Un potro que cumple 66 años en Camagüey

Eduardo Labrada Rodríguez

potro1.jpg (14688 bytes)La primera casa comercial en Cuba conocida con el nombre de El Potro Criollo y ligada al giro de la talabartería, se fundó en el poblado de Sagua la Grande, al norte de la provincia de Las Villas, en 1925.

En 1930 los dueños de ese comercio importaron desde Alemania el maniquí de un caballo de gran alzada, construido hacia muchos años con cartón y cola en oportunidad de una exposición ganadera en la región de la Selva Negra.

No fue éste en realidad el primer maniquí de ese tipo que llegó a nuestro país, ya con anterioridad otro modelo muy parecido, tal vez familiar por parte del fabricante, se exhibió en El Potro Andaluz, talabartería dedicada también al giro de sillas y arneses radicada en La Habana.

En 1935 los dueños de EL Potro Criollo trasladaron su comercio para establecerse en la ciudad de Camagüey, fecha en que nos llegó la bella estampa que por 66 años ha hermoseado ese establecimiento.

Dada la tradición ganadera del territorio, Camagüey contó con talabarterías y talleres para reparaciones de arneses y monturas desde el siglo XVIII por lo menos, época en que se consolidó la técnica y surgieron numerosos modelos de sillas, dedicados muy en especial a las rudas faenas del campo, entre estas aparecen las famosas sillas andaluzas, mancleras, tejanas, mexicanas y la camagüeyana, bien para enlazar, de arrastre o de paseo. Una talabartería famosa de la época en Camagüey fue El Potro Cubano, que pervivió hasta bien adelantado la primera parte del 1900.

Se recuerda que en el poblado de Minas, al norte de esta ésta ciudad, existió otra talabartería cuyos dueños poseían un maniquí semejante al de El Potro Criollo, con la peculiaridad que lo habían hecho colocar en el balcón de la segunda planta del establecimiento y siempre sorprendía un poco a los transeúntes encontrar de pronto, a la vuelta de la esquina, a un caballo asomado al balcón de aquella vivienda. De esa pieza no se han ten ido más noticias.

El Potro Criollo en Camagüey se especializó en la construcción de monturas vaqueras, sillas que han ganado premios y distinciones en diferentes exposiciones nacionales e internacionales y muchas de las cuales ha exhibido el maniquí que, enfrentado al tiempo, no parece envejecer jamás, aunque en su larga vida de cartón ha sido blanco, negro, moato, colon, bayo, moro, y hasta alazán, sin que a él parezca importarle mucho.

La gallarda estampa del caballo alemán, ya con ciudadanía de sabana criolla, se ha mantenido en pie por más de medio siglo mostrando siempre los mejores arreos. La imagen de El potro, tal y como se le conoce por generaciones de camagueyanos, forma sin dudas parte de nuestro patrimonio lugareño.

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