Jornada Nacional del Innovador

¿Qué le falta a la ANIR?

ALEXIS SCHLACHTER

CUANDO EN la reunión periodística de cada viernes propuse el tema, alguien en mi colectivo supuso una crítica en el aniversario de la ANIR. Y coincidí que lo parece. Pero no lo es.

En esta Jornada Nacional del Innovador, la ANIR puede sentirse legítimamente orgullosa -y mucho- por el sostenido avance dentro del movimiento obrero de creación científica y tecnológica. Desde el ángulo numérico ha crecido y del pasado año al presente incrementó la membresía en más de 50 000 efectivos; ahora totaliza 391 687 asociados y de ellos 118 074 son mujeres. Ese es otro salto cuantitativo para destacar: hay alrededor de 20 000 féminas más por encima de la cifra del año precedente. Con algo llamativo en tal sentido, pues en puestos claves hay desde una Vicepresidenta nacional de la organización hasta otra compañera que encabeza el mayor núcleo anirista del país, el de Ciudad de La Habana. Y, por supuesto, sin olvidar en este marcador de logros los cerca de 100 millones de pesos de efecto económico alcanzados por miles de innovaciones, racionalizaciones y generalizaciones. Pero...¡ojo con la complacencia! Si toda obra humana es perfectible, entonces...¿qué le falta a la ANIR? Pues cultura informativa y económica, esta última referida a las nuevas realidades de asociación con el extranjero.

Voy por partes. Lo primero está muy vinculado con el ahorro de tiempo y recursos. Por ejemplo -y esto ocurre con cierta frecuencia- en la provincia X alguien desarrolla cierta innovación que resuelve un complejo problema técnico. Incluso, al cabo de cierto tiempo, aparece inscrita en la base de datos del Fórum de Ciencia y Técnica que está a disposición de cualquier persona interesada, sea anirista, miembro de las BTJ, especialista de un centro de investigación o simplemente estudiante. Todo parece bien hasta aquí. Sin embargo, ese mismo problema, ya solucionado en un punto del territorio nacional, continúa dando dolores de cabeza en la parte opuesta del país. ¿Cómo puede ser esto posible? Pues, precisamente, por falta de una cultura informativa. Muchos innovadores y racionalizadores -frente a cualquier situación de emergencia- no se plantean, primero, dedicar un tiempo siquiera mínimo para indagar si alguien resolvió similar problema. ¡Hombre!... y hasta puede que lleguen brillantemente a la misma solución...pero con pérdida de tiempo y recursos que bien podrían haberse ahorrado con una simple consulta a tiempo. Incluso se dan casos de aniristas con chispa extrafuerte que desarrollan iniciativas absolutamente "novedosas" como para pensar seriamente en solicitar una patente de invención en la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial (OCPI) del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Sólo que cuando acuden a la OCPI descubren con pesar que alguien, dentro o fuera de Cuba, llegó a la misma idea creativa...pero mucho tiempo antes, incluso años.

He aquí algunos datos para la reflexión. En la capital hay más de 80 000 aniristas pero durante el primer semestre del año sólo 1 003 personas acudieron al análisis de patentes de invención en la sede de la OCPI en La Habana Vieja mientras a la base de datos del Fórum de Ciencia y Técnica, que radica en el céntrico Capitolio, apenas llegaron 38 consultantes. Esto muestra indicadores bien bajos aun suponiendo que no existiera repetición de personas y que todos pertenecieran a la ANIR capitalina.

¿Y qué hay con las innovaciones y racionalizaciones generadas en empresas mixtas con capital extranjero?

Sé que este elemento resulta relativamente nuevo en el quehacer de la aguerrida asociación pero, por eso mismo, vale la pena volver a pensar colectivamente y de manera pública en el asunto. Y digo con toda intención volver porque con luz larga, desde hace más de tres años, la CTC ha insistido previsoramente en la necesidad de que la ANIR vigile atentamente -y evite- la posible fuga de iniciativas por falta de control y ajustes en los convenios de asociación. Digamos que puede existir en una empresa mixta un fuerte movimiento anirista con interesantes y útiles iniciativas, capaces de despertar respeto y admiración por la parte extranjera. Y esto será algo para enorgullecernos... mas en el terreno práctico debemos estar vigilantes de la parte del convenio de asociación que regula la utilización en el exterior de tales creaciones tecnológicas, incluso de aquellas susceptibles de una patente. Tiene razón la CTC en su advertencia. La carencia de una estrategia clara en la dirección comentada podría dar pie al uso indebido de las iniciativas criollas. Por el contrario, tener en cuenta el usufructo común de tales innovaciones generadas durante el contrato de asociación pudiera significar ingresos adicionales para el país... y conservar las amistades.

Como lo expresé ante mi colectivo el pasado viernes, este trabajo periodístico en el aniversario de la organización pretende sólo pensar en lo que le falta a la ANIR para incrementar sus éxitos de hoy y, sobre todo, los de mañana.

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