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Ante la Semana de las Culturas Africanas en La Habana

Lo que le debemos a Africa

ADRIAN DE SOUZA HERNANDEZ

Al referirse a los hijos de Africa, historiadores, etnólogos e investigadores de la talla de Fernando Ortiz, Pedro Deschamps Chapeaux, Miguel Barnet, Rogelio Martínez Furé y muchos otros, nos han ilustrado acerca del aporte de los negros a la formación de nuestra nacionalidad: su alegre vitalidad, su ingenioso sentido del humor; su perspicacia acerca del bien y el mal; su genial instinto musical, su aporte a la literatura y al folclore; su contribución a la economía y a las gestas independentistas; pero sería válido y justo agregar que otra de las herencias que han formado la idiosincrasia cubana es el carácter africano.

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AHMED VELAZQUEZ

El carácter tiene una proyección social, pues guía al individuo a fomentar el bien de la comunidad, y sentimientos como la solidaridad, la honestidad, la hospitalidad, el espíritu generoso y el sentido de justicia son códigos implícitos en la eticidad de la cultura africana.

Los negros esclavos venían con su propia historia, costumbres, mística, hábitos; yorubá, congos, carabalíes, mandingas y otros, cuyas lenguas y culturas eran diferentes. Fue la esclavitud la que mezcló a estos africanos para amalgamarlos y convertirlos en negros primero, inmersos y mezclados con el europeo después; es decir, ese inicial proceso de homogeneización pasó al crisol de razas que constituyó el proceso de cubanización; proceso violento, desgarrador y, sobre todo, obligado.

En aquellos navíos del horror y la infamia no solo vinieron negros esclavizados, vinieron concepciones filosóficas, creencias, música, danza, poesía, religión, ética, costumbres y ansias de libertad, que al llegar a nuestra Isla se fundieron y empezaron a conformar un valioso legado latente en nuestra cubanía. El negro cubano constituyó una síntesis de culturas africanas y le brindó a Cuba una mitología viva, propia y en constante desarrollo. Debemos tener presente que la existencia y el carácter de una civilización están en sus productos culturales y en la capacidad de influir en otros.

Los africanos y sus descendientes, con su mundo sacro mágico, insertaron su cofre de conocimientos en nuestra cultura; esos hombres despojados de sus bienes y desarraigados como pocos seres humanos lo han sido, trajeron algo muy valioso: su conciencia de ser y de creer. Ante el rompimiento de lo que hasta entonces había sido su infraestructura y sin posibilidades de crear una similar o insertarse en la de la colonia, las divinidades que adoraban fueron el vínculo que los mantuvo unidos, y gracias a ese vínculo, por sustitución obligada, se sintieron parte de una familia que se defendió y luchó hermanada sobre la base de las tradiciones de su cultura y de los elementos originarios salvados gracias a la memoria colectiva. Su particular concepto de la vida y sus raíces se transmitió de generación en generación. La oralidad africana transmite, enseña y transporta la sabiduría, la comprensión y el conocimiento de una cultura ancestral en forma de códigos, parábolas, metáforas y símiles de una forma bella, artísticamente lograda, mediante la palabra, muchas veces materializada en cantos.

Las etnias que llegaron a América no trajeron consigo libros sagrados pero concebían la palabra como un don: palabra que despierta y activa vibraciones, apoyada por la expresión corporal, es también una herencia africana.

Muchas veces hablamos de sincretismo para expresar la mezcla de diferentes liturgias y culturas, y en América, efectivamente mestiza, se funden creencias africanas, europeas, aborígenes y otras formas de la espiritualidad traídas por diferentes etnias africanas. De España llegaron muchos romances, leyendas y narraciones, pero los mitos más sustanciosos que nos acompañan hay que buscarlos en la mitología africana, que de forma raigal ha dado explicación a hechos de la vida real de cada cubano y su historia, insertándose en la cultura de nuestro pueblo y ayudando a formar la cubanidad.

La cultura no es un elemento que se pueda aislar de la cotidianidad, su lugar y su misión en el seno de este universo nuestro se remonta al origen de la palabra, donde hombre, divinidad; mito y realidad, conforman un todo existencial, como los eslabones de una cadena que se forja cada día.

El cubano, fiel heredero de la oralidad africana, constituye la rama del majestuoso árbol donde descansa la memoria viviente de una gran porción de su cultura, aquella porción que nos define con una sola palabra: cubanos.

Africa fue dadivosa en nuevas tierras, pero la humanidad tiene una deuda con ella que crece con el tiempo al ver morir por hambre y enfermedades a muchos de sus hijos. En nuestro caso, la Cuba internacionalista y solidaria se vuelve continuamente hacia el continente negro. Una muestra desde la perspectiva de la cultura será la que tendrá lugar en EXPOCUBA entre el 22 y el 25 de mayo próximo. Al conocer esa convocatoria, evoquemos lo que acertadamente afirmó Alejo Carpentier:"[...] la historia de nuestra América ha de ser estudiada como una gran unidad, como la de un conjunto de células inseparables una de otra, para acabar de entender realmente lo que somos, quiénes somos, y qué papel habremos de desempeñar en la realidad que nos circunda y da un sentido a nuestros destinos".

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