El sexto capítulo de la Conferencia
Académica Girón: 40 años después, que ocupa por estos días la Mesa Redonda
Informativa, fue consagrado a relatar los momentos relevantes de la batalla hasta la
victoria de las armas cubanas.
Como en los anteriores capítulos con la presencia del
Comandante en Jefe Fidel Castro y de otros jefes militares, de las Milicias Nacionales
Revolucionarias, la PNR y las FAR, se abordaron aspectos importantes de tan trascendental
hecho histórico y en el que intervinieron también algunos de quienes estuvieron en las
fuerzas enemigas invasoras para brindar su visión desde el otro lado, tal como lo
sugiriera al inicio de esta transmisión el norteamericano Thomas Blanton.
Esa visión fue brindada por Alfredo Durán, quien
fuera presidente de la Asociación de Veteranos de la Brigada 2506, quien estimó que tras
el desembarco, la más acertada estrategia del mando cubano fue ordenar el hundimiento de
los buques.
Según su apreciación, con ello se vieron
imposibilitados de contar con la logística necesaria en cuanto a pertrechos en municiones
y combustible para el abastecimiento en tierra.
Ello implicó, por ejemplo, que los aviones atacantes
no pudieran reaprovisonarse de combustible al aterrizar en la pista de Girón y verse
limitado así su radio de acción y su capacidad de fuego, pues uno de los compartimentos
destinados a llevar su artillería estaba ocupado por un tanque de combustible adicional
para llevar a cabo la operación aérea hasta este punto.
Una vez más, ante el mapa de la región del conflicto,
comenzaron a sucederse las explicaciones de los hechos conducidos por el Comandante en
Jefe, quien invitó a otros jefes militares participantes en la operación y al propio
Durán para exponer las acciones defensivas y ofensivas en los intensos y cruciales días
de los combates.
La puntualización de acciones militares en diferentes
lugares de la ciénaga, la actividad de la artillería revolucionaria, los movimientos de
los paracaidistas lanzados para tratar de controlar esa importante posición, fueron
abordados de manera exhaustiva y anecdótica. Sobre el particular se recordó la orden del
Comandante en Jefe de mantener un cañoneo ininterrumpido sobre las posiciones enemigas.
Otro aspecto abordado fue el relativo al hundimiento
del Houston, a partir de la vivencia del invasor Mario Cabello quien se refirió no solo a
la acción efectiva de la aviación revolucionaria que provocó su naufragio, sino
también a graves errores cometidos por los mismos expedicionarios que retrasaron
considerablemente el desembarco de las tropas.
Entre esas deficiencias enumeró que los medios para
bajar las lanchas de desembarco no funcionaron en el momento oportuno y que los motores de
tales embarcaciones en muchos casos tampoco funcionaron a su debido tiempo.
Sobre las fuerzas que aún se encontraban a bordo del
Houston, Fidel indagó a qué hora se trasladaron tras encallar en un punto próximo a la
costa, pues trataron de vertebrar un foco de resistencia allí.
De esa situación recordó el líder de la Revolución
que un capitán había muerto cuando realizaba por esa zona una exploración. También
indicó que el día 21 desde el barco le habían disparado a un helicóptero que le
sobrevoló con igual misión de observación. De tal forma se comprobó que,
efectivamente, había efectivos tanto en la costa como en el barco.
Mientras, se desarrollaban los combates en las
direcciones principales tanto hacia el norte, rumbo al central Australia, como también
con las fuerzas provenientes de Cienfuegos.
La idea del combate desarrollada por el Comandante en
Jefe se centró en el empleo efectivo de la artillería y de los tanques mediante
maniobras de fuego tanto en las acciones ofensivas como defensivas, de manera
ininterrumpida y tanto de día como de noche, buscando la mayor maniobrabilidad en las
condiciones de un terreno complejo, máxime por ser una zona pantanosa por unos lados,
diente de perro en otro y con la escasa presencia de conocedores del teatro de
operaciones.
En este aspecto, se puso de relieve la iniciativa de
los jefes, como el caso del teniente Roger García, quien para lograr el avance más
rápido de sus medios de transporte, ordenó bajar el aire de las gomas de los camiones de
tal manera que funcionaran como esteras de un tanque en el movimiento que hizo por
accidentados terrenos hacia Playa Larga.
En su amplia exposición ante el mapa, Fidel recordó
cómo tuvo que trasladarse a La Habana al informársele de un desembarco en la dirección
oeste de la capital, específicamente en Cabañas, acción de desinformación del enemigo
que surtió efecto y que retardó la toma de Playa Girón, pues ya el día 18 estaban
dadas las condiciones para avanzar sobre este punto.
Rememoró también cómo cuando regresaba al escenario
de la batalla, recibió la información de que se estaba produciendo otro desembarco en la
zona de los combates, situación que le parecía ilógica a todas luces y llegó a la
conclusión de que realmente lo que se estaba verificando era el reembarque de los
invasores en retirada.
Bajo tal certidumbre, instruyó el fuego artillero
tanto hacia el mar y la costa para impedir esa maniobra del enemigo. Orden que se cumplió
de manera efectiva al punto de que en algunos momentos, y dada la falta de medios de
comunicación eficaces, estuvieron a punto de causarle bajas a nuestras tropas, como
ocurrió también en el movimiento de los tanques.
José Ramón Fernández, quien fuera el jefe de
operaciones en la batalla de Girón, recordó la situación que se creó entre las
enardecidas tropas cubanas cuando divisaron en la línea del horizonte y a tiro de
nuestros cañones, dos navíos de guerra norteamericanos, y de su decisión de no
dispararles por las consecuencias que ello conllevaba en esos momentos. Sin embargo, dijo
que dos proyectiles, uno que les pasó por encima y otro que les pico por delante,
probablemente impulsó a quien estaba al mando de esas naves a abandonar el lugar.
Fidel expuso cómo se alinearon los tanques y los
cañones autopropulsados en la línea de la costa, la gran cantidad de pertrechos de
guerra ocupados y las operaciones de captura de los invasores ya en desbandada.
Entre los jefes militares que intervinieron, entre
ellos, el general de división Samuel Rodiles, el general de brigada (r ) Harlod Ferrer,
el coronel (r ) Víctor Dreke, el propio José R. Fernández y Orlando Pupo, pusieron de
relieve lo acertado de las decisiones tomadas por el Comandante en Jefe en cada momento,
la estrategia empleada y su actuación personal al ponerse al frente de las acciones,
encabezadas las fuerzas de la ofensiva aún bajo el alto riesgo que comportaba para su
vida estar en los lugares de mayor peligro.