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Contra el bajo peso
desde antes de nacer

Pastor Batista Valdés

LAS TUNAS.-Con la mirada fija en el equipo, la doctora Doris comprueba minuciosamente de nuevo el peso de la embarazada, una muchacha en verdad muy joven y no con todo el desarrollo necesario para la reproducción.

A diferencia de otras, en mejores condiciones para enfrentar esa etapa, con esta joven habrá que extremar todo tipo de medidas, para ganarle tiempo al tiempo en los apenas tres meses que faltan para el alumbramiento.

No es casual ese "gardeo": durante los últimos años el bajo peso al nacer ha tenido una significativa incidencia sobre los hombros de la tasa de mortalidad infantil.

En 1997, por ejemplo, según explica el doctor Rafael Peña Peña, funcionario del departamento materno infantil de la Dirección Provincial de Salud aquí, el problema fundamental del bajo peso recayó en los casos de parto pretérmino, que de hecho crean una situación de mayor riesgo, pues el organismo del recién nacido no tiene toda la madurez natural para desarrollarse igual.

La otra vertiente, determinada por los niños que presentan un crecimiento intrauterino retardado (CIUR) también ha tenido notable presencia y en estos momentos se manifiesta por encima incluso de los partos que ocurren antes de término.

Para el Ministerio de Salud Pública en el territorio está claro que algo tan delicado como la mortalidad infantil y el programa de atención a la madre y al niño, no pueden dejarse a la espontaneidad. Y nunca lo han estado.

La presencia promedio en los hogares para embarazadas, de unas 212 mujeres con algún factor de riesgo, tiende precisamente a evitar o contrarrestar dificultades. Cada una de esas instalaciones tiene una sala o cubículo especial para aquellas con riesgo de bajo peso al nacer el bebé.

El reforzamiento de la alimentación (teniendo en cuenta que el componente nutricional es determinante), la estabilidad del médico de la familia en cada barrio y el fortalecimiento también del trabajo hospitalario, son algunos de los asuntos en los que el personal de salud ciñe clavijas.

De hecho la provincia ha disminuido, en comparación con el año anterior, de 7,3 a 6,6 el índice de bajo peso al nacer. Municipios como el de Amancio Rodríguez, incluso lo han llevado de 12 a 4,3.

Pero la blanca mano de la salud sola no puede hacerlo todo en este campo.

Si Consejos Populares como el de San José no han tenido en todos estos difíciles años ni una sola muerte infantil o materna y sus embarazadas están, como regla general, saludables, es porque la familia y la comunidad se preocupan y ocupan de todo, incluida la alimentación. Los propios vecinos con parcelas de autoabastecimiento cooperan allí con leche, viandas, hortalizas, para brindarles una dieta más variada.

Indiscutiblemente el 5,8 de tasa de mortalidad infantil que hoy muestra la provincia es algo que estimula. Las Tunas cerró 1997 con 10,1.

Pero... usted y yo lo sabemos. Tales resultados fueran mucho mejores si en todos los lugares cada esposo, familia, vecino, presidente del CDR, bloque de la FMC, delegado de base y centro laboral situado en el barrio asumieran el cuidado de la embarazada con el rigor, la pasión y la ternura que esos decisivos nueve meses de la vida requieren.

 
 
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