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La bala en el aire

AMADO DEL PINO

teatro.gif (1181 bytes)La presencia de nuestra historia ha sido escasa en la escena cubana de los últimos lustros. En los ochenta varios autores —como Abilio Estévez y Gerardo Fulleda— buscaron en el pasado, sobre todo a partir de la sensibilidad poética del siglo XIX y sus vínculos con el acontecer posterior. Esa abundante tendencia tiene un momento culminante en La dolorosa historia del amor secreto de Don Jacinto Milanés, de Abelardo Estorino.

Ahora el actor y director Carlos Padrón ha llevado a las tablas El huracán y la palma, un riguroso y poético acercamiento al mundo de ideas y afectos del Mayor General Antonio Maceo. Resulta coherente este texto en la trayectoria de Padrón que ha compartido su larga y exitosa carrera de teatrista con la investigación histórica. La obra se destaca por la calidad literaria con giros tan hermosos como aquel que evoca la posibilidad de "cambiar el curso de la bala en el aire". Hubiese sido preferible que se moviera un poco más en lo sensual y sintetizara el resuelto teatralmente, pero todavía amplio arsenal de ideas y conceptos políticos.

Al asumir la puesta en escena, Carlos apela a un escenario parco en elementos y donde sobresale la pulcritud y el buen gusto del diseño escénico de Nieves Laferté. En cuanto al movimiento de los actores abunda la fluidez. Lástima que se quede un poco vacía la zona izquierda del dilatado escenario de la sala Covarrubias. La utilización del video en un momento decisivo de El Huracán... contribuye a ratificar la vocación de riqueza espectacular. Menos elaborado resulta esta vez el entorno sonoro a cargo de Juan Piñera. En una puesta que evoca en el título una canción clásica de Sindo Garay pudo estar más el mundo de lo trovadoresco y no limitarse a ilustrar con eficacia las situaciones.

Más que de desnivel en las actuaciones puede hablarse aquí de la convivencia de varios estilos interpretativos. Manuel Oña asume el reto de poner en su piel al Titán de Bronce. Acertó en escoger el camino de la sobriedad (apoyándose en el poderío de su voz) y en rehuir las imágenes petrificadas. Por momentos exagera su contención y nos deja esperando algo más de pasión o emotividad.

La Señora —un personaje que debe marcar el tono de la obra, el punto de equilibrio entre el sueño y la realidad, entre lo trascendente y lo inmediato— fue defendido por Yailenis Sierra. La joven actriz aporta mucho en cuanto a ligereza sobre el escenario, pero no logra transmitir el sentido extracotidiano, que justificaría la atmósfera, casi mágica, que precisa este montaje. Jorge Ferdecaz demuestra amplio dominio de los recursos escénicos y formidable entrenamiento al llenar de matices su bastante abstracto Inquisidor. Una imagen esquemática y escolar de la venerada Mariana ofrece Indira Valdés. En María se acerca a una caracterización más creíble de la compañera del héroe.

El huracán y la palma estará en el Fausto en abril. Para esa temporada vale recordar que no se trata de una clase de Historia representada, sino de la reelaboración artística de asuntos esenciales de nuestra nacionalidad.

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