 La estancia en Sudáfrica
del "visitante atrevido"

ELSON CONCEPCION PEREZ
Enviado especial de Granma
EN EL VIAJE de Salvador de Bahía, Brasil, hasta Namibia, en plena
Africa, se había pasado unas cuantas horas preparando su discurso para pronunciar en el
Parlamento de Ciudad del Cabo días después, cuando realizara una visita oficial a
Sudáfrica.

Fidel y Mandela hacen su entrada en el Parlamento en Ciudad del Cabo.
Esa noche, me contó Felipe Pérez Roque, a la luz de la bombilla
instalada sobre su asiento en el avión de Cubana, Fidel Castro preparó lo que en el
mismo texto calificara "como una carta de amor que se dirige desde miles de millas de
distancia a una novia que no se sabe cómo piensa, qué desea escuchar y ni siquiera qué
rostro tiene".

En el patio de la antigua cárcel de Robber Island, el Comandante en Jefe conversa
con trabajadores y otros asistentes.
Se trataba de un discurso que luego de escuchado y
"vivido" en aquel recinto, muchos calificarían como histórico y jamás
pronunciado dentro del Parlamento ahora dominado por las fuerzas del Congreso Nacional
Africano, ANC, junto a otras que siempre se opusieron al oprobioso apartheid.

En su visita a la Casa Presidencial, ambos mandatarios saludan a vecinos
sudafricanos que acudieron a dar la bienvenida a Fidel.
Fidel, que dos días antes había hablado en la Cumbre de Jefes de
Estado del Movimiento de Países No Alineados, celebrada en Durban, iniciaba ahora un
periplo que, a juicio de este periodista, tuvo momentos no fáciles de relatar, porque la
pluma con que se escribe es víctima también de los efectos de un corazón agitado por
tanta carga de emoción y de orgullo por ser cubanos y tener un jefe como el que
conversaba en el Parlamento, el que acudía al encuentro de cientos de manos que querían
saludarlo en Soweto, o el Fidel Castro que penetró a la celda donde Nelson Mandela había
estado preso durante 19 años en Robber Island.

En esta celda estuvo preso Nelson Mandela durante 19 años. Ahora es visitada por
el Presidente cubano.
De regreso de la ex cárcel, en la propia proa del barco donde
permaneció todo el tiempo durante el viaje, nos decía aún emocionado que sería una
cosa terrible estar tantos años en aquel pequeño local, sin la más mínima condición
sanitaria, sin cama, y resistr como lo hizo Mandela, sin claudicar, sin sentirse vencido.
En ésta como en otras muchas oportunidades durante su visita a
Sudáfrica, Fidel se refirió a Mandela con una expresión en su rostro que refleja la
admiración, el cariño, el respeto, y el deseo de que triunfe en su gran tarea de
"construir una nueva Sudáfrica".
Soweto, el barrio negro de las afueras de Johannesburgo, nacido y
crecido en época del apartheid, y que hoy cuenta con unos 3 millones de habitantes, fue
otro de los lugares donde la presencia de Fidel, parecía, más que todo, la de un
conocido de muchos años a quien se le recibía con canciones de amistad o llamándolo por
su nombre o por su primer apellido, o simplemente con la consigna recogida en gráficas y
palabras "de Cuito Cuanavale a la liberación de Sudáfrica".
Allí, en el mismo lugar donde el apartheid arrancara la vida al
niño Hector Peterson, el Comandante en Jefe, en su primer discurso "de verde
olivo" en tierra sudafricana, se refirió a que los hombres y mujeres heroicos del
legendario pueblo de Soweto, murieron por la libertad de todos los habitantes de
Sudáfrica, por la independencia y libertad de todos los pueblos de Africa y de todos los
hombres y mujeres del mundo.
No pudieron los organizadores del acto evitar lo inevitable: Fidel
terminó su discurso o más bien su conversación con los habitantes de Soweto, y
emprendió sus pasos hacia el público que le aplaudía y le cantaba, y que ahora parecía
delirar de alegría cuando le daba la mano al Comandante.
Y aunque a la visita aún le quedaban algunas actividades del
programa por cumplir, como fue la reunión -también histórica- con los médicos cubanos
producida esa misma noche en Pretoria, ya en el propio Soweto se confirmaba lo que un día
antes en el Parlamento de Ciudad del Cabo era una realidad: El visitante atrevido Fidel
Castro dejaba en suelo sudafricano, huellas imborrables de amistad, admiración y
solidaridad humana con la nueva Sudáfrica, su pueblo, y su presidente Nelson Mandela.
(continuación) |