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Temas beisboleros

¿Hay records en la pelota cubana?

SIGFREDO BARROS

Sin lugar a duda, el correo electrónico es un gran invento... aunque a veces proporciona más de un dolor de cabeza, cuando los mensajes son muchos y el tiempo para contestar es poco. Sin embargo, uno de los que me llegó hace escasamente tres días me motivó a redactar este comentario, a sabiendas de que el emisor de la misiva no estará de acuerdo completamente conmigo, aunque aspiro a que, al menos, en parte, coincida con algunos criterios.

ma7-1.jpg (9680 bytes)Un récord casi mitológico, el de ponches propinados en poder de "Changa" Mederos, ya pasó a mejor vida.

Iván Puente Roca es un santiaguero de 26 años que, para más detalles, es ingeniero químico (profesión que respeto muchísimo) y labora en Gases, Departamento Técnico del MINBAS. Y, al parecer, a Iván le gustan los temas controvertidos, pues afirma categóricamente que no se puede hablar de records en el béisbol cubano debido a muchos factores: los cambios de estructura y de cantidad de juegos, las distintas pelotas que se han utilizado y el paso del aluminio a la madera.

No le falta razón en todo esto. Es rigurosamente cierto que a nuestro béisbol —el que se inició en 1962 con la primera Serie Nacional—, cambios son los que le han sobrado, desde los iniciales veintitantos juegos hasta las dos campañas de 99 partidos. Pelotas se han utilizado muchas, con menor o mayor viveza, todas de la marca Batos hasta el arribo de la Mizuno 150 por la necesidad de adaptarnos a la bola con la cual se juegan, y se jugarán, todos los eventos internacionales. Y en cuanto a la era del aluminio —implantado también por requerimientos foráneos—, duró 22 años... y en mi opinión desapareció para siempre, al menos mientras los profesionales acudan a las lides que antes estaban reservadas única y exclusivamente para jugadores amateurs.

Pero de eso a afirmar que en Cuba no hay records hay una gran diferencia. Creo que afortunadamente, la actual XL Serie ha visto derrumbarse dos marcas consideradas absolutas, alcanzadas ambas en una de las temporadas de 99 desafíos, las más largas de nuestra historia. Durante 31 años el récord de 208 ponches establecido por el zurdo capitalino Santiago "Changa" Mederos, resistió todos los embates de cuanto lanzador de calidad y recursos pasó por nuestras Series. Hasta que llegó un fenómeno del box, Maels Rodríguez, y lo destrozó en menor cantidad de innings que los que necesitó "Changa", con posibilidades reales de llegar hasta los 260 ó 265 estrucados. ¿No es eso un récord?

¿Y qué me dice de las carreras anotadas de Eduardo Paret, 86 a la hora de escribir estas líneas, antes del inicio de los juegos de ayer martes? Esa es otra marca de calidad y muy probablemente el valioso torpedero villaclareño llegue a las 90, es decir, una por cada juego efectuado, algo difícil de conseguir en cualquier liga del mundo.

Me habla Iván del récord de Kindelán, 30 jonrones en una Selectiva de 63 partidos, a un cuadrangular cada 2,1 juegos. Según su apreciación (no lo escribió así, pero así lo interpreto), serían necesarios casi 43 jonrones para hablar de una nueva marca en Series Nacionales. Magro favor le hacemos a la pelota cubana si le ponemos esas trabas numéricas. Y ya que me mencionó las Grandes Ligas, permítame ponerle un ejemplo. En 1961, cuando Roger Maris conectó 61 cuadrangulares y dejó atrás la primacía impuesta en 1927 por Babe Ruth, pruristas del béisbol gritaron a viva voz que no era justo, pues la marca de Ruth fue impuesta en 154 juegos y la de Maris en 162, cuando se produjo la primera de muchas ampliaciones que ha tenido ese béisbol (como usted ve, amigo Iván, ellos tampoco han estado exentos de cambios).

Pero más de 30 años después, cuando la competencia de jonrones entre el pelirrojo Mark Mac'Guire y el dominicano Sammy Sosa, nadie se acordó del récord de Ruth. ¿Por qué nosotros tenemos que recordar constantemente records de una etapa pasada a mejor vida?

Con todo el extraordinario mérito de la hazaña de Kindelán, que sin duda lo fue, la Selectiva desapareció y lo importante ahora, la tarea que todos tenemos por delante —y me refiero a integrantes de peñas, periodistas, TODOS los que amamos el béisbol—, es trabajar de común acuerdo para hacer de la Serie Nacional lo que debe de ser: nuestro mayor espectáculo deportivo. Con todas las provincias re-presentadas —a pesar de los evidentes desniveles, culpa, en buena medida, del deficiente trabajo en la base—, y hablar de los records, de los Maels y los Paret.

Desgraciadamente, amigo Iván, se me acabó el espacio. Espero haber sido lo suficientemente explícito. Y, si como todo parece indicar, Santiago llega a discutir otra vez el banderín, nos encontraremos en la Ciudad Heroica.