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Un año en la cultura cubana y otro por venir

Espacios conquistados y vacíos por llenar

Pedro de la Hoz

Parecieran visiones antagónicas y sin embargo no lo son. De una parte, la vida cultural cubana, se ha enriquecido de manera notable en los últimos meses, mediante la implementación de apasionantes proyectos y la discreta pero sensible reanimación de la programación artística. De otra, el peso de las limitaciones materiales y financieras se entrecruza con otro tipo de frenos que en el orden subjetivo impiden que el vuelo de la cultura sea mayor.

Espacios conquistados, vacíos por llenar. Tal fue la dinámica que caracterizó el debate en la reunión anual de balance del Ministerio de Cultura, efectuada ayer en el Instituto Superior de Arte, en la que se reconoció cómo el 2000 representó un periodo de arduo trabajo en el desarrollo, articulación y consolidación de estrategias esenciales para dar cumplimiento a las tareas priorizadas por la máxima dirección del país.

Entre estas últimas sobresalen la revitalización de las giras artísticas nacionales, la apertura de escuelas de instructores de arte, la preparación y distribución de colecciones de arte cubano y universal, la proliferación de la gestión editorial a lo largo del país y la asignación de recursos para el trabajo de las Casas de Cultura.

Los asistentes a la reunión dedicaron buena parte del tiempo a señalar carencias y reflexionar acerca de cómo superarlas. De tal modo ventilaron la necesidad de concebir programas estables en los principales centros urbanos que satisfagan las más diversas demandas espirituales.

Hicieron énfasis en el perfeccionamiento de la gestión institucional encaminada a sostener cada vez más un diálogo fecundo con los creadores y a promover con eficacia la promoción artística y literaria, y expresaron la disposición de asumir los retos que implican los programas relacionados con la masividad cultural, de manera que no se minimicen las propuestas y se logre una real complementación entre cultura, entretenimiento y recreación.

Con mayor especificidad se trataron las proyecciones del cine (todas las provincias ya cuentan con eventos promocionales), del libro (se aprecian logros en la jerarquización de las mejores creaciones y acciones de gran impacto como las ferias territoriales y la presentación nacional de títulos importantes) y del trabajo cultural comunitario, decisivo este último para garantizar la plenitud de la vida espiritual en toda la nación.

La muy útil sesión de trabajo contó con la presencia del ministro de Gobierno, Wilfredo López, y fue conducida por el titular de Cultura, Abel Prieto, quien precisó el carácter estratégico de la vinculación de las instituciones con los medios de difusión y la necesidad de continuar desburocratizando la toma de decisiones y el diseño de los programas. Hubo también intervenciones de Carlos Martí, presidente de la UNEAC, destinada a identificar las zonas donde debe confluir la organización de escritores y artistas con las entidades culturales, y de Olga Rosa Gómez, secretaria del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.

EL BATEY ES SOLO EL COMIENZO

El balance fue un marco propicio para ratificar el convenio entre los ministerios del Azúcar y Cultura, que han establecido una relación ejemplar en los últimos años. El ministro del Azúcar, Ulises Rosales del Toro, expresó que lo que se ha venido haciendo en los bateyes en términos culturales es solo el comienzo de un camino que debe conducir a las comunidades cañeras, núcleo donde se debe ganar la batalla por crear un entorno favorablemente culto que redunde en el sentido de pertenencia del trabajador de la agroindustria azucarera en relación con su ámbito.

Los vínculos entre ambos ministerios distan de ser formales, en tanto resumen una rica experiencia en la preservación del patrimonio azucarero y en el fomento de programas artísticos que enriquecen la vida de los hombres y las mujeres de este sector.

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