristas de la mafia de Miami, que actúa impunemente con la complicidad de las autoridades norteamericanas.

MAS TRAS EL TELON DE LA MAFIA

Una importante pista para desentrañar la conspiración fue traída a la Mesa por Eduardo Dimas: Héctor Pesquera, "por pura coincidencia" se desempeñaba como director del FBI en Puerto Rico cuando los terroristas que intentaron asesinar a Fidel fueron dejados en libertad. Ese día participó, junto a los jueces y los criminales, en una misa y en la orgía de celebración.

Ahora, Héctor Pesquera, un hombre al servicio de la FNCA, aparece como director del FBI en Miami en el momento de la detención de la llamada red de espías. Al asumir en este último cargo, para congraciarse con las organizaciones contrarrevolucionarias, aseguró que, a pesar del torrente de informes sobre ataques terroristas de exiliados a Cuba, no aumentaría la prioridad de las investigaciones para tales acciones.

Con personajes como este, afirmó Randy, poco se podrá obtener. De ahí el derecho que tiene Cuba a defenderse de las actividades terroristas organizadas en Miami.

EL COMBATE PROSEGUIRA

En los momentos finales de la Mesa volvían a contraponerse la dignidad y el valor de nuestros compatriotas a la pestilencia y el deshonor que pululan dentro de la mafia y sus criminales organizaciones. Tras referirse a la repercusión que han tenido en el mundo las imágenes mostradas ayer sobre los últimos terroristas capturados en la Isla, Randy llamó la atención sobre la reacción que ha tenido entre quienes los armaron y enviaron.
Disparates de Nazario Sargen; mentiras de la esposa del terrorista..., pero nada como las declaraciones de Santiago Alvarez, ese criminal al que escuchamos ordenar (a su mercenario a sueldo) poner una bomba en Tropicana. Pero ahora Santiago, histérico, la emprende contra Fidel y la Revolución. Del resto no sabe nada.

En contraposición a esa imagen decadente y sucia, las cartas de Ramón Labañino y de Gerardo Hernández nos devolvían a la inmensidad de la denuncia que estamos haciendo ante el mundo. Demasiada alma y convicción en estos muchachos para ser considerados como unos criminales vulgares, de esos que se destinan habitualmente al hueco, como se le conoce a la Unidad de Albergamiento Disciplinario.

La verdad, sentenció Randy, seguirá abriéndose paso sobre la infamia. Gerardo, Fernando, Ramón, René y Antonio son inocentes. Por ellos y por la Patria seguimos en combate.

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