El GM sueco Ulf Andersson sin duda ha tenido muchas
razones para regresar a Cuba. Quizá la nostalgia por aquellos tiempos en que andaba
prendado de los ojos de una camagüeyana, o tal vez el reencuentro, luego de largos años,
con ajedrecistas amigos de tantas epopeyas frente a los tableros.
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| RICARDO LOPEZ |
Andersson toma parte en la versión de este año del
internacional Capablanca In Memoriam de ajedrez que se disputa en el hotel Panamericano,
de La Habana del Este, y que hoy cumplirá su décima jornada.
Su última presentación en predios del patio data de
1977 cuando, precisamente, jugó el certamen de ese año celebrado en Cienfuegos. Tiene en
su haber dos títulos y en tres ocasiones formó la nómina del clásico más antiguo del
continente.
Con el ELO más alto del campeonato (2 640), Andersson
clasifica como el trebejista de mayor nivel que visita a la Antilla mayor en los últimos
años, prestigiando con su presencia al ajedrez cubano.
Miembro de una generación de trebejistas que puso su
impronta a nivel mundial, el GM sueco es un hombre asequible y en un perfecto español
digo yo aprendido durante 14 años de matrimonio con aquella bella mujer del
Camagüey, conversó con Granma, momentos después de finalizada la ronda.
"De niño era un tormento y me gustaba sobre todo
el fútbol. Un día un amigo me llevó a un club de ajedrez y allí mismo cambió mi
vida". En 1969 la buena suerte tocó a su puerta cuando como juvenil ganó en
Estocolmo, el campeonato nacional de adultos, empatado con otros dos jugadores, "a
partir de este momento ya no pude quitarme el ajedrez de mis espaldas. Y un año después
comencé una carrera como profesional que ha sido mi propia vida durante más de 30
años".
"Soy el primer sorprendido de mi ELO, pues en los
últimos tiempos no me han sobrado torneos cerrados. Ahora es distinto. A esos certámenes
solo se invita a la elite mundial, tal vez los 12 ó 13 primeros lugares del ranking, lo
que hace más difícil mantener cierto nivel.
"El mundo del ajedrez ha cambiado mucho y con el
nuevo sistema de control de tiempo, impuesto por la Federación Internacional, la belleza
del juego ciencia puede sufrir un gran trauma. El ajedrez es pensar, no terminar en poco
tiempo", destacó.
"Soy un hombre nostálgico y después de 13 años
sin venir a Cuba no pude aguantar los deseos de caminar por las calles de La Habana, ver
su malecón, visitar a los amigos. Estoy feliz de estar otra vez aquí".