Julio Girona (Manzanillo, 1914) se adentra cada vez más en la literatura sin
apartarse de la pintura, de hecho viene celebrando la llegada de un nuevo siglo con
veinticuatro óleos, pero este miércoles a las 3:00 p.m. será el escritor el que
presente su más reciente título Café frente al mar.
Surge ese rótulo de la nostalgia. A su regreso de
Europa en 1939 acostumbraban a reunirse en una modesta peña Nicolás Guillén, Félix
Pita Rodríguez, Angel Augier, Lino Novás Calvo, Vicente Martínez (Esmeril) y otros
amigos a veces caía Navarro Luna que venía desde Manzanillo en el ya
desaparecido Café Lucero.
Girona recuerda que él solía buscar a Nicolás en su
casa de Centro Habana y hacían a pie, no solo para disfrute, sino por falta de dinero, el
camino de ida y regreso hasta esa peña informal, como deben de ser las peñas.
Sin embargo, no surgen allí los primeros cuentos, sino
en su Manzanillo natal, en las noches demasiado apacibles del parque y las comadritas
domésticas. Otros le asaltaron en México, en Estados Unidos, en los años de la Segunda
Guerra Mundial, donde combatió, o al regreso. Girona es un pintor que se toma muy en
serio su trabajo, en el que combina las enseñanzas de la academia con la libertad formal,
mas, como narrador casi siempre elude el drama y deja que el humor fluya. En estos 44
chispazos el joven anciano se despide de su pasado, como quería Marx, riéndose.
Sin embargo, el más extenso tiene poco que ver con la
ficción, se nombra: Páginas de mi diario. Antonia Eiriz y, sin que el humor se esfume,
logra el artista un retrato intenso en cuerpo y en espíritu de esa gran desconocida que
sigue siendo la estupenda Antonia.
La portada nos regala un dibujo de Girona que también
deja su huella gráfica en las páginas de sus narraciones. Y este día de presentación
podremos admirar una pequeña exposición de su trabajo con las líneas y los colores, en
su mayoría facturados en el último lustro del pasado siglo, aunque se exhibirá también
un dibujo de la Segunda Guerra Mundial, y uno de este año.