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Madres solas

Ni olvidadas ni desvalidas

¿Solteras o solas? Al margen del estado conyugal, importan quienes asumen sin ayuda paterna y con desventajas sociales, el cuidado de sus hijos

SARA MAS

ANA, PROFESORA, 32 años y sin relación estable, tuvo una hija que a veces ve al padre.Ileana enviudó y quedó al frente de la casa y dos niños. Lidia fue al parto sola, porque el padre de Pablito se marchó un día y no volvió nunca.

Ellas han llegado, por caminos distintos, al mundo de las madres solas. Una condición que crece en el planeta y no es ajena a la familia cubana, en medio de un panorama donde junto a núcleos extendidos, también se identifican los hogares monoparentales (con uno de los progenitores).

La mayoría de los nacidos en 1996 son hijos de solteras (62%), pero no todas estaban realmente solas: el 56% mantenía uniones libres o consensuales con el padre de su hijo.

 Una indagación del Centro Nacional de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) ya señalaba que las madres solteras no son en Cuba un grupo homogéneo, pues incluye a las que nunca se han casado, divorciadas, viudas y separadas; y, además, a las jurídicamente solteras, pero con una relación singular y estable de pareja, reconocida por la ley, junto a los hijos que de ella resultan.

"Lo fundamental no es el estado civil -la mayoría está acompañada-, sino su juventud y condiciones de vida", opina Mayda Alvarez, directora del Centro de Estudios de la Mujer.

Entre las madres solas, no predominan las de solvencia económica que deciden responsablemente su maternidad, sino las jóvenes, desocupadas, con familias en desventaja social y escaso apoyo paterno. Las más frecuentemente atendidas por la asistencia social.

El fenómeno no depende, dice Mayda, de un fatalismo condicionante. "Pero el antecedente de maternidad soltera en núcleos con desfavorables condiciones de vida, escasa escolaridad y pobre o ninguna participación social sí puede conducir a la reproducción de ese modelo".

De ahí el valor de atender particular y tempranamente dichos casos y evitar que el fenómeno se extienda. La acción educativa, promotora de la maternidad y paternidad responsables, la asistencia social, cualquier tipo de ayuda y protección del Estado son, entonces, garantías para ellas.

UN RETO: LA INTEGRACION SOCIAL

La política del Estado cubano no estimula ni justifica el fenómeno de las madres solas, pero tampoco ignora su existencia. Diferentes instituciones invierten energías y recursos para no abandonarlas a su suerte, aunque el interés supremo es desestimular el aumento de aquellas mujeres que en situaciones más vulnerables y de escasos recursos, enfrentan el cuidado y educación de sus hijos.

De hecho, las que deciden o se ven obligadas a tener un hijo, estando solas, son atendidas en los centros de salud con igual derecho que las casadas y reciben atención particular.

Al cierre de 1997 unas 21 579 madres solas y sus hijos eran protegidos por el Estado y fueron empleadas casi un 40% más que las ubicadas el año precedente.

Los beneficiarios, según su caso, reciben prestaciones monetarias, en especie y servicios, como los pagos de seminternado, alimentos o reparación de equipos.

Ampararlas materialmente es uno de los objetivos primeros de la asistencia social, sin estimular tampoco un cómodo medio de existencia para ellas. Fomentar a la larga sentimientos y actitudes filiales responsables, es el interés mayor. Por eso uno de los primeros pasos es ofrecer empleo a estas mujeres.

"Estimulamos que la familia se autosostenga, por lo que representa económicamente y por la influencia del trabajo en la creación de valores, conductas y transformación en la vida de los hijos", explica Santos Prieto, jefe del Departamento de Asistencia y Seguridad Social del Ministerio del Trabajo.

"Aunque sus perfiles laborales y baja preparación no siempre lo facilitan, priorizamos a las madres solas sin amparo económico o con ayuda insuficiente", comenta Caridad Hernández, de la Dirección del Trabajo en Marianao.

 En esa localidad, con nueve barrios y dos focos insalubres, buscan alternativas ante la escasez de círculos infantiles. En Los Pocitos-El Palmar ya empezaron a trabajar cuatro madres, luego de que otros familiares asumieron el cuidado de los niños.

Inés González, de 35 años, desanda todos los días los caminos de la finca El Husillo, donde lleva el almuerzo a cuatro ancianos solos, les cobra la chequera, ayuda en cuanto puede y espera pronto facilitarles también la lavandería.

"Perdí el brazo en un accidente, no pude trabajar más y tenía que mantener a mis tres hijos". Durante ocho años ella recibió ayuda monetaria, además de medicamentos y seminternado gratis para el hijo mayor.

 Remunerada hoy como auxiliar geriatra, posibilidad que asumió con personal esfuerzo, Inés sigue siendo el sostén de su familia. "Es una alternativa para emplear a la madre sola y atender a los ancianos más necesitados", comenta Caridad.

EN TERMINOS DE RESPONSABILIDAD

 Tener un hijo es una decisión personal, pero ¿hasta qué punto es siempre responsable?, se pregunta Celia Berges, especialista de la FMC. "No se trata de tener condiciones ideales, pero sí las mínimas para crear una familia".

El citado estudio del CIPS constata que en las menores de 20 años falta preparación psicológica para la relación de pareja, la maternidad y la familia. Y que entre las madres solas suele relegarse la responsabilidad económica -la mayoría no trabaja-, cuando contradictoriamente consideran deben tenerse condiciones para ser madres.

"El primer niño casi siempre aparece a edad temprana, entre los 15 y 25 años, y la mayor parte tiene dos hijos como promedio. A veces son asistidas y repiten el embarazo sin todavía trabajar", explica Caridad.

Ella comprobó que no siempre actúan responsablemente, hombres y mujeres, al crear familia. De 29 madres solas en Los Pocitos-El Palmar, con declarados conocimientos de anticonceptivos y sin requisitos para el cuidado de una familia, el 96,5% tuvo hijos deseados que necesitan el apoyo estatal.

A eso se añade que los menores -en mayoría reconocidos por padres de quienes se sabe muchas veces el paradero- en pocas oportunidades reciben pensiones alimentarias y sus madres no siempre conocen cómo hacer cumplir la ley para exigirlas.

"Los padres incumplen a veces por la misma irresponsabilidad en la pareja, trasladada a los hijos", comenta Celia, partidaria de seguir fomentando acciones combinadas de prevención y atención, con amplias posibilidades en las Casas de la Mujer, donde hoy ellas encuentran orientación jurídica o se les beneficia en la matrícula a cursos de superación, oficios y educación de padres.

Para Iliana Limonta, de la Dirección del Trabajo en Centro Habana, las madres solas precisan seguimiento. "No sólo por su situación difícil y cambiante, también porque supone la búsqueda de familiares obligados y exigencia de sus deberes".

Acciones en las que, junto a la protección del Estado, es necesaria la profunda labor social y preventiva en el escenario comunitario. Allí donde, todos los días, nuevos desafíos esperan a una madre sola frente al hogar y los hijos.

 
 
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