Parecieran visiones antagónicas y sin embargo no lo
son. De una parte, la vida cultural cubana, se ha enriquecido de manera notable en los
últimos meses, mediante la implementación de apasionantes proyectos y la discreta pero
sensible reanimación de la programación artística. De otra, el peso de las limitaciones
materiales y financieras se entrecruza con otro tipo de frenos que en el orden subjetivo
impiden que el vuelo de la cultura sea mayor.
Espacios conquistados, vacíos por llenar. Tal fue la
dinámica que caracterizó el debate en la reunión anual de balance del Ministerio de
Cultura, efectuada ayer en el Instituto Superior de Arte, en la que se reconoció cómo el
2000 representó un periodo de arduo trabajo en el desarrollo, articulación y
consolidación de estrategias esenciales para dar cumplimiento a las tareas priorizadas
por la máxima dirección del país.
Entre estas últimas sobresalen la revitalización de
las giras artísticas nacionales, la apertura de escuelas de instructores de arte, la
preparación y distribución de colecciones de arte cubano y universal, la proliferación
de la gestión editorial a lo largo del país y la asignación de recursos para el trabajo
de las Casas de Cultura.
Los asistentes a la reunión dedicaron buena parte del
tiempo a señalar carencias y reflexionar acerca de cómo superarlas. De tal modo
ventilaron la necesidad de concebir programas estables en los principales centros urbanos
que satisfagan las más diversas demandas espirituales.
Hicieron énfasis en el perfeccionamiento de la
gestión institucional encaminada a sostener cada vez más un diálogo fecundo con los
creadores y a promover con eficacia la promoción artística y literaria, y expresaron la
disposición de asumir los retos que implican los programas relacionados con la masividad
cultural, de manera que no se minimicen las propuestas y se logre una real
complementación entre cultura, entretenimiento y recreación.
Con mayor especificidad se trataron las proyecciones
del cine (todas las provincias ya cuentan con eventos promocionales), del libro (se
aprecian logros en la jerarquización de las mejores creaciones y acciones de gran impacto
como las ferias territoriales y la presentación nacional de títulos importantes) y del
trabajo cultural comunitario, decisivo este último para garantizar la plenitud de la vida
espiritual en toda la nación.
La muy útil sesión de trabajo contó con la presencia
del ministro de Gobierno, Wilfredo López, y fue conducida por el titular de Cultura, Abel
Prieto, quien precisó el carácter estratégico de la vinculación de las instituciones
con los medios de difusión y la necesidad de continuar desburocratizando la toma de
decisiones y el diseño de los programas. Hubo también intervenciones de Carlos Martí,
presidente de la UNEAC, destinada a identificar las zonas donde debe confluir la
organización de escritores y artistas con las entidades culturales, y de Olga Rosa
Gómez, secretaria del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.
El balance fue un marco propicio para ratificar el
convenio entre los ministerios del Azúcar y Cultura, que han establecido una relación
ejemplar en los últimos años. El ministro del Azúcar, Ulises Rosales del Toro, expresó
que lo que se ha venido haciendo en los bateyes en términos culturales es solo el
comienzo de un camino que debe conducir a las comunidades cañeras, núcleo donde se debe
ganar la batalla por crear un entorno favorablemente culto que redunde en el sentido de
pertenencia del trabajador de la agroindustria azucarera en relación con su ámbito.
Los vínculos entre ambos ministerios distan de ser
formales, en tanto resumen una rica experiencia en la preservación del patrimonio
azucarero y en el fomento de programas artísticos que enriquecen la vida de los hombres y
las mujeres de este sector.