Aniversario 40 del combate de La Federal

¡Alto!... ¿quién va?:
El 26 de Julio

LUIS ROSADO EIRO
Instituto de Historia de Cuba

EL DOMINGO 7 de septiembre de 1958, entre las 10:00 y 10:30 de la noche, la Columna Invasora No. 8 Ciro Redondo, cruzó el río Jobabo, límite de las antiguas provincias de Oriente y Camagüey, pese a las grandes dificultades con los medios de transporte, las inclemencias del tiempo y el estado de salud y de calzado de numerosos combatientes. Al respecto, el Che señalaría años más tarde, "...cruzando el río Jobabo, que limita las provincias de Oriente y Camagüey, las fuerzas estaban bastante debilitadas... también se hacía sentir la falta de calzado de nuestra tropa, muchos de cuyos hombres iban descalzos y a pie por fangales del sur de Camagüey..."

Fue más fuerte la voluntad y decisión de cumplir con la misión asignada que los obstáculos presentados o que podían surgir en lo adelante. Se cumplía así, una etapa de su recorrido rumbo a las lomas villareñas.

LAS FUERZAS ENEMIGAS EN LA PROVINCIA DE CAMAGÜEY

Hacia mediados de 1958, el jefe del Regimiento 2 "Agramonte", informaba a la superioridad que en el territorio bajo su mando no operaban grupos organizados de "forajidos", aunque si existían algunos escopeteros que realizaban movimientos hacia los llanos orientales.

No obstante, desde el 14 de julio de ese año, el teniente coronel Antonio Suárez Suquet, jefe militar del territorio, ordenó que los efectivos pertenecientes a los escuadrones, capitanías, tenencias y puestos de la Guardia Rural, debían ubicar emboscadas y recorrer con patrulla los caminos y carreteras, fundamentalmente en los límites de esta provincia con Oriente.

Tenían que tener localizados e identificados a los confidentes del ejército y los posibles sospechosos de ser colaboradores de las fuerzas rebeldes, así como realizar los registros pertinentes.

Estas y otras medidas fueron ratificadas días más tarde cuando el Estado Mayor del Ejército ordenó la creación de una zona de operaciones en la provincia agramontina. Sin embargo, es evidente que, después que el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde anunció la salida de columnas para el resto del territorio nacional, el mando militar batistiano reforzó sus unidades, estableció emboscadas en los nudos de caminos y carreteras importantes, incrementó sus patrullas y desató una feroz represión contra los posibles cooperantes de las fuerzas guerrilleras.

Por esas razones no constituyó una casualidad que el 9 de septiembre un destacamento enemigo se encontrara emboscado en el batey de La Federal, con la misión de impedir el paso de fuerzas rebeldes.

SE REORGANIZA LA MARCHA

Inmediatamente después de arribar a tierras camagüeyanas, el comandante Ernesto Guevara dio instrucciones a sus subordinados para la búsqueda y ocupación de medios de transporte motorizados, pues dado el estado físico de los combatientes, las condiciones del terreno, la necesidad de adelantar la marcha y de sustituir los caballos que se traían desde Oriente, era indispensable contar con otro medio de transporte.

Manuel Hernández Osorios, jefe de la punta de la Vanguardia, ocupó en el batey de la arrocera Bartés un tractor con dos carretas. Desde este lugar, el Che envió su segundo informe a Fidel y realizó innumerables conversaciones con vecinos del lugar con vistas a disponer de informaciones para su recorrido. También en este sitio esperaba hacer contacto con su entrañable compañero Camilo Cienfuegos.

En aquella oportunidad el Che logró disponer de un jeep Willy's, un pisicorre, un camión tipo plancha y un tractor; por otra parte, logró reunir unos 60 caballos. Al no poder contar con un mayor número de vehículos el Che decidió dividir la columna y designó al comandante Ramiro Valdés al frente de la tropa motorizada. El Che se trasladó con el resto del personal a caballo.

En horas de la noche del 8 de septiembre las fuerzas rebeldes partieron. Tanto durante la preparación de la marcha como en el recorrido, ocurrieron algunos hechos de importancia.

El primero, fue la sanción de un compañero por una semana en el pelotón de los descamisados por fumar en la posta; las críticas y amonestaciones hechas a distintos combatientes por ocupar bestias, o el transporte motorizado, sin estar autorizados; la rotura y abandono del jeep; y por último, el extravío del Che. Sucedió que como resultado de la intensa actividad y las agotadoras jornadas, el Che y Leonardo Tamayo "Tamayito", se quedaron dormidos, al despertar el Che le pregunta a Tamayo si en algún momento él se había quedado dormido, a lo que responde el fiel ayudante que no, temeroso de ser amonestado. Inmediatamente el Che a todo galope trató de alcanzar la columna. Mientras la sección motorizada, por un error del guía, tuvo que retroceder, y da oportunidad a que el comandante Ramiro se encuentre con el Che y le informe sobre las equivocaciones del guía.

EL COMBATE

Alrededor de las cinco de la madrugada del 9 de septiembre, la Punta de Vanguardia motorizada se detiene a unos 50 metros del batey "La Federal". Ciento cincuenta metros más adelante se encontraban efectivos del ejército preparándose para retirarse después de su guardia nocturna, pero no fueron vistos por la exploración guerrillera.

El enemigo, desde su vehículo, observó las luces del otro, por lo que apagan y encienden en tres oportunidades y en igual cantidad de veces se responde por el jeep que ocupaba la Punta de Vanguardia. La avanzada rebelde abandona el jeep y por ambos lados del camino avanzan hacia el objetivo para determinar de qué se trata.

Ya próximos unos de otros, el cabo Manuel Medina Medina, grita: "alto... ¿quién va?; y el invasor Alberto Martínez Rosales creyendo que eran sus compañeros de la columna 2, responde: es "¡El 26 de Julio"!, a lo que riposta el cabo: "aquí la Guardia Rural" y de inmediato comienza a disparar generalizándose el combate.

La primera baja rebelde fue Marcos Borreros Fonseca, quien trató de refugiarse detrás de un tanque de 55 galones, y Herman Mark resultó herido. Momentos más tarde el enemigo penetró en el interior de un chalet de dos plantas y comenzó a disparar. En esos momentos la correlación de fuerzas favorecía a los soldados, pero una vez que llegó el resto de la columna y el Che conoció la situación, tomó las medidas pertinentes.

Ordenó al capitán Silva establecer una emboscada en el camino hacia el central Elia; a Zayas, otra por el camino recién recorrido; el resto del personal mantenerse en el lugar y marchó hacia las cercanías del chalet para tomar el mando de las acciones.

El Che, al conocer la cantidad de efectivos del enemigo, se dispuso a capturarlos vivos. En esas circunstancias Enrique Acevedo, quien había tratado de llegar al chalet, le propuso a Roberto Rodríguez, el "Vaquerito", tomar la posición por asalto. El jefe de pelotón capitán Angel Frías se entera del proyecto y se lo propone al Che, quien dio su aprobación.

Protegido por los disparos del resto de los combatientes los tres rebeldes penetraron en el chalet, donde el enemigo ocupaba dos de las habitaciones de la segunda planta: una al final del pasillo y otra cerca de la escalera.

Acevedo, al no poder penetrar por el frente, lo hizo por la parte posterior y facilitó la entrada a sus dos compañeros. Se registró la planta baja y seguidamente suben por la escalera, intercambiando disparos. El cabo resulta muerto; Angel Frías se vio obligado a saltar hacia la planta baja y se fracturó una pierna. Enrique Acevedo fue herido en ambos brazos cuando trató de sustituir el cargador de su fusil. Quedaba solo el "Vaquerito", quien con el fusil de Enriquito, pues el suyo fue inutilizado, y el apoyo de sus compañeros que ya estaban en la planta baja, se enfrenta a los cinco soldados enemigos, uno de los cuales muere y el resto, sobre las 08:00, se rinde.

Al enemigo se le causaron cuatro muertos y tres prisioneros. Un soldado logró escapar y avisó a la superioridad. Las fuerzas rebeldes tuvieron un muerto, un herido y un lesionado.

Las medidas tomadas y la valentía demostrada por los combatientes posibilitó que la emboscada enemiga fuera destruida y pese al desconocimiento del terreno se crearan condiciones para rechazar el segundo refuerzo del enemigo.

Esta acción si bien puso al descubierto la existencia de fuerzas rebeldes procedentes de Oriente, demostró la firme voluntad de los combatientes revolucionarios de enfrentar y rechazar cualquier fuerza enemiga.

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