 La alquimia innovadora de la vida

IRAIDA CALZADILLA RODRIGUEZ
A FELIX IGLESIAS Haro la premura por "hacerse hombre" le
vino en la adolescencia y partiendo los 17 años le nació el primer hijo. Quizás si no
se hubiera apurado tanto hoy tendría un título de ingeniero colgado en alguna pared de
la casa pero, a estas alturas, con filosofía optimista piensa que lo importante está en
ser bueno en lo suyo y se entrega al descanso de los satisfechos cuando, después del
baño, estrena un pijama limpio, se acuesta en el sofá y escucha la antigua Orquesta
Sinfónica Juvenil de Moscú o La Comparsa, de Lecuona, que es como oír la octava
maravilla.
Sin el usillo especial para
máquinas de llenado de
medicamentos de suspensión,
destinados a los niños,
el laboratorio que los procesa
deja de hacer unos 8 300
frascos mensuales.
Dice que merece ese pequeño privilegio luego de una semana sin hora
fija para irse del Taller de Fundiciones Especiales Jesús Suárez Gayol, de la Empresa de
Servicios Técnicos de la Industria Ligera. Allí no solo es el jefe, ese es un pequeño
estadio para un hombre a quien todo le interesa y lo mismo innova una pieza con
dificultades, que convoca jornadas extra, asiste a reuniones del Partido y del sindicato,
o se preocupa por el hijo de un compañero, por la madre enferma de otro, o por el techo
con problemas de la casa de uno de sus obreros: "Si tú no estás en los sentimientos
de la gente, estás frito".
Lleva 14 años en ese taller radicado en Ciudad de La Habana, y las
mismas veces ha sido Vanguardia Nacional del SNTIL este tornero, fresador, mecánico de
mantenimiento y fundidor. Pero también, albañil, azulejador, echador de pisos y
cocinero. Es un eterno hacedor de cosas para enderezar entuertos, un empecinado optimista
para lograr lo que se propone, lo que haga falta en este país que a pulmón sobrelleva
etapas de fuego.
A él llegué por uno de sus más recientes aportes: el usillo
especial para máquinas de llenado de medicamentos de suspensión, destinados a los
niños. Alguien dijo en el laboratorio donde se producen que su centro existía y pidieron
ayuda, luego de un mes paralizados, dado el deterioro de la pieza. Eso fue un viernes y al
miércoles siguiente ya estaba el problema resuelto.
"Ni sé cómo pude hacerlo, porque el proceso normal es con
plantilla y el compañero que las hace se encontraba de vacaciones. Me decidí por la vía
de baños de cera al usillo original. Le di el primero, pero por esas cosas de uno, cuando
lo vi se me ocurrió darle otro y después uno más. Eso fue pura casualidad, no se
imagine complejidades de Pitágoras, pero sí mucha voluntad."
La solución para el laboratorio implica la producción de 8 300
frascos mensuales: "Es algo tan humano que usted no sabe lo feliz que soy cuando voy
al centro y la gente reconoce mi esfuerzo".
Otros trabajos son los piñones cónicos elicoidales para equipos
litográficos que se hacen con talladores muy específicos y en el país no hay para
fabricarlos en el tamaño que se requería. Son, además, piezas descontinuadas en el
mercado internacional. Halló la solución mediante moldes de goma de forma que acoplaran
dos. Así no paró una máquina valorada en unos 40 000 dólares.
En 10 años de ahorros de materias primas de virutas de acero,
bronce y hierro, calcula Félix que en el taller se ha economizado casi un millón de USD:
"Llevamos un decenio fundiendo y haciendo piezas de repuesto sin comprar nada nuevo,
solo con los suministros de los talleres de maquinado de la Ligera".
Entre tanto bueno que puede contarse, están los cuatro megawatts
mensuales que se economizan en el centro tras la introducción de bandejas de cerámica en
los hornos eléctricos dedicados a la quema de arena sílice y piezas. Además de
disminuir el consumo energético, los nuevos recipientes permiten duplicar la producción
y evitan la descarburización del metal contaminante.
Pudiera decir más sobre las innovaciones de Félix y del taller de
31 trabajadores, de los cuales cuatro son vanguardias nacionales, seis provinciales y once
aniristas. Pero me seduce mostrar al final de la entrevista otra pequeña parte del ser
humano que es este "cincuentón largo" que dice estar cronometrado para vivir
hasta los 120 años y que si a Sara, su esposa, se le ocurre irse antes, la saca de la
caja y la revive para que lo acompañe todo el tiempo.
"Ni un ñe-ñe-ñé, ni un ñe-ñe-ñá, la gente pasa el curso
de la vejez antes de hora y a mí no me da la gana de matricular. No tengo ni colesterol
ni hueso que me duela, voy y vengo de Alamar al Cerro en bicicleta y, cuando me dieron
chance, llevé a Sara a Tropicana en la parrilla. Ella no quiere hacerse la cirugía
estética porque se ve muy bien y porque le tiene miedo, pero si yo puedo, ¡me la
hago!"
Padre de un jefe de almacén en el puerto, de una enfermera, de una
técnica en construcción civil y de un aprendiz de cocinero, confiesa que nada en el
mundo supera su amor por el trabajo, los amigos, sus muchachos, su esposa, el colchón de
medio lado de la casa, el aparador donde coge la sal sin encender la luz y el refrigerador
donde sabe lo que tiene.
"Fui a Alemania y Moscú y siempre preguntaba: ¿Esa guagua va
para Cuba? Y es que es la única ruta por donde siempre quiero transitar." |